martes, 27 de noviembre de 2012

Picasso



En una oportunidad el célebre Pablo Picasso, había sido invitado por otro colega, pero no conocido como el singular maestro, a fin de mostrarle alguna de sus .
Al hacer la visita, Picasso observó que las telas expuestas estaban muy bien logradas, pero que tenían una particularidad : En todas ellas aparecía una misma mujer. En una se la veía semidesnuda; en otra, vestida; en aquélla, de pie; en la de más acá, a caballo y así sucesivamente.
---Encuentro perfécta a cada una de sus obras-- dijo Picasso al pintor con toda franqueza--. Sólo quisiera hacerle una observación si Usted me lo permite.
---¡ Oh, por favor, hágala con toda libertad maestro!, es importante para mí aceptar una crítica, por severa que sea, sobre todo si es hecha por Ud, con buena intención.
--Bién, mi observación es ésta: ¿ Por qué se sirve Ud de la misma modelo, máxime cuando se trata de una modelo tan fea como ésta?, ¡ Fíjese que piernas de mujer! ¡Qué cabellos!, si se ve enseguida que es una persona vulgar.
En aquél momento se abrió la del estudio y entró una dama, en la cual Picasso reconoció enseguida al original de la modelo.
Y el pintor, un tanto confuso le dijo al maestro:
--Permítame Ud que le presente a mi señora...

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