domingo, 31 de marzo de 2024

Julio Cortázar



 ¿Qué venía yo a hacer al Pont des Arts? Me parece que ese jueves de diciembre tenía pensado cruzar a la orilla derecha y beber vino en el cafecito de la rue des Lombards donde madame Léonie me mira la palma de la mano y me anuncia viajes y sorpresas. Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro. De manera que nunca te llevé a que madame Léonie, Maga; y sé, porque me lo dijiste, que a vos no te gustaba que yo te viese entrar en la pequeña librería de la rue de Verneuil, donde un anciano agobiado hace miles de fichas y sabe todo lo que puede saberse sobre historiografía. Ibas allí a jugar con un gato, y el viejo te dejaba entrar y no te hacía preguntas, contento de que á veces le alcanzaras algún libro de los estantes más altos. Y te calentabas en su estufa de gran caño negro y no te gustaba que yo supiera que ibas a ponerte al lado de esa estufa. Pero todo esto había que decirlo en su momento, sólo que era difícil precisar el momento de una cosa, y aún ahora, acodado en el puente, viendo pasar una pinaza color borravino, hermosísima como una gran cucaracha reluciente de limpieza, con una mujer de delantal blanco que colgaba ropa en un alambre de la proa, mirando sus ventanillas pintadas de verde con cortinas Hansel y Gretel, aún ahora, Maga, me preguntaba si este rodeo tenía sentido, ya que para llegar a la rue des Lombards me hubiera convenido más cruzar el Pont Saint-Michel y el Pont au Change. Pero si hubieras estado ahí esa noche, como tantas otras veces, yo habría sabido que el rodeo tenía un sentido, y ahora en cambio envilecía mi fracaso llamándolo rodeo. Era cuestión, después de subirme el cuello de la canadiense, de seguir por los muelles hasta entrar en esa zona de grandes tiendas que se acaba en el Chátelet, pasar bajo la sombra violeta de la Tour Saint-Jacques y subir por mi calle pensando en que no te había encontrado y en madame Léonie.

    Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven. Sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo. Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metimos en un café del Boul’Mich’ y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero, un Figari con violetas de anochecer, con caras lívidas, con hambre y golpes en los rincones. Más tarde te creí, más tarde hubo razones, hubo madame Léonie que mirándome la mano que había dormido con tus senos me repitió casi tus mismas palabras. «Ella sufre en alguna parte.
    Siempre ha sufrido. Es muy alegre, adora el amarillo, su pájaro es el mirlo, su hora la noche, su puente el Pont des Arts.» (Una pinaza color borravino, Maga, y por qué no nos habremos ido en ella cuando todavía era tiempo.) Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Como no sabías disimular me di cuenta en seguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos, y entonces primero cosas como estrellas amarillas (moviéndose en una jalea de terciopelo), luego saltos rojos del humor y de las horas, ingreso paulatino en un mundo-Maga que era la torpeza y la confusión pero también helechos con la firma de la araña Klee, el circo Miró, los espejos de ceniza Vieira da Silva, un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil. Y entonces en esos días íbamos a los cineclubs a ver películas mudas, porque yo con mi cultura, no es cierto, y vos pobrecita no entendías absolutamente nada de esa estridencia amarilla convulsa previa a tu nacimiento, esa emulsión estriada donde corrían los muertos; pero de repente pasaba por ahí Harold Lloyd y entonces te sacudías el agua del sueño y al final te convencías de que todo había estado muy bien, y que Pabst y que Fritz Lang. Me hartabas un poco con tu manía de perfección, con tus zapatos rotos, con tu negativa a aceptar lo aceptable. Comíamos hamburgers en el Carrefour de l’Odéon, y nos íbamos en bicicleta a Montparnasse, a cualquier hotel, a cualquier almohada. Pero otras veces seguíamos hasta la Porte d’Orléans, conocíamos cada vez mejor la zona de terrenos baldíos que hay más allá del Boulevard Jourdan, donde a veces a medianoche se reunían los del Club de la Serpiente para hablar con un vidente ciego, paradoja estimulante. Dejábamos las bicicletas en la calle y nos internábamos de a poco, parándonos a mirar el cielo porque ésa es una de las pocas zonas de París donde el cielo vale más que la tierra. Sentados en un montón de basuras fumábamos un rato, y la Maga me acariciaba el pelo o canturreaba melodías ni siquiera inventadas, melopeas absurdas cortadas por suspiros o recuerdos. Yo aprovechaba para pensar en cosas inútiles, método que había empezado a practicar años atrás en un hospital y que cada vez me parecía más fecundo y necesario. Con un enorme esfuerzo, reuniendo imágenes auxiliares, pensando en olores y caras, conseguía extraer de la nada un par de zapatos marrones que había usado en Olavarría en 1940. Tenían tacos de goma, suelas muy finas, y cuando llovía me entraba el agua hasta el alma. Con ese par de zapatos en la mano del recuerdo, el resto venía solo: la cara de doña Manuela, por ejemplo, o el poeta Ernesto Morroni. Pero los rechazaba porque el juego consistía en recobrar tan sólo lo insignificante, lo inostentoso, lo perecido.

Neil Gaiman


I believe that all
men are just
overgrown boys
with deep
problems
communicating


 

  Como Poe, Lovecraft abandona definitivamente las invenciones mágicas o legendarias de los góticos y, en su lugar, los terrores del alma, la enfermedad, la perversidad o la decadencia, se convierten en verdaderos protagonistas, culminando con ello la mutación del cuento de miedo anunciada por el primero con su renuncia a seguir utilizando temas y personajes del repertorio romántico (castillo encantado, fantasma, vampiro, pacto diabólico, brujería, etc.) para materializar sus propias fobias y temores infantiles, mostrando así «el terror lívido de los sueños, terror de muerte, de juicio final, meteórico, inexplicable», en palabras del insigne vate criollo antes mencionado. Los tímidos intentos de finales del siglo XIX de racionalizar los mitos antiguos, dotándolos de una base más realista y cercana a nosotros, sustentada en nuevas hipótesis seudocientíficas, cristalizaron en la obra alucinatoria de Lovecraft, cima indiscutible del llamado «cuento materialista de miedo» y punto de inflexión hacia la moderna ciencia-ficción.

    En la nueva mitología fantástica propuesta por el introvertido soñador de Providence ya no hay Dios ni Diablo, ni monstruos de origen sobrenatural, tan sólo híbridos semihumanos y seres extrarerrestres o extradimensionales, cuyos pretendidos poderes específicos se basan exclusivamente en la suposición de que todavía subsisten ancestrales secretos científicos, procedentes de desaparecidas civilizaciones prehumanas y hoy perdidos por nuestro saber mecanicista. A partir de él, la pura magia de antaño puede explicarse racionalmente mediante simples fórmulas matemáticas no euclidianas, lo mismo que el descenso al mundo onírico se troca en fascinante periplo a otras dimensiones o a los abismos del tiempo. El terror se desplaza así del plano físico al mental, del consciente al inconsciente, y el miedo se convierte en horror cósmico.

    Juan Antonio Molina Foix

viernes, 29 de marzo de 2024


 

 Aléjate, aléjate de los oscuros, de los tibios, de los tristes, de los aburridos, de los que no sabes si van o vienen, de si suben o bajan. Aléjate de los que tienen el corazón de hielo, de los que son incapaces de regalar sonrisas con lo baratas que son, de los que se guardan los besos para mejor ocasión y no saben que nunca se debe dejar nada para mañana.


Aléjate de los que no saben amar con el alma abierta de par en par, de los que esconden sus miedos tras una armadura de hierro, de los que no te miran de frente y de los que no saben besar con los ojos cerrados, aléjate.

Aléjate de los listos que se hacen los tontos, de los que se creen que te chupas el dedo o te caíste de un guindo, de los que no saltan de una rama a la siguiente mientras no están seguro de agarrar la otra, de los que te venden un cuento que no se lo creen ni ellos, de los vende humos y de los que tienen la cabeza vacía, aléjate.

Aléjate de los que hablan con la boca pequeña, de los que dicen mucho y hacen poco, de los que prometen el cielo, pero no se mueven de la tierra, de los que quieren llevar la luna a tu almohada, pero no sé atreven a salir de noche a por ella, aléjate.

J.M. Quirós 

 Después de tantos años estudiando la ética, he

llegado a la conclusión de que toda ella se

resume en tres virtudes: coraje para vivir,

generosidad para convivir, y prudencia para

sobrevivir.

(Fernando Savater)

jueves, 28 de marzo de 2024

 "Cuando mis pensamientos están ansiosos, inquietos y malos, me voy a la orilla del mar, y el mar los ahoga y los manda lejos con sus grandes sonidos anchos, lo purifica con su ruido, y impone un ritmo sobre todo lo que en mí es desorientado y confundido".

Rainer Maria Rilke


 César Vallejo

 No leemos a otros: nos

leemos en ellos. "

- José Emilio Pacheco

martes, 26 de marzo de 2024

 «Mis padres —decía Mark Twain, el autor de Un yanqui en la corte del Rey Arturo y de Tom Sawyer — no eran ni excesivamente pobres ni excesivamente honrados.» Esta humorística frase nos recuerda que no es sencillo hacerse rico trabajando. Cuando alguien no es rico, organizar la vida requiere previsión. Me costó tiempo entender por qué en Caracas la gente hacía cola para comprar el billete de ida y el billete de vuelta en el metro. Conviviendo pude saberlo. Lo hacían por si acaso se ahorraban, de la manera que fuera, el viaje de vuelta. Cuando no hay muchos recursos, hay que ahorrarlos. Uno de los edificios más altos del centro de Caracas lleva el nombre de una aseguradora: «La Previsora.» Prever es un objetivo de la vida social.

    Los orígenes de la seguridad social llevaban ese nombre: institutos de previsión. Para no tener que inventarse cada día el sustento. Incertidumbre que amenaza con regresar a Europa con la crisis económica y el desmantelamiento del Estado social. Cuando la sociedad no provee, la vida se convierte en un azar. De niño, de joven, en la madurez y en la vejez. Estar incluido socialmente significa no jugártelo todo cada día, tener algunas certezas, poder hacer planes. La provisión social no puede lograrse de manera individual porque cuando se deja a las relaciones en el mercado, unos se quedan con lo de los otros (no en un juego limpio, sino utilizando la fuerza del ejército, de la policía, de los jueces o de la Iglesia). Las primeras asociaciones de trabajadores fueron prohibidas, perseguidas, reprimidas. Las leyes de pobres obligaban a trabajar, y cuando eso no bastó se recurrió a la esclavitud. Se cercaron los prados comunales y se proscribió la ayuda mutua. Aislados, no quedó otra que vender la fuerza de trabajo al precio que ofrecieran. Y dijeron que todos éramos libres de aceptar o no. Todos somos libres también de irnos a vivir debajo de un puente. Pero solo algunos hacen uso de esa libertad.

    Los pueblos sin previsión, los que salen cada día casi a inventarse todo, son más felices que los pueblos con seguridad social. Les alegra cualquier cosa. Un pequeño obsequio les arregla el día. Y la competencia no es mercantil, sino que tiene lugar de forma más terrenal. Cada cual tiene su ventaja personal y todos se saben más parecidos entre sí. Es, en cualquier caso, una felicidad infantil. La del que no se imagina una alternativa real —y regresa al sueño de la Cenicienta, al golpe de suerte, a la providencia que por fin se ha fijado en su humilde siervo—. Los accidentes son vistos como inevitables —o mandados por Dios—. Si la naturaleza —o el Estado— te da algo, lo tomas. Viven la incertidumbre pero ya han renunciado a la angustia. Pueblos que necesitan creer en santos o en héroes. Por qué tenemos más y somos más infelices tiene que ver con que le dimos demasiado peso a un determinado tipo de cosas en ese incremento de bienes. Como alertó Erich Fromm, no es lo mismo ser que tener. Perdimos el sentido, y los balbuceos de trascendencia se los quedó la religión. Cuando la revolución salió de escena, el mundo occidental, el escaparate político de la vieja Europa, se convirtió en algo satisfecho y aburrido.

Juan Carlos Monedero

Mahler


 

 “Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve". 


Oscar Wilde.

lunes, 25 de marzo de 2024


 Charles Darwin

 -¡Nunca, nunca pienses en lo que otro dice! ¡Niégate rotundamente! Sólo piensa en tus pensamientos. Y ahora, ¿en qué piensas?

-Recuerdo un libro suyo que acabo de leer... un libro de sonetos.

-Oh, sí. A mí me ha dado por escribir sonetos como a otros les dio por hacer sonatas, lo mismo que si fueran corcholatas, etiquetas, botones o boletos. A mí me ha dado por descubrir secretos. A mí me ha dado por volar veletas. A mí me ha dado por recordar siluetas y medir bien la luz de los abetos... así es, yo sólo conozco de sonetos como otros conocen de sonatas.

-¿Cree que uno llega realmente a conocer algo?

-Uno llega a conocer sus límites, las fronteras, los diques y los muelles. En los muelles se aguarda al que ha de venir... el amante aguarda al amante. Lo "aguarda", no lo espera, porque cualquiera aguarda, pero no cualquiera espera. Se espera lo que nadie puede saber... lo secreto, se espera lo... innombrable... se espera...

Pita Amor

 El viaje 

María Elena Walsh 

...

Sólo quiero tu casa de ternura,

vivir en su calor.

Eres el mar y la orilla segura

porque el único viaje es el amor.


Reconocer tu alma, qué aventura

de mágico sabor.

Allí tendré profundidad y altura

porque el único viaje es el amor.


Besos desconocidos como puertos

esperan bajo un cielo de mirada.

Lo demás es dolor.


Hoy vuelvo de países que están muertos,

después de un mar que no me dijo nada,

porque el único viaje es el amor.

sábado, 23 de marzo de 2024

 "Ser uno mismo es, siempre, llegar a ser ese otro que somos y que llevamos escondido en nuestro interior, más que nada como promesa o posibilidad de ser".

Octavio Paz


 Alberti

Sherwin B. Nuland

  La muerte rara vez, o nunca, se presenta de acuerdo con nuestros planes, o incluso nuestras expectativas. Cada uno desea extinguirse de un modo apropiado, en una versión moderna del ars moriendi y la belleza de los momentos finales. Desde que los seres humanos empezaron a escribir han consignado su deseo de ese final idealizado que algunos denominan la «buena muerte», como si alguno de nosotros pudiera contar con ella o tener alguna razón para esperarla. Al tomar decisiones, hay que esquivar escollos y buscar formas de esperanza, pero, más allá de esto, debemos perdonarnos si no estamos a la altura de la imagen preconcebida de la muerte ideal. La naturaleza tiene que cumplir una tarea y para ello emplea el método que parece más apropiado para cada individuo que ha creado: a éste lo ha hecho propenso a la enfermedad cardíaca, a aquel al ictus, a aquel otro al cáncer, sea después de largo tiempo sobre la tierra o tras un tiempo que parecerá demasiado breve. La economía animal ha creado las circunstancias por las que a cada generación ha de sucederle la siguiente. Contra las implacables fuerzas y ciclos de la naturaleza no puede haber victoria duradera. Cuando al fin llega el momento y percibimos claramente que hemos alcanzado el punto en que, como el Jochanan Hakkdosh de Browning, nuestros «pies recorren el camino de toda carne», debemos recordar que no sólo es el camino de toda carne, sino el camino de toda forma de vida. La naturaleza tiene sus propios planes para nosotros y a pesar de las inteligentes astucias que inventamos para retrasarlos, no hay modo de anularlos. Incluso los suicidas se ajustan al ciclo, y podría ser que el estímulo de su acción forme parte de un vasto plan que sólo sea otro ejemplo de las inmutables leyes de la naturaleza y su economía animal. Shakespeare hace decir a Julio César que: De todas las cosas asombrosas que he escuchado, la más extraña es el temor; viendo que la muerte, un fin necesario, llegará cuando llegue.

viernes, 22 de marzo de 2024

Silvina Ocampo

 Ah, nada, nada es mío!

Ni el tono de mi voz, ni mis ausentes manos,ni mis brazos lejanos.
Todo lo he recibido. Ah, nada, nada es mío.
Soy como los reflejos de un lago tenebrosoo el eco de las voces en el fondo de un pozo
azul cuando ha llovido.
Todo lo he recibido:
como el agua o el cristal
que se transforma en cualquier cosa,
en humo, en espiral,
en edificio, en pez, en piedra, en rosa.
Son distinta de mí, tan diferente,
como algunas personas cuando están entre gente.
Soy todos los lugares que en mi vida he amado.
Soy la mujer que más he detestado
y ese perfume que me hirió una noche
con los decretos de un destino incierto.
Soy las sombras que entraban en un coche,
la luminosidad de un puerto,
los secretos abrazos, ocultos en los ojos.
Soy de los celos, el cuchillo,
y los dolores con heridas, rojos.
De las miradas ávidas y largas soy el brillo.
Soy la voz que escuché detrás de las persianas,
la luz, el aire sobre las lambercianas.
Soy todas las palabras que adoré
en los labios y libros que admiré.
Soy el lebrel que huyó en la lejanía,
la rama solitaria entre las ramas.
Soy la felicidad de un día,
el rumor de las llamas.
Soy la pobreza de los pies desnudos,
con niños que se alejan, mudos.
Soy lo que no me han dicho y he sabido.
¡Ah, quise yo que todo fuera mío!
Soy todo lo que ya he perdido.
Mas todo es inasible como el viento y el río,
como las flores de oro en los veranos
que mueren en las manos.
Soy todo, pero nada es mío,
ni el dolor, ni la dicha, ni el espanto,
ni las palabras de mi canto.


 "DON'T USE THE PHONE.

PEOPLE ARE NEVER READY

TO ANSWER IT.

USE POETRY.


-JACK KEROUAC

Julio Cortazar

 Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.

    Inútil. Condenado a ser absuelto. Vuélvase a casa y lea a Spinoza. La Maga no sabe quién es Spinoza. La Maga lee interminables novelas de rusos y alemanes y Pérez Galdós y las olvida en seguida. Nunca sospechará que me condena a leer a Spinoza. Juez inaudito, juez por sus manos, por su carrera en plena calle, juez por sólo mirarme y dejarme desnudo, juez por tonta e infeliz y desconcertada y roma y menos que nada. Por todo eso que sé desde mi amargo saber, con mi podrido rasero de universitario y hombre esclarecido, por todo eso, juez. Dejate caer, golondrina, con esas filosas tijeras que recortan el cielo de Saint-Germain-des-Prés, arrancá estos ojos que miran sin ver, estoy condenado sin apelación, pronto a ese cadalso azul al que me izan las manos de la mujer cuidando a su hijo, pronto la pena, pronto el orden mentido de estar solo y recobrar la suficiencia, la egociencia, la conciencia. Y con tanta ciencia una inútil ansia de tener lástima de algo, de que llueva aquí dentro, de que por fin empiece a llover, a oler a tierra, a cosas vivas, sí, por fin a cosas vivas.

jueves, 21 de marzo de 2024

  «Toda certeza está en los sueños», solía decir Edgar Allan Poe que, no por casualidad, dedicó su última obra, el deslumbrante poema cosmogónico Eureka , «a los que sienten más que a los que piensan, a los soñadores y a los que depositan su fe en los sueños como únicas realidades». Hasta Poe nunca nadie había revelado con tanta precisión la vida interior de las pesadillas que atormentan implacablemente a todo aquél que se aventura con audacia, sin reservas, en el proceloso e ilógico país de los sueños, en el cual él se desenvolvía completamente a sus anchas, cual si se tratara de un iniciado de épocas pretéritas, alguien que almacenara reminiscencias inmemoriales y atisbos de sabidurías herméticas hace tiempo desaparecidas, o que hubiese vislumbrado cosas que únicamente se pueden percibir vagamente «en las brumas del éxtasis... en el reino místico y en los imperios de la sombra» (en palabras de Rubén Darío).

    Al igual que el autor de "El cuervo", Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) fue un ave nocturna y un cazador de sueños. Para este recluso que por voluntad propia vivió en perpetuo exilio interior, perversamente orgulloso de su total carencia de sentido práctico y de su autosuficiencia, la noche no sólo constituía el marco idóneo para sus escapadas al abrigo de los curiosos y el escenario privilegiado de sus aficiones favoritas: contemplar las estrellas, leer con avidez cuanto caía en sus manos y, sobre todo, escribir (poesía, ensayo, relatos y especialmente sus más de cien mil cartas acreditadas, sucedáneo de su casi inexistente vida social), sino que le posibilitaba el acceso al paradisíaco reino de los sueños. Al refugiarse en su hermético mundo onírico, Lovecraft se embarcó en un viaje sin retomo hacia una nueva dimensión: el miedo cósmico, el «terror de los espacios infinitos», que estremecía a Pascal. Su deslumbrante visión fantástica alumbró un universo totalmente autónomo mediante el cual la imaginación lograba acceder a regiones donde hasta entonces nadie había osado aventurarse, demostrando que los sueños constituyen una puerta de entrada a otras dimensiones más allá de la cuarta, inalcanzables para los seres humanos.

    Juan Antonio Molina Foix


Margaret Atwood

 

 " - ¿Crees que no te quisieron demasiado?-

Ella volvió la cabeza y me miró fijamente. Hizo un gesto afirmativo.

-Yo diría que entre un «no lo suficiente» y un «nada de nada». Siempre estuve hambrienta. Aunque solo hubiera sido una vez, hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme. Hasta poder decir: «Ya basta. Estoy llena. No puedo más». Me hubiera conformado con una vez".

Haruki Murakami,


Marco Aurelio

 Basta de vida miserable, de murmuraciones, de astucias. ¿Por qué te turbas?, ¿qué novedad hay en eso?, ¿qué te pone fuera de ti? ¿La causa? Examínala. ¿La materia? Examínala. Fuera de eso nada existe. Más, a partir de ahora, sea tu relación con los dioses de una vez más sencilla y mejor. Lo mismo da haber indagado eso durante cien años que durante tres.

miércoles, 20 de marzo de 2024

Victor Hugo



 Bien pobre era el ratón cogido; pero el gato se alegra aun por el ratón más flaco.

 ¿Quiénes eran los Thénardier?

 Digámoslo en una palabra, ahora. Más tarde completaremos el croquis.

 Estos seres pertenecían a esa clase bastarda, compuesta de gentes groseras que se han elevado y de gentes inteligentes que han decaído, que está entre la clase llamada media y la llamada inferior, y que combina algunos de los defectos de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin tener el generoso impulso del obrero ni el honesto orden del burgués.

 Eran de esas naturalezas enanas que, si por azar las caldea un fuego sombrío, llegan con facilidad a hacerse monstruosas. En la mujer había el fondo de un bruto, y en el hombre la estofa de un bribón. Ambos eran, en el más alto grado, capaces de cierta especie de repugnante progreso que se hace en el sentido del mal. Existen almas como el cangrejo, que retroceden continuamente hacia las tinieblas, retrogradan más que adelantan en la vida, empleando su experiencia en aumentar su deformidad, impregnándose cada vez más de una negrura creciente. Aquel hombre y aquella mujer eran de esta clase de almas.

 Thénardier, particularmente, era repugnante para el fisonomista. A ciertos hombres, no hay más que mirarlos para desconfiar de ellos, porque se los ve tenebrosos por sus dos lados. Inquietan por detrás y son amenazadores por delante. Hay en ellos algo desconocido. No se puede responder de lo que han hecho ni de lo que harán. La sombra que tienen en la mirada los denuncia. Con oírlos pronunciar una palabra, o con verlos hacer un gesto, se entrevén sombríos secretos en su pasado y sombríos misterios en su porvenir.


Benedetti


 

H.G. Wells

Dijo en una ocasión : “Cuando llegue la hora, mi epitafio tendrá que ser : 

Ya os lo dije, malditos locos”.

martes, 19 de marzo de 2024

Hermann Hesse

 -Voy a decirte hoy una cosa, algo que sé hace ya tiempo, y tú también lo sabes ya, pero quizá no te lo has dicho a ti mismo todavía. Ahora te digo lo que sé acerca de ti y de mi y de nuestra suerte. Tú, Harry, has sido un artista y un pensador, un hombre lleno de alegría y de fe, siempre tras la huella de lo grande y de lo eterno, nunca satisfecho con lo bonito y lo minúsculo. Pero cuanto más te ha despertado la vida y te ha conducido hacia ti mismo, más ha ido aumentando tu miseria y tanto más hondamente te has sumido hasta el cuello en pesares, temor y desesperanza, y todo lo que tú en otro tiempo has conocido, amado y venerado como hermoso y santo, toda tu antigua fe en los hombres y en nuestro alto destino, no ha podido ayudarte, ha perdido su valor y se ha hecho añicos. Tu fe ya no tenía aire para respirar. Y la asfixia es una muerte muy dura. ¿Es exacto Harry? ¿Es ésta tu suerte? Yo asentía y asentía. -Tú llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo, sino una buena habitación burguesa, en donde uno está perfectamente satisfecho con la comida y la bebida, con el café y la calceta, con el juego de tarot y la música de la radio. Y el que ama y lleva dentro de silo otro, lo heroico y bello, la veneración de los grandes poetas o la veneración de los santos, ése es un necio y un quijote.


 

David Angulo

 En términos generales, el lenguaje utilizado por las personas es crítico y represivo en un noventa por ciento y asertivo en sólo un diez por ciento. Esto tiene una explicación. La sociedad es envidiosa y competitiva; es consciente de que el lenguaje asertivo es el mayor poder sobre la tierra, pues tiene el poder de liberar la conciencia de la ignorancia, del temor, del egoísmo y de convertir a las personas en líderes. Y un líder es “peligroso”, porque tiene el poder, la necesidad y el valor de luchar por su libertad y por la libertad de los demás. Un líder asume el compromiso del cambio social y esta posibilidad asusta a la sociedad mediocre y perezosa. La sociedad se defiende ahogando todo deseo de desarrollo y de libertad a través de un lenguaje crítico y represivo.

lunes, 18 de marzo de 2024

Yukio Mishima

 «No saben ni la definición de peligro. Creen que peligro significa algo físico, hacerse un rasguño y que salga un poco de sangre y los periódicos armando un alboroto. Bien, pues eso no tiene nada que ver con el peligro. El verdadero peligro no radica sino en vivir. Claro está que vivir no es más que el caos de la existencia, y más aún: es el afán loco y erróneo de ir desmantelando instante a instante la existencia hasta ver restaurado el caos inicial, y entonces, con la fuerza que da la incertidumbre y el miedo originado por el caos, volver a recrear instante a instante la existencia. No hay cosa más peligrosa que ésa. La existencia, en sí misma, no comporta ningún miedo, ni ninguna incertidumbre, pero el vivir crea ambas cosas»



 “¡De qué modo tan singular, tan incomprensible, juega con nosotros el destino!... ¿Conseguimos alguna vez lo que deseamos? ¿Alcanzamos aquello para lo que están dispuestas nuestras fuerzas?  todo ocurre, por el contrario, al revés. 

Al uno otorgó la suerte maravillosos caballos y pasea con ellos indiferente, sin reparar en su belleza, mientras que otro, cuyo corazón arde de pasión por los caballos, camina a pie y se satisface tan sólo chascando la lengua cuando delante de él pasa un buen trotador. Aquél dispone de un magnífico cocinero; pero, desgraciadamente, su boca es tan pequeña que no puede pasar por ella más de dos pedacitos; otro la tiene, en cambio, del tamaño del arco del edificio del Estado Mayor y ha de contentarse con comida alemana hecha a base de papas. ¡De qué extraña manera juega con nosotros el destino! ¡Todo es engaño! ¡Todo es ensueño! ¡Todo es otra cosa de lo que parece!"


             Nikolái Gógol

 «Siempre es demasiado tarde para retroceder. De pronto te despiertas un día sabiendo que esto no va a acabar nunca, que va a ser siempre así. Tomar el primer tren, decidir deprisa. O aquí o allá. O blanco o negro. De éste me fío, de éste no. Anoche soñé que estaba en Leipzig con Georg y los demás en una reunión en la casa del lago alrededor de una mesa con un mantel de lino, un búcaro con tulipanes, el libro de John Reed y una pistola. Estuve toda la noche soñando con esa pistola y me desperté con un sabor a polvo de carbonilla en la garganta.»

Susana Fortes

domingo, 17 de marzo de 2024

Erich Fromm



 Esa actitud —que no hay nada más fácil que amar— sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores —o renunciaría a la actividad—. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor. El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería. ¿Cuáles son los pasos necesarios para aprender cualquier arte? El proceso de aprender un arte puede dividirse convenientemente en dos partes: una, el dominio de la teoría; la otra, el dominio de la práctica. Si quiero aprender el arte de la medicina, primero debo conocer los hechos relativos al cuerpo humano y a las diversas enfermedades. Una vez adquirido todo ese conocimiento teórico, aún no soy en modo alguno competente en el arte de la medicina. Sólo llegaré a dominarlo después de mucha práctica, hasta que eventualmente los resultados de mi conocimiento teórico y los de mi práctica se fundan en uno, mi intuición, que es la esencia del dominio de cualquier arte. Pero aparte del aprendizaje de la teoría y la práctica, un tercer factor es necesario para llegar a dominar cualquier arte —el dominio de ese arte debe ser un asunto de fundamental importancia; nada en el mundo debe ser más importante que el arte. Esto es válido para la música, la medicina, la carpintería y el amor—. Y quizá radique ahí el motivo de que la gente de nuestra cultura, a pesar de sus evidentes fracasos, sólo en tan contadas ocasiones trata de aprender ese arte. No obstante el profundo anhelo de amor, casi todo lo demás tiene más importancia que el amor: éxito, prestigio, dinero, poder; dedicamos casi toda nuestra energía a descubrir la forma de alcanzar esos objetivos y muy poca a aprender el arte del amor. ¿Sucede acaso que sólo se consideran dignas de ser aprendidas las cosas que pueden proporcionarnos dinero o prestigio, y que el amor, que «sólo» beneficia al alma, pero que no proporciona ventajas en el sentido moderno, sea un lujo por el cual no tenemos derecho a gastar muchas energías? Sea como fuere, este estudio ha de referirse al arte de amar en el sentido de las divisiones antes mencionadas: primero, examinaré la teoría del amor —lo cual abarcará la mayor parte del libro—, y luego analizaré la práctica del amor, si bien es muy poco lo que puede decirse sobre la práctica de éste como en cualquier otro campo.

This is Art: Currículum Vitae de Leonardo Da Vinci


 

Benedetti


 

sábado, 16 de marzo de 2024


 Fitzgerald

Ramón Gener

 Serguéi Rajmáninov escribió su primera sinfonía y la crítica le pegó unos palos bestiales. Le dieron tanta caña que el hombre dijo: “No voy a componer música nunca más”. Pero un día conoció al doctor Dahl. Y el doctor Dahl, que hacía hipnosis y psicoterapia y cosas así, le convenció para hacer una terapia con él porque él estaba paralizado por el miedo, estaba paralizado por el miedo al fracaso, a volver a fracasar. Así que se fue con el doctor Dahl y estuvo durante tres meses haciendo hipnosis y haciendo historias con él. Hay que decir que Rajmáninov también iba muy a gusto a casa del doctor Dahl porque el doctor Dahl tenía una hija que estaba muy bien. Pero más allá de todo esto, después de los tres meses escribió su segundo concierto para piano y orquesta, que es una obra estratosférica, y se la dedico al doctor Dahl. Arriba pone: “A mi querido doctor Dahl”. Pero él logró quitarse el miedo al fracaso. Porque no existe el miedo al fracaso. El único fracaso es quedarse en casa, el único fracaso es no intentarlo, el único fracaso es no ir, porque si vas, es imposible que fracases. Es que es imposible. Porque tú te vas al Prado, te vas al ‘Thyssen’, te vas al ‘Reina Sofía’, te vas al ‘Teatro Real’, te vas adonde sea, es imposible que fracases, imposible, porque todo el mundo tiene la capacidad de emocionarse. Así que el fracaso o el miedo debería ser quedarse en casa, así que que nadie se quede en casa, que todo el mundo salga corriendo al teatro, al museo. Y vas entrando, vas entrando, vas entrando en otro mundo, en otro mundo, en otro mundo, en otro mundo. Y mola mucho, ¿eh?, que te pase eso. Mola mucho.

Hannah Arendt


 

viernes, 15 de marzo de 2024

 En ”La danza de la realidad”, Alejandro Jodorowsky habla de su amigo poeta Enrique Lihn:

Su cuarto era pequeño, su cama estrecha, su armario enano. Sin embargo aquello estaba convertido en un palacio: Lihn, con letras menudas, llenas de ángulos, había cubierto las paredes y el techo de poemas. También los postigos y los cristales de la ventana, los muebles, la puerta, las tablas del suelo, el pergamino de la lámpara. Y a esto se le agregaban montones de hojas manuscritas, versos cubriendo el blanco de los libros; billetes de tranvía, boletos de cine, servilletas de papel, conteniendo a duras penas sus versos. Me sentí sumergido en un compacto mar de letras. Donde posaba mi mirada surgía un canto torturado pero hermoso.

- ¡Qué lástima, Enrique, esta obra maravillosa se va a perder!

- No importa: los sueños también se pierden y nosotros mismos, poco a poco, nos disolvemos. La poesía, sombra de un águila que vuela hacia el sol, no puede dejar huellas en la tierra. La oración que más complace a los dioses es el sacrificio. Un poema llega a su perfección, cual ave Fénix, cuando arde…

Veo el mundo como un caos y en el centro una rosa
veo la rosa como el ojo feliz de la hermosura y en su centro el gusano
veo el gusano como un fragmento de la inmensa vida y en su centro la muerte
veo la muerte como la llama de la nada y en su centro la esperanza
veo la esperanza como un vitral cantando a mediodía y en su centro el hombre.

• Julio Cortázar

 And I blame this world for making a good man evil

It's this world that can drive a good man mad

And it's this world that turns a killer into a hero

Well, I blame this world for making a good man bad

 "Tengo miedo de creer que el amor es tan sólo un poema inventado por mí".

Gloria Fuertes

jueves, 14 de marzo de 2024

Pascal Mercier

 Es un error creer que esos momentos decisivos en los que la vida cambia para siempre su dirección habitual son de un dramatismo claro y sonoro, acompañado de una conmoción interior. No es más que un invento de mal gusto, pergeñado por periodistas bebedores, por cineastas y escritores amantes del éxito fácil, cuyas mentes parecen una página de la prensa escandalosa. En verdad, el dramatismo de una experiencia que así define la vida suele ser increíblemente silencioso. Está tan lejano de un estallido, de una llamarada, de la erupción de un volcán, que la experiencia resulta casi imperceptible aun en el momento de atravesarla. Cuando despliega su efecto revolucionario para que la vida quede entonces bañada de una luz totalmente nueva, con una melodía completamente nueva, lo hace silenciosamente; en este silencio maravilloso reside su particular nobleza.


 

  En 2009 hubo un golpe de Estado en Honduras, el primero de los consentidos por la administración Obama. La razón principal del golpe que derrocó al presidente constitucional Mel Zelaya fue su intención de subir el salario mínimo y su acercamiento al ALBA (organización supranacional impulsada por Venezuela). Democracia contra competitividad. Ganó la competitividad. Por supuesto, envuelta en la defensa de la democracia. Después vendrían Libia, Siria, Egipto. Obama nunca cerró Guantánamo, pero encarceló al soldado Manning y obligó a Snowden y a Assange a pedir asilo fuera de Estados Unidos. La estatua de la Libertad sigue saludando a quien llega a Nueva York. El presidente Obama sigue siendo premio Nobel de la Paz.

El fascismo social: una forma elegante de marchar al paso de la oca

    El resultado de estas políticas desembocó en lo que Santos ha llamado «fascismo social»: «No se trata de un regreso al fascismo de los años treinta y cuarenta. No se trata, como entonces, de un régimen político sino de un régimen social y de civilización. El fascismo social no sacrifica la democracia ante las exigencias del capitalismo sino que la fomenta hasta el punto en que ya no resulta necesario, ni siquiera conveniente, sacrificarla para promover el capitalismo. Se trata, por lo tanto, de un fascismo pluralista y, por ello, de una nueva forma de fascismo».

    Podemos entender que los fascismos sociales han terminado por convertirse, al menos para una parte importante de la ciudadanía, en sentido común. Son el fascismo del apartheid social: asumir que hay gente que está fuera de los derechos de ciudadanía, sean marginales, madres solteras, inmigrantes, toxicómanos, pobres; el fascismo del Estado paralelo, que asume que el Estado tiene un comportamiento diferente —por ejemplo las fiscalías o las oficinas antifraude— según se trate de unos ciudadanos o de otros; el fascismo paraestatal, el que privatiza ámbitos importantes de la vida social y deja que en algunos ámbitos sociales operen otros grupos de poder como mafias, estructuras de corrupción, paramilitares, etc.; el fascismo territorial, que trata de manera diferente las zonas de un mismo país, declarando en algunas, de manera formal o informal, estados de excepción, persecuciones ciudadanas, redadas policiales, etc.; el fascismo populista, que construye enormes bolsas de exclusión al tiempo que hace un discurso xenófobo, nacionalista y de justificación de las desigualdades; el fascismo de la inseguridad, el que genera enormes bolsas de inquietud, de imposibilidad de previsión social, de violencia latente, de amenaza y de miedo que detiene el clima democrático y alienta la misma violencia con la que paraliza; y el fascismo financiero, el más virulento y que puede excluir, aniquilar y olvidar a países enteros bajo los inclementes cañones de los mercados, las deudas y las obligaciones financieras.

Juan Carlos Monedero

miércoles, 13 de marzo de 2024

 If you want to be a grocer,

or a general, or a politician,

or a judge, you Will

invariably become it;

that is your punishment.

If you never know What you

want to be, if you live What some

might call the dynamic life

but What I Will call the artistic life,

if each day you are unsure of who

you are and What you know you

Will never become anything, and

that is your reward. -Oscar Wilde

Schopenhauer



 <Los bienes que a alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los echa en absoluto de menos, sino que está plenamente contento sin ellos. Otro, en cambio, que posee cien veces más que aquél, se siente desgraciado porque le falta una cosa que pretende. También a este respecto cada uno tiene su propio horizonte de lo que a él le es posible alcanzar. Hasta donde se extiende, llegan sus pretensiones. Si un objeto cualquiera dentro de este horizonte se le presenta de tal manera que puede confiar en obtenerlo, entonces se siente feliz; en cambio es infeliz si surgen dificultades que le privan de la perspectiva de tenerlo. Lo que se halla fuera del alcance de su vista no ejerce ningún efecto sobre él. Esta es la razón por la cual el pobre no se inquieta por las grandes posesiones de los ricos, y por la que, a su vez, el rico no se consuela con lo mucho que ya posee cuando no se cumplen sus pretensiones. La riqueza es como el agua de mar: cuanto más se beba, más sed se tendrá. Lo mismo vale para la fama. Tras la pérdida de las riquezas o de una situación acomodada, tan pronto como se supera el primer dolor, el estado de ánimo habitual no suele ser muy diferente del anterior, y esto se debe al hecho de que, una vez el destino ha reducido el factor de nuestras posesiones, nosotros mismos reducimos en igual medida el factor de nuestras pretensiones. Esta operación es, ciertamente, lo propiamente doloroso en un caso de infortunio: una vez terminada, el dolor va disminuyendo hasta que finalmente no se lo siente más: la herida cicatriza. A la inversa, en un caso de buena fortuna sube el compresor de nuestras pretensiones y éstas se expanden: esto constituye la alegría. Pero tampoco dura más tiempo del que hace falta para terminar del todo esta operación: nos acostumbramos a la dimensión más extensa de nuestras pretensiones y nos volvemos indiferentes hacia las posesiones correspondientes.

Esto ya lo indica el pasaje homérico de la Odisea, XVIII, 130-137, que termina así:

Τοῖος γάρ νόος ἐστὶν ἐπιχϑονίων ἀνϑρώπων

Οἷον ἐφ’ ἡμὰρ ἄγει πατὴρ ἀνδρῶν τε ϑεῶν τε

[«Pues así es el talante de los humanos que habitan la tierra, como la suerte del día que el padre va mandando a dioses y seres humanos»].

La fuente de nuestro descontento se encuentra en nuestros intentos siempre renovados de subir el nivel del factor de las pretensiones, mientras la inmovilidad del otro factor lo impide.>


 "Y él había suspirado entonces y ella le había dicho "¿qué?". Y él le había respondido "¡nada!", como respondemos cuando estamos pensando "todo".

Ernesto Sabato

martes, 12 de marzo de 2024

Margarite Yourcenar

 "Lo mejor para las turbulencias del espíritu, es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas, puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea, devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender".


 "Sucede a veces

que una flor salvaje

perfuma más que una rosa de jardín. 

Sucede

pero no todo el mundo tiene olfato".


 M. R. Rosssi

lunes, 11 de marzo de 2024



 "The one thing that you have

that nobody else has is you.

Your voice, your mind, your

story, your vision. So write

and draw and build and play

and dance and live as only

you can."

Neil Gaiman

Ron Lorent


 

 “Yo bailaré y resistiré, bailaré y persistiré y bailaré.

Este latido de mi corazón suena más alto que la muerte.
Su tambor de guerra no sonará más alto que mi aliento.”
— Nathalie Handal

 "MARÍA SABINA"

Miles de personas de todas las razas la

fueron a ver, alguna vez. Todos los

periódicos, de todo el planeta la fueron a ver

y a entrevistar.

mil cosas les platicó, secretos les enseñó,

los ojos se los abrió,a todo el UNIVERSO.

Todas las revistas de todo el planeta,

hablaron de Ella bien, alguna vez.

Todos los filósofos, todos los poetas la

conocen bien, chulada de mujer, Ella alcanzó

la inmortalidad y lo hizo a nivel MUNDIAL,

en vida llegó a ser casi, casi como un Dios.

Ahora es un símbolo, iElla es como un

símbolo!. MARÍA SABINA es un símbolo de la

SABIDURÍA y EL AMOR.

iElla es un símbolo de amor!.

Un día el Ser Supremo hizo que se fuera a

'Viajar con Él, juntos los dos. Y fue tan fuerte el

viaje, que los dos tuvieron que allá se quedó

ya nunca regresó.

Ella el camino nos enseñó, la ruta nos la trazó,

los ojos nos los abrió, a todo el UNIVERSO.

"ELLA ES UN SÍMBOLO"

Karolyne

 Para conocerme a mi mismo solo he utilizado una técnica: la sospecha.

Carlos Monsivais

sábado, 9 de marzo de 2024

 Pilar del Río Sánchez era ya una periodista reconocida en España cuando llegó a sus manos Memorial del convento, el primer libro que leyó del escritor portugués José Saramago (premio Nobel en 1998). Tanto la conmovió, y la movió, que tuvo la reacción natural: correr a una librería a buscar otro libro del mismo autor. Estaba traducido El año de la muerte de Ricardo Reis. Lo leyó, lo comentó en sus programas de televisión, lo reseñó en la prensa. Pero no fue suficiente: quería conocer al autor de esas páginas. Buscó el teléfono de Saramago y lo llamó a Lisboa.


–Soy su lectora –le dijo–. Voy a Portugal; quisiera conocerlo.
No le pidió una entrevista. Solo quería agradecerle el haberla hecho mejor persona al leer sus libros.

Saramago estaba acostumbrado a que los periodistas lo llamaran con la misma petición. No tuvo problema. Quedaron de verse en el Hotel Mundial –donde ella se iba a hospedar–, el 16 de junio del 86. A las cuatro de la tarde. Salieron del hotel a caminar por el cementerio dos Prazeres, por el monasterio de los Jerónimos, en busca de los pasos de Fernando Pessoa. Al despedirse, intercambiaron sus datos. No más. Pero ambos se quedaron con algo rondándoles, que Saramago recordaba así:

–Tuvimos la misma sensación: yo había encontrado a esta mujer y ella había encontrado a este hombre.

Se escribieron algunas cartas más o menos formales hasta que en una de ellas él le dijo: “Si las circunstancias de tu vida lo permiten, me gustaría, puesto que voy a Barcelona y a Granada, acercarme a Sevilla para encontrarnos”. Pilar le respondió que sí, que las circunstancias de su vida se lo permitían.

Se vieron. Y a partir de ese momento no se separaron. Era 1988. 

–Pilar apareció cuando era necesaria. Cuando me era necesaria a mí. Tengo muchas razones para pensar que el gran acontecimiento de mi vida fue haberla conocido –dijo José Saramago en el documental José y Pilar.

Cuando se conocieron, él tenía 64 años. Ella, 36. Veintiocho años de diferencia que para algunos podía ser mucho, pero no era un tema entre ellos. La única diferencia que reconocían era que ella era mujer, él, un hombre. En lo demás sabían compartir la forma de estar en la vida. 





 

 "El que se va no vuelve, aunque regrese". 


José Emilio Pacheco

viernes, 8 de marzo de 2024

Liu Cixin



 Treinta y ocho años después, en sus últimos instantes, Ye Wenjie recordaría la importancia de Primavera silenciosa en su vida. Hasta tenerlo en sus manos, su joven corazón solo había sentido el inmenso dolor que la maldad humana podía provocar. Pero más tarde, tras su lectura, fue por fin capaz de enfrentarse a ella con la mente. Al principio el libro no le pareció nada especial, pero pese a abordar un tema tan concreto (el impacto medioambiental negativo causado por los pesticidas), el punto de vista de la autora logró cambiarla para siempre. Hasta entonces el uso de pesticidas le había parecido un hecho natural, si no positivo al menos neutro, pero Carson le hizo ver que, para la naturaleza, se trataba de un acto tan destructivamente nocivo como lo fue la Revolución Cultural. ¿Cuántas otras acciones humanas que parecían habituales, o incluso beneficiosas, terminaban siendo malignas? La respuesta más lógica que lograba dar a esa pregunta resultaba oscura y espeluznante: quizá la relación entre la humanidad y la maldad fuera la misma que había entre el océano y un iceberg que afloraba en su superficie; a simple vista no parecían lo mismo, pero en realidad estaban hechos de una misma esencia, el agua, solo que en estados distintos

 Para hacer un poema

dadaísta

Coja un periódico

Coja unas tijeras.

Escoja en el periódico un artículo de la longitud que quiera darle a

su poema.

Recorte el artículo.

Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que

forman el artículo y métalas en una bolsa.

Agítela suavemente.

Ahora saque cada recorte uno tras otro.

Copie concienzudamente

en el orden en que hayan salido de la bolsa.

El poema se parecerá a usted.

Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad

hechizante, aunque incomprendida del vulgo.

Tristan Tzara

 Primero te ignoran. Luego se ríen de ti.

    Después te atacan. Entonces ganas.

    M AHATMA G ANDHI

jueves, 7 de marzo de 2024

Alex Rovira

 ¿Alguien ha leído a Kenzaburo Oe, el que fuera el segundo premio Nobel japonés de literatura? Le dieron el Nobel en 1994. Os voy a contar una breve historia maravillosa que la podéis encontrar en su libro Una cuestión personal, ahí está novelada, pero tiene muchos tintes autobiográficos. Kenzaburo era licenciado en Filosofía y Letras. En cierta ocasión, su mujer se quedó embarazada y, en paralelo, coincidió que a él lo enviaron a hacer unas entrevistas a los médicos de Nagasaki, en relación al aniversario de la bomba atómica. El niño venía con el cerebro herniado y los médicos aconsejaban el aborto, pero su mujer decía que ella quería alumbrar al niño aunque sabía que ya, una vez fuera alumbrado, se tendría que seccionar una parte del cerebro y eso podría generar muchos daños. Él dijo: «No tomemos ninguna decisión. Me voy a hacer las entrevistas a Nagasaki y, cuando vuelva, cuando regrese, decidiremos». Él volvió conmovido de Nagasaki porque conoció historias de resiliencia, de longanimidad, esa palabra que hemos olvidado y que quiere decir capacidad de superar reiteradamente la adversidad. Total, vuelve de Nagasaki y le dice a su mujer: «Oye, que nazca el niño, porque yo he visto, hablando con estos médicos y con sus pacientes, unas historias de transformación, de esperanza, de superación maravillosas». El niño nace y, a raíz de la intervención, queda con Autismo, pierde mucho la visión, ataques de epilepsia, descontrol de esfínteres, dificultad para el movimiento… Y volvemos a lo que decíamos al principio, a la mirada apreciativa, al efecto Pigmalión, a la transformación desde el amor. Sus padres, padre y madre, no renuncian en ningún momento a encontrar en ese niño al que los médicos dicen que es un vegetal, algún don o característica que le lleve a florecer. Le observan durante muchos años y aparentemente nada, hasta que un día, el niño con seis años dice el nombre de un pájaro paseando por un parque, un pájaro que canta. Los padres se dan cuenta de que al niño le fascina el canto de los pájaros. Le compran cintas con cantos de pájaro. Con el tiempo reconoce todos los pájaros solo por el canto. Deciden contratar a una profesora de música. La madre, que es una gran fan de Mozart, le pide que, por favor, si puede, le enseñe o le toque canciones de Mozart, porque él apenas responde, apenas habla, tiene un lenguaje muy limitado. A los once años, llega un día la maestra a casa y Hikari le entrega una partitura mal escrita a mano con unas notas. Ella empieza a interpretar y se queda asombrada porque son estructuras muy asimilables a las composiciones más básicas de Mozart, y el niño le dice que lo ha compuesto él. Ella no da crédito, el niño le enseña otras composiciones… Bueno, hoy, Hikari Oe es uno de los autores de música clásica contemporánea más vendidos en el mundo. De su primer disco se vendieron ochenta mil unidades, diecisiete canciones breves compuestas por un niño con autismo, una discapacidad visual importante, etcétera, etcétera. Insisto, creo que no somos conscientes de la capacidad que tenemos de transformar a los demás, y si se combina todo eso, hacemos florecer al ser amado. Cuando hablamos de amor, lo llevamos siempre mucho al terreno del deseo, al terreno de la lujuria, al terreno de Eros. Hablamos poco de filia y de ágape, hablamos poco del amor como la energía de la confianza, del vínculo, de calidad, la energía del compromiso, la energía de la transformación, la energía del diálogo, la energía que, realmente, llámale energía, llámale, por supuesto, emoción que nos une. Creo que, realmente, no puede haber un aprendizaje radical sin un amor radical.

 


 Los que están muertos nunca se marcharon

En la Sombra están que se ilumina

En la Sombra que se espesa.

Los Muertos no están bajo tierra:

Están en el Árbol que tiembla,

Están en el Bosque que gime.

Están en el Agua que discurre,

Están en el Agua que duerme.

Están en la Cabaña, están entre el Gentío:

Los Muertos no están muertos.

Birago Diop

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