Tras un pasaje fugaz por la medicina, Darwin decidió inscribirse para estudiar teología, lo que sería una paradoja si se tiene en cuenta que no mucho tiempo después desafiaría todo lo establecido a nivel religioso sobre el creacionismo. Pese a nunca haber dudado de lo que estaba escrito en la Biblia, su fe comenzó a quebrantarse cuando conoció males como la esclavitud. Si bien nunca se consideró ateo, sí se definió como agnóstico.

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