sábado, 11 de abril de 2026

 Si las cosas no son lo que parecen, si los microbios están al acecho, inadvertidos sobre o debajo de nuestra piel, si lo invisible controla lo visible, ¿no sería entonces posible que la idea, el yo y el superyo también estuvieran escondidos en alguna parte sin ser vistos? 

¿Qué es el psicoanálisis sino un microscopio de la mente? ¿De dónde proceden las nociones de nuestra mente, sino de las metáforas generadas por nuestros instrumentos? ¿Qué significa decir que alguien tiene un coeficiente intelectual de 126? No hay números en los cerebros de las personas. 

La inteligencia no tiene cantidad o magnitud excepto en la medida que nosotros creemos que la tiene. ¿Y por qué creemos que la tiene? Porque disponemos de herramientas que sugieren que la mente es así. Por cierto que nuestros instrumentos de pensamiento nos sugieren cómo son nuestros cuerpos, como cuando alguien se refiere a su «reloj biológico», o cuando hablamos de nuestros «códigos genéticos», o cuando leemos el rostro de una persona como en un libro abierto, o bien cuando nuestras expresiones faciales expresan de forma telegráfica nuestras intenciones.

Cuando Galileo comentó que el lenguaje de la naturaleza está escrito en matemáticas, lo decía solamente como metáfora. La naturaleza de por sí no habla. Tampoco lo hacen nuestras mentes o nuestros cuerpos, o, de acuerdo con este libro, nuestros cuerpos políticos. Nuestras conversaciones acerca de la naturaleza y sobre nosotros mismos se realizan en cualquier «lenguaje» que consideremos posible y conveniente emplear. No vemos la naturaleza, o la inteligencia, o la motivación humana o ideológica como «es» sino como son nuestras lenguas; y éstas son nuestros medios de comunicación. Nuestros medios son nuestras metáforas, y éstas crean el contenido de nuestra cultura. 
Neil Postman 

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