viernes, 22 de agosto de 2025
Muchas personas creen que hay que ir por la vida con cara de pocos amigos para protegerse de la agresividad de la sociedad. Es un error, pues, esta actitud pone de manifiesto que tienen problemas serios lo cual las hace vulnerables. Dedica todos los días unos minutos a relajarte y a sonreír y tu cuerpo y tu espíritu te lo agradecerán. También te lo agradecerán tus familiares, tus amigos y la gente en general; porque es una forma de respeto; mientras que, una cara tensa, desconfiada o amargada es una forma de agredir a los demás. El mayor bien que puedes hacerte a ti mismo y a la sociedad es cultivar una cara que exprese paz, éxito y alegría de vivir. De esta forma enviarás mensajes positivos a tu cerebro y al cerebro de las personas y activarás lo mejor de ti y lo mejor de la gente. El mayor mal que puedes hacerte a ti mismo y a las personas es tener una cara que exprese tristeza, amargura, fracaso y frustración, porque te contaminarás y contaminas a los demás de tus problemas, a lo cual no tienes derecho, pues, bastante tienen las personas con sus propios problema.
David Angulo de Haro
jueves, 21 de agosto de 2025
Vivimos aquí y ahora; todo lo que fue antes y en otros lugares es pasado, olvidado en gran medida; sólo tenemos acceso a lo que resta en fragmentos desordenados de recuerdos que se encienden y se apagan fortuitos, inconexos. Así es como estamos acostumbrados a pensar sobre nosotros mismos. Y también es ésa la natural manera de pensar cuando dirigimos nuestra mirada a los demás: en verdad están aquí y ahora ante nosotros, en ningún otro lugar, en ningún otro momento. ¿Y cómo podríamos pensar su relación con el pasado sino en la forma de episodios internos del recuerdo, cuya exclusiva realidad radica en el presente de su acontecer? Desde el punto de vista de la propia intimidad, sin embargo, la cosa es totalmente distinta. Allí no estamos reducidos a nuestro presente, sino que nos extendemos ampliamente hacia el pasado. Esto se debe a nuestros sentimientos, en particular los sentimientos profundos, ésos que definen quiénes somos y cómo es ser quienes somos. Porque nuestros sentimientos no saben del tiempo, no saben de él ni lo reconocen. Naturalmente, sería falso que yo afirmara: “Todavía soy aquel joven sentado en los escalones a la entrada de la escuela, el joven con la gorra en la mano cuya mirada se perdía más allá del patio escolar, esperando ver a Maria João”. Por supuesto que es falso; han pasado más de treinta años desde entonces. Y sin embargo también es verdad. El latir del corazón ante las tareas difíciles es el latir del corazón cuando el señor Lanções, el profesor de matemáticas, entra en la clase; en la angustia ante toda autoridad están las sentencias terminantes que, encorvado, pronuncia mi padre; si la mirada luminosa de una mujer se cruza con la mía, se me corta la respiración como cuando mi mirada parecía cruzarse con la de Maria João, de ventana a ventana. Todavía estoy allí, en aquel lugar alejado en el tiempo; nunca me he marchado, vivo extendiéndome hacia adentro en el pasado o hacia afuera desde él Ese pasado es presente y no sólo con la forma de episodios breves y luminosos del recuerdo. Los miles de cambios que el tiempo ha producido son —comparados con ese presente intemporal del sentir— fugaces e irreales como un sueño y tan engañosos como las quimeras: me reflejan; soy alguien a quien la gente acude con sus dolores y sus preocupaciones; alguien que posee, como médico, una maravillosa temeridad y seguridad en sí mismo. Y la confianza temerosa que veo en las miradas de quienes buscan mi ayuda me obliga a creerlo también, mientras están allí. Pero apenas se han marchado quisiera gritarles: “Todavía soy aquel joven miedoso de los escalones de la escuela”; carece totalmente de importancia, en verdad, es una mentira que me siente detrás de mi escritorio tan impresionante con mi guardapolvo blanco y desde allí aconseje. No se dejen engañar por eso que, con ridícula superficialidad, llamamos el presente.
Pascal Mercier
El amor sólo es posible cuando dos personas se comunican entre sí desde el centro de sus existencias, por lo tanto, cuando cada una de ellas se experimenta a sí misma desde el centro de su existencia. Sólo en esa «experiencia central» está la realidad humana, sólo allí hay vida, sólo allí está la base del amor. Experimentado en esa forma, el amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos. Sólo hay una prueba de la presencia de amor: la hondura de la relación y la vitalidad y la fuerza de cada una de las personas implicadas; es por tales frutos por los que se reconoce al amor. Así como los autómatas no pueden amarse entre sí tampoco pueden amar a Dios. La desintegración del amor a Dios ha alcanzado las mismas proporciones que la desintegración del amor al hombre. Ese hecho hállase en evidente contradicción con la idea de que estamos en presencia de un renacimiento religioso en nuestra época. Nada podría estar más lejos de la verdad. Lo que presenciamos (si bien hay excepciones) es una regresión a un concepto idolátrico de Dios, y una transformación del amor a Dios en una relación correspondiente a una estructura caracterológica enajenada. Es fácil comprobar tal regresión. La gente está angustiada, carece de principios o fe, no la mueve otra finalidad que la de seguir adelante; por lo tanto, siguen siendo criaturas, confiando en que el padre o la madre acuda a ayudarlos cuando lo necesiten.
miércoles, 20 de agosto de 2025
Álvaro Carrillo: el andariego del bolero
martes, 19 de agosto de 2025
¿El pensamiento puede enfermar?
Entonces... ¿Pensar bien cura?
Conclusión
Las dos grandes amenazas a la supervivencia humana a las que nos enfrentamos actualmente son la militar y la medioambiental. Es probable que vayan convergiendo cada vez más entre ellas en el futuro, a medida que la competencia y las pugnas por unos recursos escasos degeneren en conflicto armado. A lo largo de los años, los comunistas han sido unos de los más ardientes defensores de la paz y el motivo de tal actitud ha sido hábilmente resumido por Ellen Meiksins Wood: «Me parece axiomático —escribe— que la lógica expansionista, competitiva y explotadora de la acumulación capitalista en el contexto del sistema de los Estados-nación acabe siendo desestabilizadora a más corto o más largo plazo, y que el capitalismo [...] sea y continúe siendo durante un futuro próximo la mayor amenaza contra la paz mundial»/5 Si el movimiento pacifista quiere comprender de verdad las causas fundamentales de la agresividad global, no puede permitirse ignorar la naturaleza de la bestia que la alimenta. Y eso significa que no puede permitirse el lujo de ignorar las ideas y reflexiones del marxismo. Lo mismo se puede decir a propósito del ecologismo. Wood sostiene que el capitalismo no puede evitar la devastación ecológica por culpa de la naturaleza antisocial misma de su impulso acumulador. El sistema puede llegar a tolerar la igualdad racial y de género, pero es incapaz (por su propia naturaleza) de alcanzar la paz mundial y de respetar el mundo material. El capitalismo, comenta Wood, «tal vez pueda tener cabida para cierto grado de atención ecológica, sobre todo, cuando la propia tecnología de protección medioambiental es comercializable y rentable. Pero la irracionalidad esencial del impulso de la acumulación de capital, que supedita todo a las exigencias de expansión propia del capital y a las del llamado "crecimiento", es irremediablemente hostil al equilibrio ecológico». El viejo eslogan comunista del «socialismo o barbarie» siempre les ha parecido a algunos un tanto apocalíptico de más. En estos momentos en los que la historia se encamina a trompicones hacia un posible escenario de guerra nuclear y de catástrofe medioambiental, cuesta ver de qué otro modo se puede tomar ese lema que no sea como la más sobria verdad. Si no actuamos ahora, todo parece apuntar a que el capitalismo será nuestra tumba.
Terry Eagleton
Había estado mucho tiempo enfermo. Cuando llegó el día de salir del hospital, apenas sabía andar, casi no recordaba quién era. Haga un esfuerzo, me dijo el médico, y en tres o cuatro meses volverá a habituarse a las cosas. No le creí, pero de todos modos seguí su consejo. Me habían desahuciado, y ahora que había desbaratado sus predicciones y seguía misteriosamente con vida, ¿qué otra cosa podía hacer sino vivir como si tuviera todo un futuro por delante?
🏛️ Parménides: el filósofo del ser eterno
📜 ¿Quién fue?
Parménides fue un filósofo del sur de Italia, fundador de la Escuela Eleática. Escribió un único poema en verso titulado Sobre la naturaleza, en el que describe un viaje místico donde una diosa le revela la verdad sobre el ser y la ilusión del cambio.
A diferencia de Heráclito, Parménides dice:
“El ser es, y el no-ser no es.”
Así, para él:
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El cambio es ilusorio.
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El movimiento es engaño de los sentidos.
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Solo el ser eterno, inmóvil, indivisible y completo existe realmente.
🧠 Enseñanza clave:
La verdad no se capta con los sentidos, sino con la razón.
Los sentidos nos engañan: vemos cambio, diversidad, nacimiento y muerte. Pero eso, dice Parménides, es apariencia.
La razón revela lo eterno, lo inmutable, lo Uno.
💡 ¿Qué nos enseña hoy?
1. No te dejes llevar solo por las apariencias.
Aunque todo parezca moverse o transformarse, hay algo detrás de todo eso: una esencia, un fondo constante.
👉 A veces lo que cambia en la superficie oculta lo que permanece en lo profundo.
Tu miedo cambia de forma, pero siempre es miedo. Tu deseo cambia de objeto, pero siempre es deseo.
Aprende a ver lo esencial detrás de lo cambiante.
2. Hay una paz más allá del ruido.
Para Parménides, el ser no nace ni muere, no se mueve ni se agita. Es eterno y perfecto. Esa idea, aunque abstracta, tiene una potencia espiritual:
Busca en ti ese lugar que no cambia, aunque todo lo demás lo haga.
Lo podríamos llamar conciencia, presencia, alma, o simplemente “estar”.
3. La verdad profunda es contraria a la opinión común.
Parménides distingue entre:
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La vía de la verdad (lo que la razón demuestra).
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La vía de la opinión (lo que los sentidos y la multitud creen).
A veces, vivir con claridad implica ir contra lo que todos afirman, y tener el valor de pensar con rigor.
🛠️ Ejercicio práctico:
Encuentra tu ser inmutable.
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Siéntate en silencio 5 minutos.
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Cierra los ojos y observa tus pensamientos, emociones, impulsos. Todos se mueven.
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Ahora pregúntate:
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¿Quién está observando todo eso?
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¿Qué parte de mí permanece, aunque todo lo demás se mueva?
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📓 Escribe:
“Hoy sentí que, más allá de todo lo que cambia, yo soy…”
🧘♂️ Frase para meditar:
“El ser es sin nacimiento y sin muerte, entero, inmóvil, sin final, sin ruptura.”
(La paz radical de saber que lo más profundo en ti no puede perderse.)
lunes, 18 de agosto de 2025
"No somos gente fácil. A veces herimos sin querer, otras veces ni sabemos por qué lo hacemos. Todos llevamos algo roto, algo que no se ve pero que pesa. Algunos se esconden detrás del orgullo, otros se pierden en la duda. Y nadie es solo lo que hace un día: ni lo peor, ni lo mejor. Lo que somos está en lo que intentamos, incluso cuando fallamos. Vivir es eso: caminar con las grietas al sol, sin disfraz, sin prometer perfección, pero con la voluntad de seguir."
¿El amor es biológico o cultural? Un encuentro entre química y mito
La autodestrucción como acto de fe,
domingo, 17 de agosto de 2025
🧠 Hipócrates de Cos (ca. 460 a.C. – ca. 370 a.C.)
🗺️ 1. Época y contexto histórico
Vivió en la Grecia clásica, en plena ebullición intelectual, cuando coexistían figuras como Sócrates, Demócrito y los sofistas. En ese tiempo, la enfermedad aún era vista por muchos como un castigo divino, y los tratamientos dependían más de rituales mágicos que de prácticas racionales. Hipócrates rompió con esta visión al plantear que la salud y la enfermedad dependían de causas naturales, no sobrenaturales.
Nació en la isla de Cos y fundó una escuela médica que se convirtió en referencia durante siglos.
📜 2. Ideas centrales
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La medicina como ciencia racional: Hipócrates fue el primero en aplicar la observación clínica sistemática para diagnosticar y tratar enfermedades. No confiaba en la magia, sino en el estudio de los síntomas, los hábitos del paciente y su entorno.
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Teoría de los cuatro humores: Salud y enfermedad dependían del equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Aunque hoy superada, esta teoría dominó la medicina occidental por más de mil años.
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Ética médica: Estableció principios de conducta profesional, como el famoso Juramento Hipocrático, que obliga al médico a actuar en beneficio del paciente, no causar daño y guardar confidencialidad.
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El cuerpo como un todo: Introdujo la idea de que la salud no era solo física, sino también moral y ambiental, un enfoque muy moderno. Valoraba el ejercicio, la dieta, el sueño y el equilibrio emocional.
📚 3. Obras clave
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Corpus Hippocraticum: Colección de unos 60 textos atribuidos a él y a sus discípulos. Algunos destacan por su lenguaje poético y por descripciones clínicas aún admirables.
🌍 4. Impacto en la humanidad
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Es considerado el padre de la medicina occidental.
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Su enfoque inauguró la tradición médica empírica y ética que inspiró a médicos como Galeno, Avicena, Paracelso y Vesalio.
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El Juramento Hipocrático ha sido base moral de la medicina durante más de dos milenios, y sus principios siguen presentes en la bioética moderna.
🛠️ 5. Aplicación práctica en la vida actual
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Su legado nos recuerda que la salud es integral: cuerpo, mente y entorno.
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Su ética médica es una defensa contra la deshumanización de la medicina tecnocrática actual.
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Su enfoque observacional es un modelo de pensamiento riguroso y prudente aplicable a cualquier área del saber.
🗣️ 6. Frase representativa
“Dondequiera que el arte de la medicina es amado, también hay amor por la humanidad.”
El Maestro no persigue el poder,
sábado, 16 de agosto de 2025
Me irrita la felicidad de todos estos hombres que no saben que son infelices. Sus vidas humanas están llenas de todo lo que no sería sino angustia para una sensibilidad verdadera. Pero como la vida real que llevan es vegetativa, lo que sufren pasa por ellos sin tocarles el alma, y viven una vida que se puede comparar solamente a la de un hombre con dolor de dientes que hubiese recibido una fortuna – la fortuna auténtica de vivir sin darse cuenta, el don más alto que los dioses conceden, porque es el don de permitir a un hombre ser semejante a ellos, superior como ellos (aunque de otro modo) tanto a la alegría como al dolor.
Conversación imaginaria entre Irvin D. Yalom y Gabriel Rolón, dos figuras muy distintas pero complementarias en su forma de entender el sufrimiento humano, particularmente el desamor, desde el psicoanálisis y la psicoterapia existencial.
viernes, 15 de agosto de 2025
Esa “espiritualidad” contemporánea —la que inunda redes sociales, cursos de mindfulness, frases de Instagram y “retiros” carísimos en la playa— es, en muchos casos, una espiritualidad anestésica. No incomoda, no exige, no transforma estructuras, solo adormece conciencias y acomoda el ego.
«Soy el que ahuyentó el miedo de la correa de mi padre cuando era azotado en el cuarto de baño, soy Bukowski, el que lo miró a los ojos y advirtió que ya no despedían fiereza, sino que parecían vacíos y evitaban los míos. Soy quien bebió whisky a su antojo en los céntricos bares de Los Ángeles, el escritor que inyecta sangre y “belleza”, soy la bestia, soy un hombre de palabras, soy la humedad de la noche; la caída vertiginosa del mundo, el rebelde que rió de su padre cuando le decía que debía ser ingeniero para ganar mucho dinero, soy quien junto a Hemingway exploró las corrientes subterráneas del corazón del hombre. Soy Bestiabuk el poeta que pasó toda la noche mirando la fiesta de graduación a través de la malla metálica de la ventana, soy el hombre de la barra que mira a esa joven hermosa con un trago en la mano susurrando a la oreja de su acompañante. Soy quien ve a muchos hombres muertos, recibiendo órdenes con una sonrisa de imbéciles, serviles y encantado de serlo. Soy Charles Bukowski, soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre».
jueves, 14 de agosto de 2025
En los bosques y ciudades, los cuervos guardan un secreto que parece sacado de un antiguo manual de alquimia: cuando sienten que algo no anda bien en su cuerpo, se posan sobre un hormiguero, abren sus alas y esperan a que decenas de hormigas suban por sus plumas. Lejos de ser un martirio, este ritual —conocido como anting— es una forma de medicina natural. Las hormigas liberan ácido fórmico, una sustancia con propiedades antimicrobianas y antiparasitarias. Para el ave, es un baño terapéutico que alivia, limpia y protege.
miércoles, 13 de agosto de 2025
La Fama y el Olvido: Reflexiones sobre la Gloria Pasajera
martes, 12 de agosto de 2025
Sócrates
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