Wildcat Kelly, pálida a más no poder Estaba parada junto al sherif
Y cuando el sherif dijo :
te mandaré a la cárcel»
Wildcat levantó la cabeza y gritó:
Oh, dame tierra, mucha tierra bajo cielos estrellados
No me cerques…
Oh, dame tierra, mucha tierra bajo cielos estrellados
No me cerques
Déjame andar por el ancho campo abierto que amo
No me cerques
Déjame existir en la brisa del atardecer
Y escuchar el rumor de los álamos
Dime adiós para siempre, pero te pido, por favor,
Que no me cerques.
Ese fragmento tan cinematográfico y melancólico pertenece a una de las canciones más emblemáticas de la música country y la cultura del Western norteamericano: "Don't Fence Me In" (No me cerques).
El Autor
La historia de la autoría de esta canción es curiosa y tiene dos nombres clave:
Robert Fletcher (Poeta): Un ingeniero de caminos de Montana escribió el poema original en 1934, inspirado en la inmensidad del paisaje del oeste estadounidense.
Cole Porter (Compositor): El legendario compositor de Broadway compró los derechos del poema de Fletcher y lo adaptó, dándole la estructura musical y el ritmo definitivo.
Aunque Cole Porter suele llevarse el crédito principal, legalmente ambos comparten la autoría. La canción se convirtió en un éxito colosal en 1944 cuando fue grabada por Bing Crosby y The Andrews Sisters, transformándose en un himno de libertad.
Análisis del Fragmento
El texto que se cita es una traducción muy poética de la introducción narrativa de la canción (el verse), que prepara el escenario para el famoso estribillo.
1. El Conflicto: Civilización vs. Libertad Salvaje
El inicio plantea un choque inmediato. Tenemos a Wildcat Kelly (un nombre que evoca a un gato montés, indomable y salvaje) frente a frente con el sheriff, que representa la ley, el orden, las paredes y la reclusión de la civilización. La palidez de Kelly refleja el miedo físico a perder lo que más ama: su libertad.
2. La Cárcel como Metáfora del Encierro Moderno
Cuando el sheriff la amenaza con la cárcel, la respuesta de Wildcat Kelly no es un ruego de piedad, sino una declaración de principios. Para un espíritu del oeste, la peor prisión no son solo los barrotes de hierro, sino cualquier cosa que tape el horizonte.
3. El Manifiesto del Vagabundo (The Open Road)
«Oh, dame tierra, mucha tierra bajo cielos estrellados / No me cerques…»
El espacio infinito: Exigir "mucha tierra" y "cielos estrellados" es reclamar el derecho a la inmensidad. El cielo nocturno sin límites es el único techo aceptable para el personaje.
El grito de individualismo: La frase "Don't fence me in" (No me cerques / No me pongas vallas) se convirtió en un lema cultural en EE. UU. Simboliza el rechazo a la domesticación, a las normas urbanas y a la pérdida de la individualidad que trajo consigo el fin de la era de la frontera salvaje.
Un dato curioso
En la versión original en inglés, Wildcat Kelly es un hombre ("Wildcat Kelly, looking mighty pale..."). Al traducirse al español o interpretarse de forma libre, el personaje a menudo se visualiza como una mujer de armas tomar, lo que le añade un toque extra de rebeldía y fuerza dramática al relato.
Este texto aparece de forma central en el libro de Yalom "Criaturas de un día" (Creatures of a Day: And Other Tales of Psychotherapy, publicado en 2015). De hecho, le da nombre a uno de los capítulos más conmovedores de esa obra: el quinto relato se titula, precisamente, "Don't Fence Me In" (No me cerques).
En ese capítulo, Yalom relata el caso de un paciente llamado Charles, un hombre de 77 años, antiguo director general de una gran empresa, sumamente independiente, vital y espontáneo. El conflicto de Charles surge cuando, debido a su edad y a ciertas circunstancias, se ve obligado a mudarse a una comunidad o residencia para personas mayores que funciona bajo normas muy estructuradas y estrictas.
Para un espíritu que siempre fue dueño de su destino, la rigidez del lugar le resulta asfixiante, sintiéndose atrapado en una especie de prisión burocrática. Durante las sesiones, la famosa canción de Wildcat Kelly y el lema "Don't fence me in" se convierten en el eje simbólico de su terapia: la resistencia humana frente a la pérdida de autonomía, el rechazo a ser domesticado por la vejez y la desesperada necesidad de mantener un horizonte abierto —una "tierra bajo cielos estrellados"— hasta el último de sus días.
Es un ejemplo bellísimo de cómo Yalom utiliza la cultura popular y la música para conectar con la angustia existencial de sus pacientes.
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