domingo, 26 de agosto de 2012

Walter Pierpaoli


Eduard Punset:Walter, hace 5 años, más o menos, estabas haciendo investigación en un laboratorio europeo y de pronto te descolgaste con un libro titulado “El Milagro de la Melatonina”, que tuvo un impacto mundial. ¿Qué ha sucedido desde entonces? ¿Hay novedades en la política o en el conocimiento del problema del envejecimiento y su lucha? ¿Cuál ha sido el gran cambio? ¿Todavía crees en la melatonina?

Walter Pierpaoli:
Sí, por supuesto. La melatonina fue el principio de lo que se ha venido a llamar la revolución antienvejecimiento. Desde 1995 han pasado muchas cosas y nada ha cambiado, porque la melatonina apareció como un rayo en un día soleado y creo que la opinión pública, la comunidad científica, no estaba en absoluto preparada para ello. Sin embargo, hay grupos de personas clarividentes que se han dado cuenta de que esto es algo destinado a cambiar nuestra concepción del envejecimiento.

Eduard Punset:
¿Qué es el envejecimiento?

Walter Pierpaoli:
El envejecimiento es algo muy sencillo. El envejecimiento es un programa endocrino de nuestro cerebro. Existen estructuras cerebrales, como el hipotálamo, que regula los ciclos hormonales, la hipófisis (todo el mundo, todas las mujeres conocen las hormonas relacionadas con los ovarios: los estrógenos, la progesterona, la gonadotropina, el tiroides, la hormona del crecimiento, la cortisona: son todas ellas hormonas)… pero eso que llaman mi descubrimiento –y creo que es una demostración cierta– no es que produzcamos hormonas, sino que las producimos siguiendo un cierto ciclo entre el día y la noche. Todos somos cíclicos, somos periódicos, y el milagro de la melatonina sirvió simplemente para entender que el ciclo del cerebro es fundamental para el mantenimiento de la salud. De modo que cuando envejecemos (al hacernos viejos empezamos a desarrollar una serie de enfermedades degenerativas), el mensaje del cerebro, ese pico nocturno, empieza a bajar, a aplanarse y a desaparecer. Cuando el ciclo desaparece es que vamos a morir, porque el programa se ha acabado. Es un mensaje hormonal muy preciso procedente del cerebro….

Eduard Punset:
Que dice... se acabó

Walter Pierpaoli:
Sí, que regula la inmunidad, lo regula todo. Pero no es una cuestión de cuánta hormona producimos en nuestro cerebro, en la glándula endocrina en el ovario o en la tiroides: es una cuestión de ciclicidad. Yo siempre insisto en esto: que en nuestro cerebro tenemos un programa de envejecimiento, y es algo muy sencillo que todo el mundo puede entender: al nacer crecemos, y crecemos porque así está programado, por un programa de crecimiento que obviamente es genético, propio de los mamíferos a los que pertenece la especie humana. Somos como un perro, como un gato: todos ellos tienen su programa de crecimiento, y se desarrollan, y se convierten en adultos, se vuelven fértiles, pueden procrear, se pueden reproducir... todo esto está programado. El programa de la mujer hace que sea fértil hasta los 45 ó los 50 ó 55 años, y entonces se acaba, y esto también está programado.

Eduard Punset:
Todas las especies crecen, pero no todas las especies envejecen. Me gusta decir que nunca he visto a un pez con arrugas. Lo malo de la especie humana es que no sólo se desarrolla y muere, sino que también envejece, y se llena de arrugas y aparecen enfermedades degenerativas. En esto somos ligeramente diferentes a las otras especies ¿no es cierto?

Walter Pierpaoli:
Sí, existen los animales de sangre fría y también los que no son de sangre fría -peces, anfibios- que, de hecho, no sabemos cuánto tiempo viven. Generalmente creo que el envejecimiento en los poiquilotermos, los animales de sangre fría, es totalmente diferente del de los homeotermos, a los cuales pertenecemos. Y la regulación de la temperatura es nuestra desgracia, nuestra tragedia, porque, de hecho, tienes razón en lo que dices, la pregunta es correcta. Entre lo que te decía antes de la ciclicidad se encuentra también el mantenimiento de la temperatura…

Eduard Punset:
...del cuerpo…

Walter Pierpaoli:
Sí claro, porque ya debes saber que cuando nos vamos a la cama a dormir, sufrimos una hibernación: la temperatura de nuestro cuerpo desciende, y todas las hormonas cambian. O sea que el ciclo circadiano del día y la noche regula también la temperatura del cuerpo. Los animales de sangre fría no envejecen: crecen, y nadie sabe cuánto tiempo pueden vivir. Y tienen mucha suerte porque adaptan la temperatura de su cuerpo a la temperatura ambiente. Desafortunadamente para nosotros, los mamíferos tenemos que mantener estrictamente regulada nuestra temperatura corporal.

Eduard Punset:
A 36ºC…

Walter Pierpaoli:
Entre 36,2ºC y 36,4ºC.

Eduard Punset:
O sea que tienen que luchar mucho contra el frío…

Walter Pierpaoli:
Sí, es un proceso que consume mucha energía. Y este consumo también es causa de envejecimiento. De modo que la termorregulación es necesaria, pero, por otro lado, cuando ya no podemos regular más la temperatura, es que estamos a punto de morir. Y todo el proceso de regulación térmica está bajo control hormonal. Como sabes perfectamente, la glándula tiroides produce tiroxina, la tiroxina es fundamental para proporcionar energía a todas las células. Y no sólo la tiroxina, hay otras moléculas en el cerebro, una de las cuales hemos podido encontrar e identificar, que son absolutamente importantes para el proceso de la termorregulación. Quiero decir que el programa de envejecimiento se encuentra en nuestro cerebro pero tenemos una programación de tiempo para el envejecimiento. Para un perro es de 10 o 12 años, para los seres humanos es de 120 años. Yo diría que nuestro programa llega hasta una edad de 110 a 130 años. Y creo que, si pudiéramos prevenir las enfermedades del envejecimiento, podríamos vivir sin ningún problema hasta los 120 años. Pero de repente aparece un mensaje en el cerebro, muy preciso y dominante, que hace que muramos sin enfermedades, porque el programa se ha acabado. Y esto lo he demostrado con mucha precisión en un artículo que he publicado hace dos años en los EEUU, donde explico que cuando enveje la glándula pineal, que, por así decir, es el director de la orquesta, esta empieza a emitir mensajes equivocados a la orquesta, entonces la orquesta está acabada, se produce el desastre. Y esto es exactamente lo que sucede.

Eduard Punset:
Walter, dices que estamos programados, que nuestro cerebro está programado…

Walter Pierpaoli:
Para crecer, para reproducirse y para morir.

Eduard Punset:
¿Y no hay nada que podamos hacer? ¿No podemos cambiar este programa? Me refiero a que se están dando cosas muy importantes: en primer lugar las técnicas para combatir el envejecimiento, pero también todo este asunto de las células madre, que surgió hace 3 años al descubrir que los seres humanos también tienen células madre, que en cierto modo son inmortales. Y luego está toda esa investigación dedicada a la forma de regenerar órganos y partes del cuerpo, del cuerpo humano ¿Has descubierto algo que pudiera llevarnos a contemplar la posibilidad de alterar esta programación, o no hay nada que podamos hacer respecto a esta programación genética que dice que vamos a morir cuando lleguemos a los 120 años?

Walter Pierpaoli:
La pregunta es adecuada, pero imposible de responder. Nos hemos adelantado tanto en la cuestión de reprogramar el envejecimiento, que es prácticamente imposible…, porque desde la publicación de “El Milagro de la Melatonina” se ha generado tanta confusión en la prensa, en los medios de comunicación y en la misma comunidad científica, que prácticamente no… no comprendieron que la glándula pineal produce la melatonina por la noche, y no entendieron que el problema, para llegar a comprender el envejecimiento, es intentar mantener la funcionalidad del director de orquesta. Porque si la glándula pineal no produce la melatonina por la noche, entonces podemos suministrar esta melatonina por la noche para mantener la función de la glándula pineal. La clave para no envejecer no es suministrar melatonina, sino proteger del envejecimiento a la glándula pineal. Porque si tenemos una orquesta y un director, y hacemos que el director se mantenga joven, la orquesta continuará tocando indefinidamente bellas armonías y sinfonías. Por consiguiente, al suministrar melatonina por la noche, ¿qué sucede?: se protege al director de orquesta, porque el director de orquesta no tendrá que trabajar y producir melatonina. Y este era mi truco y este es el tratamiento que doy a mis pacientes.

Eduard Punset:
Pero, ¿qué pasaría si todo esto fuera demostrado realmente de manera científica? Quiero decir, ¿qué le pasaría a la sociedad si, de repente, todos pudiéramos alcanzar la vejez -vamos a decir que no en perfectas condiciones- pero, al menos, sin esas terribles enfermedades que son el Alzheimer, el Parkinson y otras enfermedades degenerativas?

Walter Pierpaoli:
Creo que estamos muy lejos de que eso vaya a producirse inmediatamente, porque los gobernantes del mundo deberían reunirse y decidir qué se va a hacer. Quiero decir que el efecto de que se pueda invertir el envejecimiento o posponerlo durante unos años cambiaría totalmente nuestra sociedad. Porque haría, por ejemplo, imposible nuestro sistema de seguros de vida. Es por ello que somos muy prudentes a la hora de decir algo. Yo creo que en este momento la sociedad no está en absoluto preparada para prolongar la vida. Puedes imaginarte lo que sería si habláramos de invertir el proceso de envejecimiento y convertirlo en algo completamente diferente. Digamos que todo el mundo pudiera vivir hasta los 120 años sin ningún tipo de enfermedad – mi próximo libro describe precisamente una situación así-, la media sería de 120 años. Esto es algo totalmente fantástico para muchos, pero es la auténtica realidad.

Eduard Punset:
Cuando dices fantástico, quieres decir que es una fantasía.

Walter Pierpaoli:
Sí, una fantasía. Pero no es una fantasía porque la realidad supera hoy a la fantasía.

Eduard Punset:
Pero dices que no estamos preparados, que la sociedad no está preparada para contemplarlo

Walter Pierpaoli:
Creo que la sociedad no está preparada: el sistema social. Si me lo permites, yo creo que el sistema se basa en las enfermedades crónicas. Imagínate que pasaría si, de repente, nadie necesitara más medicamentos porque pudiéramos posponer el envejecimiento sin necesidad de recurrir a una intervención agresiva. Créeme, es imposible, es totalmente imposible cambiar. Porque el sistema entero de nuestra sociedad está basado en el envejecimiento. Todos los periodos de subsidio, el sistema sanitario entero, se basa en el hecho de que vamos a envejecer y luego morir. Si lo cambiamos y hacemos, por ejemplo, que el envejecimiento se retrase 5 años, o que se mantenga una buena salud, el sistema entero se derrumbaría. Es totalmente imposible. Como científico siento una gran curiosidad por la vida, y siento el gozo que me daría poder ver una vida libre de enfermedades y de envejecimiento. Es una curiosidad, una curiosidad humana, es la búsqueda de la libertad, ser libre en el cosmos, ser dominante de dominar tu vida y tu muerte. Pero esto no es un experimento, y este experimento está avanzando hasta el punto de convertirse en verdad. Lo que podemos decir es algo intelectual; pero la aplicación real, que es posible, es imposible de comunicar y de llevar a cabo.

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