domingo, 1 de noviembre de 2026



 —«Cualquier cosa que cueste dinero es barata»— 

John Steinbeck


Hay cosas que podemos comprar por mucho dinero y que, sin embargo, son baratas en términos humanos. Una casa, un automóvil, un reloj de lujo o unas vacaciones pueden tener un precio elevado, pero siguen siendo mercancías cuyo valor puede expresarse en una cifra.

Todo lo que puede comprarse tiene un precio y, en ese sentido, es barato. Lo verdaderamente costoso es aquello que no podemos adquirir, reemplazar ni recuperar. El tiempo, la dignidad, la libertad y los afectos no aparecen en ninguna etiqueta comercial. Y, sin embargo, son precisamente esas cosas las que terminan determinando cuánto vale nuestra vida.

La pregunta incómoda no es cuánto cuesta lo que tenemos, sino cuánto de nosotros mismos hemos pagado para conseguirlo.

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