Esta frase de Nicanor Parra es un dardo directo a la pretensión romántica de que el olvido es una traición o un acto de voluntad.
En su estilo característico de "antipoesía", Parra despoja al desamor de su dramatismo para devolverlo a la esfera de lo cotidiano y lo biológico.
1. El olvido como erosión, no como decisión
A menudo pensamos en el olvido como un interruptor o como un pecado. Parra, en cambio, lo describe como un proceso geológico. No hay un "querer" olvidar; hay una falta de resistencia ante el paso del tiempo. La frase sugiere que la memoria no es un monumento de piedra, sino un organismo que, si no se alimenta, se marchita por pura inercia.
2. La democratización del sentimiento
Al decir "como todas las cosas de la vida", el autor le quita la corona de importancia al sujeto ("ella"). La coloca al mismo nivel que una llave extraviada, un número de teléfono que se borra o un hábito que se deja de practicar. Es una cura de humildad para el ego: ni siquiera el dolor más profundo es inmune a la entropía.
3. La resignación sin culpa
El uso del "sin quererlo" es vital. Elimina la culpa del que olvida. No hubo un esfuerzo por borrar la huella, simplemente la vida "sucedió" encima del recuerdo. Es una reflexión sobre la fragilidad de nuestra persistencia; somos seres diseñados para seguir adelante, y para seguir adelante, el cerebro necesita soltar lastre.
Resumen de la idea
La reflexión de Parra nos invita a aceptar la finitud emocional. Nos recuerda que el tiempo no cura las heridas mediante una cirugía mágica, sino mediante el desgaste silencioso y horizontal de la cotidianidad.
Olvidar no es un acto de crueldad, sino la prueba más humana de que estamos vivos y sujetos a las leyes del desgaste natural.

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