Esta cita de Terence McKenna nos introduce de lleno en su característica filosofía neochamánica y radical. McKenna no veía la mente humana como un generador aislado de fantasías, sino como una antena capaz de sintonizar realidades alternativas.
La imaginación como portal, no como fábrica
Para la psicología tradicional, la imaginación es la capacidad de combinar recuerdos y conceptos para crear algo nuevo que no existe. McKenna invierte por completo esta idea: para él, la imaginación no inventa nada; lo descubre. Funciona como una ventana o un receptor de radio que accede a una "biblioteca universal" de información que ya está ahí fuera, esperando a ser sintonizada.
El Multiverso y la flexibilización del tiempo y el espacio
Al decir que "no podrías imaginarlo si no fuera real en algún lugar, en algún momento", McKenna coquetea con conceptos que hoy resuenan con la física cuántica (el multiverso) y el misticismo oriental. Sugiere que el tejido de la realidad es infinito:
En algún lugar: Puede ser real en otra dimensión, en un planeta lejano o en un plano de conciencia incorpóreo (como el que él afirmaba que se alcanzaba mediante el uso de enteógenos como la psilocibina o la DMT).
En algún momento: Puede ser un recuerdo del pasado remoto del universo o una premonición del futuro de la evolución humana.
La imposibilidad de la "nada"
Desde esta perspectiva, la mente humana es incapaz de crear una mentira absoluta o una fantasía pura. Si una estructura, un paisaje alienígena o una criatura mitológica cruza por tu mente, ese simple hecho le otorga "estatus ontológico" (existencia). Si puedes concebirlo, el universo ya ha generado el espacio-tiempo necesario para albergarlo.
En resumen, McKenna nos invita a respetar y explorar nuestra mente no como un entretenimiento infantil o una fuga de la realidad, sino como el instrumento científico y espiritual más avanzado que poseemos para cartografiar el cosmos habitable.

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