jueves, 16 de abril de 2026

 "Hay una diferencia bien conocida entre el ignorante y el tonto, y cualquiera lo sabe menos el tonto, por suerte para él. Creía que el estudio, ese famoso estudio, le daría inteligencia. Confundía saber con entender. La pobre entendía tan bien muchas cosas que ignorábamos a fuerza de saberlas". "Rayuela", Capítulo 142, Julio Cortázar. 

Hay algo muy fino —y un poco cruel— en ese fragmento de Rayuela

Julio Cortázar está haciendo una disección psicológica que parece sencilla, pero en realidad es bastante incómoda.

Primero, la distinción:
ignorante vs. tonto.
El ignorante no sabe. El tonto no sabe… pero cree que sabe. Y ahí está el veneno. Porque el ignorante puede aprender; el tonto ya se siente instalado en una falsa claridad.

Luego viene el golpe más interesante:

“Confundía saber con entender.”

Esto es brutalmente actual. 

Saber puede ser acumular datos, conceptos, lecturas. 

Entender implica integrar, cuestionar, relacionar, vivir lo aprendido

Cortázar está diciendo: el estudio por sí solo no garantiza inteligencia. Puedes leer mil libros y seguir sin comprender nada esencial.

Y después remata con una paradoja preciosa:

“Entendía tan bien muchas cosas que ignorábamos a fuerza de saberlas.”

Aquí da la vuelta completa:
A veces el exceso de conocimiento nos vuelve ciegos. Cuando creemos que ya sabemos algo, dejamos de mirarlo de verdad. Lo damos por hecho. Lo matamos.

Es como cuando:

  • sabes qué es el amor → pero ya no lo observas
  • sabes qué es un árbol → pero ya no lo ves
  • sabes qué es la vida → pero ya no te preguntas nada

El personaje, en cambio, al no estar saturado de “saberes”, podía percibir con frescura lo que otros habían enterrado bajo definiciones.


Si lo llevamos a algo más profundo (y más incómodo):

Cortázar está criticando una forma de inteligencia muy valorada socialmente: la del erudito, el que acumula conocimientos. Pero sugiere que eso puede ser una trampa. Una especie de “inteligencia muerta”.

Y aquí hay un eco muy claro con esa idea de que la verdadera lucidez no está en saber más, sino en ver mejor.


en una especie de traducción cruda, estilo calle:

El ignorante no sabe.
El tonto no sabe y además cree que sí.
Y el “estudioso” a veces sabe tanto… que ya no entiende nada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

Buscar este blog