miércoles, 11 de septiembre de 2024
Mi padre siempre decía:
martes, 10 de septiembre de 2024
Miguel de Unamuno nos golpea con su pensamiento.
“Yo no temo a la muerte. No le temo ni me entristece. Cuando estoy triste pienso: cómo puedo estar triste si me espera esa gran aventura que es la muerte. Si tengo suerte, seré aniquilado, borrado totalmente, y si no, si hay otra vida, la aceptaré como he aceptado ésta. Peor que ésta no será. Hasta puede ser mejor. No sabemos nada, pero podemos pensar que hay una aventura más allá de la muerte.”
lunes, 9 de septiembre de 2024
La defensa de la contención sexual por parte de los estoicos puede parecer mojigata a los lectores modernos, pero tenían razón. Vivimos en una época de permisividad sexual, y para muchas personas las consecuencias de esta situación han sido catastróficas en términos de paz interior. Pensemos, por ejemplo, en la joven que, por no poder resistirse a la tentación sexual, ahora se enfrenta a una dura situación como madre soltera, o al joven que, por la misma razón, ahora carga con la responsabilidad (o al menos con el pago de la manutención infantil) que le impide perseguir sus sueños. Es fácil encontrar personas que estarán de acuerdo en que su vida habría sido mejor de haber sido capaces de contenerse sexualmente; es difícil encontrar a personas que piensen que su vida habría sido mejor de haberse reservado menos.
Hemos de añadir que los estoicos no eran los únicos entre los antiguos en señalar el poder destructivo del sexo. Epicuro puede haber sido el rival filosófico de los estoicos, pero compartía su desconfianza hacia el sexo: «Las relaciones sexuales nunca han hecho bueno a un hombre, y tiene suerte si no lo han perjudicado». [17]
Dicho esto, debo añadir que, a pesar de sus prevenciones respecto al sexo, los estoicos eran grandes defensores del matrimonio. Un hombre sabio, dice Musonio, se casará, y una vez casado, él y su mujer se esforzarán por hacerse mutuamente felices. De hecho, en un buen matrimonio, dos personas se vincularán en una unión amorosa e intentarán superarse uno al otro en su cuidado mutuo. [18] Tal matrimonio, imaginamos, será muy feliz.
Los «pensamientos involuntarios» acostumbran desencadenar una violentísima resistencia, que trata de impedirles emerger. Si hemos de dar crédito a F. Schiller, nuestro gran filósofo poeta, es también una tal disposición condición de la producción poética. En una de sus cartas a Körner, cuidadosamente estudiadas por Otto Rank, escribe Schiller, contestando a las quejas de su amigo sobre su falta de productividad: «El motivo de tus quejas reside, a mi juicio, en la coerción que tu razón ejerce sobre tus facultades imaginativas. Expresaré mi pensamiento por medio de una comparación plástica. No parece ser provechoso para la obra creadora del alma el que la razón examine demasiado penetrantemente, y en el mismo momento en que llegan ante la puerta las ideas que van acudiendo. Aisladamente considerada, puede una idea ser harto insignificante o aventurada, pero es posible que otra posterior le haga adquirir importancia, o que uniéndose a otras, tan insulsas como ella, forme un conjunto nada despreciable. = La razón no podrá juzgar nada de esto si no retiene las ideas hasta poder contemplarlas unidas a las posteriormente surgidas. En los cerebros creadores sospecho que la razón ha retirado su vigilancia de las puertas de entrada; deja que las ideas se precipiten pêle-mêle al interior, y entonces es cuando advierte y examina el considerable montón que han formado. = Vosotros, los señores críticos, o como queráis llamaros, os avergonzáis o asustáis del desvarío propio de todo creador original, cuya mayor o menor duración distingue al artista pensador del soñador. De aquí la esterilidad de que os quejáis. Rechazáis demasiado pronto las ideas y las seleccionáis con excesiva severidad».
sábado, 7 de septiembre de 2024
«Estar dispuesto a cambiar es de personas inteligentes.
viernes, 6 de septiembre de 2024
jueves, 5 de septiembre de 2024
«Hoy escribe todo el mundo. Al primero que se antoja se pone a escribir. Aquellos que tienen el alma más negra que mis botas, aquellos cuyo corazón no se creó en las entrañas de su madre, sino en una fragua, aquellos que tienen tanta verdad como yo casas, se atreven a penetrar en el camino de los elegidos, en la senda exclusiva de los profetas, de los que aman la verdad y de los que odian el dinero. Queridos señores míos: este camino es hoy más ancho, pero no hay quien pase por él. ¿Dónde están los verdaderos talentos? Por más que uno los busque, no los encuentra. Todo se ha vuelto caduco y mísero. Si queda vivo alguno de los bravos de antaño, se ha convertido en un pobre espíritu y en un fracasado. Antes se luchaba por la verdad; hoy no se busca sino la grandilocuencia...»
Stendhal era un escritor francés. Se llamaba Henri Beyle y era un italianista, le encantaba todo lo italiano, hizo muchos viajes por Italia. Él vivió su vida bastante románticamente. Se fue a viajar por Italia después de sus despechos amorosos. Se fue por Milán y por Roma y por Florencia. Él, cuando llegó a Florencia, entró en la Basílica de la Santa Croce, que está en la plaza que hoy se llama así también, la Piazza della Santa Croce. Y él escribió, porque él lo escribía todo, hizo libros de viajes, escribió que al salir de la basílica estaba tan emocionado, estaba tan conmocionado que el corazón le latía con una fuerza inusual y que apenas se podía mantener en pie de la emoción que le había causado ver tantísima belleza junta. Pero el ‘Síndrome de Stendhal’ es eso. Hoy en día se define como una especie de patología o como una especie de nombre para todas esas personas que tienen esa capacidad. Y hay personas que son capaces de emocionarse ante cualquier cosa, de sentir, de llorar, de reír, de desvivir. Y después hay otras personas que son capaces de desvivirse un poco menos, otras un poco menos, otras un poco menos. Y hay personas también que les cuesta más y que, a lo mejor, están frente a alguna cosa muy bella y que, por lo que sea, pues frente a la misma obra de arte, pues no son capaces de llegar al nivel de emoción que pueda tener otra persona. Así que frente a una música bonita, que creo que esta es bonita… Chopin sería una de esas personas que estaría sufriendo el síndrome de Stendhal constantemente. De hecho, lo sufría constantemente. Vivía como un romántico, tan romántico que mientras tocaba, le caían las lágrimas, mientras componía, le caían las lágrimas. Entiendo que si estamos hoy aquí es porque dentro de esos niveles de los que hemos hablado, estáis todos vosotros, más cerca de ser como Stendhal que más cerca de: “No oigo nada. No me pasa nada”. Aun así, aun así, a todo el mundo le pasa algo. Te prometo que incluso la persona que, a lo mejor, tiene la sensibilidad un poco menos a flor de piel, incluso a esa persona, ante esta música, le pasa alguna cosa. Así que adelante con el síndrome de Stendhal para todos.
Ramón Gener
miércoles, 4 de septiembre de 2024
Tendríamos que preguntarnos qué lugar ocupa la ética en nuestra vida cotidiana, lo que conlleva una pregunta radical: ¿qué es para nosotros una buena vida en el sentido más pleno del término? Planteársela es plantearse qué clase de vida admiramos verdaderamente, y qué clase de vida esperamos rememorar cuando seamos viejos y reflexionemos sobre cómo hemos vivido. ¿Bastará con decir 'Fue divertida'? ¿Podremos incluso decir sinceramente que 'fue' divertida? Cualquiera sea su posición o 'status', puede usted preguntarse lo que –dentro de los límites de sus posibilidades– desea lograr en su vida.
martes, 3 de septiembre de 2024
“El presente es la única entrada al mundo espiritual, que no se encuentra nunca en el pasado ni en el futuro. El pasado es solo memoria y el futuro es imaginación. El presente en cambio se abre, como una puerta que suponíamos clausurada, a lo que está más allá de nuestros miedos, de nuestro limitado 'yo' y sus amarras terrestres y cotidianas.”
Un niño preguntó qué es la hierba, dándomela a manos llenas.
¿Cómo podía responderle al niño? Sé lo que es tanto como él.
Quizá sea la bandera de mi ánimo, un paño verde y esperanzado.
O quizá sea el pañuelo del Señor,
un obsequio perfumado, un recordatorio arrojado adrede,
con el nombre del dueño en los bordes, para que lo veamos y preguntemos
de quién es:
O quizá la hierba misma sea un niño, el vástago de la vegetación.
O quizá sea un jeroglífico uniforme,
y signifique: broto por igual en parajes anchos y angostos,
crezco tanto entre negros como entre blancos,
Kanuck, Tuckahoe, Congressman, CufT, os doy lo mismo, os recibo por
igual.
Y ahora me parece el bello y desaliñado cabello de las tumbas.
Tiernamente te usaré, hierba rizada,
tal vez brotes del pecho de hombres jóvenes,
tal vez si los hubiera conocido los habría amado,
tal vez seas de gente antigua, o de chiquillos pronto separados del regazo
de sus madres,
y aquí eres el regazo de sus madres.
Esta hierba es muy oscura para ser de la blanca cabeza de madres viejas,
más oscura que la barba descolorida de los ancianos,
oscura para brotar de rosados paladares.
Walt Whitman,
lunes, 2 de septiembre de 2024
Como quiera que mida. usted tiene más de lo
que cree. No tema intentar. Si nunca ha sufrido un re-
vés, sospecho que la razón es que sus objetivos han sido de-
masiado modestos.
Con demasiada frecuencia. lo que nos impide intentar
mayores cosas está en las imágenes invisibles de nuestra men-
te. Es lo que llamo nuestra tendencia a enfocar las cuatro"efes":
las faltas, las fallas, los fracasos y las flaquezas. Si éste es su caso.
su última frontera no es el espacio sideral sino el espacio inte-
rior. Es usted mismo, y las barreras artificiales que ha instala-
do, lo que limita su potencial.
Si el sentido de la vida es que debe tener algún sentido
solo la acción puede darle significado a su existencia. Y eso
requiere se esfuerce y se dedique a una causa digna.
sábado, 31 de agosto de 2024
viernes, 30 de agosto de 2024
Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y arboles
Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.
Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.
Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.
Javier Heraud
Una de las razones por las que los niños mantienen su capacidad de gozo se debe a que no dan nada por sentado. Para ellos, el mundo es maravillosamente nuevo y sorprendente. Y no solo eso: aún no están seguros de cómo funciona el mundo: quizá las cosas que tienen hoy se desvanecerán mañana, misteriosamente. Es difícil que den algo por sentado cuando ni siquiera pueden asegurar la continuidad de su existencia.
Sin embargo, cuando crecen, caen en el hastío. Al llegar a la adolescencia, es probable que ya se hayan cansado de todo y de todos los que los rodean. Se quejan de la vida que tienen, de la casa en la que viven, de los padres y hermanos que les han tocado en suerte. Y en un aterrador número de casos, estos niños se convierten en adultos que no solo son incapaces de disfrutar del mundo que los rodea, sino que además parecen orgullosos de esta incapacidad. A la primera de cambio te ofrecerán una larga lista de aspectos sobre sí mismos y sobre su vida que no les gustan y que desearían cambiar, si fuera posible, incluyendo a su pareja, a sus hijos, su casa, su trabajo, su coche, su edad, su cuenta bancaria, su peso, el color de su pelo y la forma de su ombligo. Pregúntales qué es lo que aprecian en el mundo — pregúntales con qué están satisfechos, si es que existe algo — y después de pensarlo, y de mala gana, quizá nombrarán una cosa o dos.
A veces una catástrofe saca a estas personas de su hastío. Supongamos, por ejemplo, que un tornado destruye su hogar. Estos acontecimientos son evidentemente trágicos, pero al mismo tiempo presentan un potencial aspecto positivo: quienes sobreviven a ellos empiezan a apreciar lo que aún poseen. En líneas generales, la guerra, la enfermedad y los desastres naturales son trágicos, en tanto nos arrebatan lo que más apreciamos, pero también tienen el poder de transformar a quienes los experimentan. Antes, estos individuos podían atravesar la vida como sonámbulos; ahora están gozosa y agradecidamente vivos, más vivos de lo que se han sentido en décadas. Antes quizá eran indiferentes al mundo que los rodeaba; ahora están atentos a su belleza.
Sin embargo, las transformaciones personales inducidas por catástrofes tienen inconvenientes. El primero es que no podemos contar con que nos golpee una catástrofe. De hecho, mucha gente vive una vida libre de catástrofes y, como consecuencia, triste (irónicamente, tener una vida libre de desgracias es la desgracia de esta gente). Un segundo inconveniente es que las catástrofes que tienen el poder de transformar a alguien también pueden arrebatarle la vida. Consideremos, por ejemplo, al pasajero de un avión cuyos motores se han incendiado. Este giro de los acontecimientos sin duda provocará que el pasajero reevalúe su vida y, como resultado, adquiera el conocimiento de las cosas realmente valiosas y las que no lo son. Por desgracia, poco después de esta epifanía puede estar muerto.
El tercer inconveniente de las transformaciones inducidas por la catástrofe es que los estados de alegría que producen tienden a desaparecer. Quienes han estado cerca de la muerte y sobreviven suelen recuperar el entusiasmo por la vida. Por ejemplo, sienten la motivación de contemplar las puestas de sol que antes ignoraban o mantener conversaciones íntimas con su cónyuge, a quien antes dejaban en un segundo plano. Actúan así por un tiempo, pero a continuación regresa la apatía: volverán a ignorar la maravillosa puesta de sol que destella en el horizonte para quejarse amargamente a su pareja de que no hay nada que merezca la pena ver en la televisión.
La visualización negativa no tiene estos inconvenientes. No necesitamos comprometernos con ella tal como hemos de hacerlo al esperar que nos golpee una catástrofe. Una catástrofe puede matarnos; la visualización negativa, no. Y como podemos practicar reiteradamente la visualización, sus efectos beneficiosos, a diferencia de los de la catástrofe, pueden durar indefinidamente. La visualización negativa es, por lo tanto, una forma maravillosa de recuperar nuestro aprecio por la vida y nuestra capacidad de alegría.
Si no lo sientes, no lo lograrás; si no brota de tu alma y no consigues estremecer los corazones de todos los oyentes con un placer fuerte y primario, limítate a sentarte. Reúne piezas, prepara un ragú con las sobras de otros y reaviva las miserables llamas de tu diminuto montón de cenizas. Agradando el paladar obtendrás la admiración de los niños y de los monos, pero no conseguirás conmover otros corazones si del corazón nada te sale.
Goethe
Archivo del blog
-
►
2025
(1372)
- ► septiembre (131)
-
►
2024
(1073)
- ► septiembre (107)
-
►
2023
(851)
- ► septiembre (72)
-
►
2022
(629)
- ► septiembre (27)
-
►
2021
(1027)
- ► septiembre (58)
-
►
2020
(1161)
- ► septiembre (73)
-
►
2017
(208)
- ► septiembre (27)
-
►
2016
(98)
- ► septiembre (23)
-
►
2015
(254)
- ► septiembre (3)
-
►
2014
(299)
- ► septiembre (9)
-
►
2013
(347)
- ► septiembre (31)
-
►
2012
(349)
- ► septiembre (35)



























