miércoles, 9 de abril de 2025

 En el mundo occidental, y la mayor parte del globo, es un secreto bien guardado: es el SEGUNDO CEREBRO. Todos los que practicamos algún tipo de adiestramiento taoísta, por ejemplo, Chi Kung, Tai Chi, o alguna de las variedades de meditación chi o prácticas curativas, hemos oído con frecuencia el consejo: «Toma conciencia del Tan Tien». Pero, ¿somos conscientes de las implicaciones que encierra ese consejo? Posiblemente no. Y otra cosa: ¿utilizamos ese segundo cerebro plenamente? Sin duda, la respuesta es negativa. Desde la perspectiva occidental, ¿se entiende ese consejo como una forma de adiestrar la consciencia y la percepción de un cerebro, cuya sede está en la región abdominal? Posiblemente, tampoco es así. En todo el mundo hallamos instituciones que se encargan de adiestrar el cerebro de la cabeza, y eso es bueno. Pero ¿qué ocurre con el adiestramiento del segundo cerebro, ubicado en la región abdominal? En términos occidentales nunca me lo había planteado de esa manera aunque, desde el punto de vista de mi práctica y enseñanzas taoístas, eso era exactamente lo que he estado haciendo toda mi vida.

De repente comprendí algunas cosas muy simples, pero muy importantes, y voy a compartirlas con los lectores. Todo empezó en 1994, en Los Ángeles, cuando un psicólogo, el Dr. Rhonda Jessum, me pidió que me sometiese a algunas pruebas para él. Accedí gustoso, pero las máquinas de entonces no me revelaron demasiado. No obstante, se observó que mientras realizaba la meditación de la sonrisa interior, las ondas cerebrales se reducían de forma drástica; pero al mismo tiempo, las ondas beta alcanzaban niveles muy altos. Esto quería decir que, según las ondas, en ese momento podría estar conduciendo un coche, pero a la vez, en teoría, mi cerebro estaba descansando o dormido. Las personas que realizaban la prueba me preguntaron: «¿Cómo lo haces?». Yo tampoco lo comprendía, porque no estaba claro. Posteriormente, el Instituto de Investigación Biocibernética Aplicada y de Feedback de Europa me invitó a llevar a cabo algunas pruebas. Soy bastante conocido en Europa, porque enseño mucho en este continente. En Viena se encuentra uno de los institutos más importantes para el entrenamiento de atletas profesionales. En dicha institución han desarrollado un instrumento capaz de medir la energía potencial del cerebro, que representa la energía de todo el cuerpo. Los médicos también afirman que dicha medición es una prueba para el sistema occidental de que el chi, la energía, la fuerza vital, recorre el cuerpo. El instrumento mide la energía en el cerebro e indica la energía potencial que una persona tiene a su disposición. También determina la cantidad de energía disponible para todo el día, en la forma de claridad mental y de fortaleza física. Este instrumento se emplea para medir el estado físico y mental de los atletas. Todo esto me resultó muy interesante porque los científicos estaban midiendo, ni más ni menos, la energía que yo describía en mis enseñanzas. Así pues, me desplacé hasta el centro para que hiciesen las pruebas. Practiqué la sonrisa interior, es decir, le sonreí al abdomen. Rápidamente recogieron las señales y comentaron: «Las ondas del cerebro están descendiendo a niveles muy bajos, de descanso; es como si estuviera a punto de dormirse». Igualmente, la tensión muscular había descendido, el corazón latía muy despacio y la resistencia epidérmica también era muy reducida. Después de eso, dirigí la energía hacia el cerebro y los científicos pudieron registrar cómo éste se cargaba. Cuando pensamos, nos preocupamos, sentimos enojo, vergüenza o sentimientos de culpabilidad, los niveles de energía en el cerebro descienden y el cerebro no se carga. Estaban realmente sorprendidos y afirmaron: «Esto es exactamente lo que estábamos buscando». Me preguntaron qué estaba haciendo para provocar ese efecto. Les contesté: «Le sonrío al abdomen». Continuaron hablando y haciéndome preguntas. Observaron que el cerebro (en la cabeza) parecía bastante inactivo, es decir, no se registraba demasiada actividad en el mismo. Todavía se hallaba en un estado de reposo ligero. Y, sin embargo, ¿cómo era posible que contestase a sus preguntas? Exclamaron: «Mirad, el Maestro Chia nos está hablando en sueños. ¿Cómo puede hablar con nosotros mientras duerme?». Después de aquello lo comprendí todo. En todas las prácticas taoístas se repite incesantemente el mismo precepto: «Adiestra el segundo cerebro para utilizar el segundo cerebro». La mentalidad occidental ha tardado mucho en comprender lo que esto significa. Así pues, cuando el artículo sobre «el cerebro oculto en el vientre» apareció en el New York Times* empecé a entender la situación. Podemos sentirnos contentos o desdichados y todo tipo de cosas. Pero, según este artículo, se ha descubierto que el cerebro del vientre, el sistema nervioso entérico, desempeña muchas otras funciones. Se decía que este cerebro puede mandar y recibir impulsos; registrar experiencias y responder a las emociones. Así pues, es como otro cerebro. Se acababa de descubrir, según el artículo, que el intestino delgado y el grueso poseen el mismo tipo de neuronas que el cerebro. Después del artículo, se publicó un libro llamado El Segundo Cerebro4. La ciencia médica, me gustaría añadir, también está ahora descubriendo que existe una forma de conciencia y percepción en el corazón. Se ha descubierto que este órgano es capaz de registrar un suceso, ya que posee su propio cerebro. Un médico ha escrito un libro llamado The Heart Code [Código del corazón. Se ha observado que las personas que reciben trasplantes de corazón también «heredan» las emociones del donante. De hecho, experimentan lo que éste experimentaba. En un caso concreto, el corazón pertenecía a un chico que había sido brutalmente asesinado, pero desconocía la identidad del asesino. Puesto que el corazón no había sufrido daños, se utilizó para un trasplante en otro chico. Después de la operación, este último empezó a sufrir pesadillas, en las que alguien lo asesinaba y podía describir con precisión el aspecto del asesino. Finalmente, la madre llevó al chico a un psiquiatra, quien, a su vez, se puso en contacto con la policía. El chico describió el aspecto de la persona que veía en sus sueños, y se realizó un retrato de la misma. Con la información proporcionada, la policía pudo arrestar al hombre. Posteriormente, tras escuchar detalles muy específicos del crimen, éste se confesó autor del asesinato. A partir de esta experiencia, científicos del campo de la medicina y otros han tomado conciencia de que el corazón puede registrar un suceso y recordarlo. En la segunda página del artículo publicado en el Times, se mencionaba que incluso el colon está cargado de neuronas y formulaba la siguiente pregunta: ¿Puede aprender? A eso yo respondo: «Este tema nos remonta a más de 4.700 años en las prácticas taoístas, en las que se dice: ‘Adiestra los órganos; adiéstralos para que hagan diferentes cosas’». Cuando no estemos utilizando el cerebro de la cabeza, podemos dejarlo descansar; y utilizar el cerebro del vientre. ¿Por qué es tan importante? Porque en la cabeza tenemos el «cerebro de mono», cargado de dudas, vergüenza, culpabilidad y una mente sospechosa. Piensa sin parar. Se preocupa, intenta averiguar cosas, pero sólo en la cabeza: y continúa haciendo eso una y otra vez, sin detenerse. Para ser un dios, olvídate del pasado y vacía la mente. Ahora estamos en la época de información; cualquier cosa que llega a la cabeza, nos pone a pensar. Una sola palabra y nos lanzamos a pensar. Basta que alguien nos diga una sola palabra desagradable, para que pasemos tres días y sus noches pensando al respecto: ¿Cómo voy a vengarme? ¿Cómo voy a vengarme? Los científicos han descubierto que cuando la gente se preocupa, piensa o planifica demasiado, el cerebro (de la cabeza) utiliza gran cantidad de energía. No obstante, depende del tipo de persona que sea: algunas son más bien físicas y utilizan muy poca energía cerebral, pero su cuerpo consume mucha. No obstante, la mayoría de la gente piensa sin parar y los científicos nos ofrecen una cifra de la energía consumida por el cerebro. No es exacta, pero nos sirve para establecer una comparación. Nos dicen que este cerebro de la cabeza puede utilizar hasta el 80 por ciento de toda la energía corporal; es decir, para el resto de los órganos, sólo nos queda un 20 por ciento. Volviendo al artículo, según estos hallazgos, el cerebro de la cabeza y el del vientre pueden realizar funciones muy similares. Por ejemplo, podríamos decir que el cerebro abdominal hace las veces de cerebro emocional y de los sentimientos. En occidente existen muchas expresiones que confirman esta idea: «Lo siento en las entrañas»; «Me revuelve las tripas». ¿Por qué dice la gente este tipo de cosas? Obviamente, las siente en el abdomen. Es curioso que toda la práctica taoísta gire alrededor del sentir, del tomar conciencia y ser consciente: la utilización del vientre para sentir, tomar conciencia y ser consciente. Mientras usamos el cerebro abdominal, es posible darle un respiro al cerebro de la cabeza. Es el primer paso. Lo primero que aprendemos en el Tao es a perdonar y desprendernos del pasado. Si continuamos alimentando las emociones negativas del pasado, no podremos ver la verdad. Abandonar el pasado es vaciar la mente y utilizar la mente abdominal, la percepción y la consciencia. Un punto interesante en el camino del Tao es que el cerebro abdominal puede realizar muchas de las funciones sencillas que desempeña el cerebro ce la cabeza. Se trata de un modo de funcionamiento, de sensación y conciencia similar al desarrollado por el hemisferio cerebral derecho, «el cerebro derecho». No obstante, aún necesitamos utilizar el cerebro de la cabeza para realizar acciones más complejas, tales como el razonamiento, planificación y cálculos. Las funciones racionales, actividades del "hemisferio izquierdo, precisan del cerebro de la cabeza. Para funcionar en la vida diaria con consciencia y sentimiento, podemos utilizar cualquiera de los dos cerebros. A medida que utilicemos menos el cerebro de la cabeza, será más fácil cargarlo con energía, y su poder aumentará; y, además, el cuerpo tendrá a su disposición más energía. Por eso decimos en taoísmo que hay que adiestrar al cerebro abdominal, para utilizarlo mientras el otro descansa. Cuando éste último está en reposo, podemos recargarlo y pueden tener lugar las funciones de mantenimiento y reparación. Además, eso fomenta el crecimiento de nuevas células cerebrales. Al tener más energía, tendremos más fuerza para la creatividad o cualquier cosa que deseemos. Si así lo deseamos, podemos utilizarla para desarrollar nuestra naturaleza espiritual superior. Para comprender mejor la situación, podemos utilizar una analogía. Digamos que para realizar un trabajo que ambos cerebros pueden llevar a cabo, la cabeza cobra diez mil pesetas, mientras que el vientre lo realiza por sólo cinco mil. Así pues, ¿cuál vamos a utilizar? Obviamente, en la vida no somos tan necios como para contratar a la persona que cobra más para realizar el mismo trabajo. Sin embargo, en la vida diaria, no sabemos discriminar y siempre utilizamos la mente de la cabeza, el cerebro que más cuesta. Y continuamos utilizándolo una y otra vez hasta apurar toda su energía y quedarnos agotados. Cuando se alcanza un cierto nivel, el cerebro se vacía. Las mediciones de la energía cerebral no sólo indican los niveles de energía mental a nuestra disposición, sino la condición energética para todo el cuerpo y el espíritu. Siempre que sonrío al abdomen, las ondas cerebrales descienden con gran rapidez, y la energía transformada, procedente del Tan Tien y los órganos, cargan el cerebro de la cabeza. El sencillo acto de modificar los músculos faciales para que adopten una sonrisa verdadera tiene el mismo efecto sobre el sistema nervioso que el desencadenado ante el sentimiento espontáneo. De hecho, si sacamos provecho de este mecanismo humano automático podemos lograr relajación y alegría. Es natural. ¡Sólo tienes que ponerlo en la práctica! El primer paso para adiestrar el segundo cerebro es aprender a sonreír a la región abdominal y mantener la conciencia de esa sensación sonriente y relajada en el Tan Tien. Piensa al respecto: la consciencia y percepción directa pueden cambiar las actitudes y emociones transportadas por el ADN. Recuerda: 1) «Vacía la mente, concéntrate en el Tan Tien y llénalo de chi» . En el Tao existe un axioma que dice «Donde la mente va, el chi sigue. 2) «Cuando la mente está vacía, se puede llenar». Esto significa que cuando los órganos tienen energía extra, ésta ascenderá y llenará el cerebro de chi.

Mantak Chia

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

Buscar este blog