sábado, 30 de octubre de 2021

" El propósito de nuestras buenas obras no es para cambiarnos o salvarnos; es la prueba del cambio dentro de nosotros”.

 Ya señaló Wittgenstein que, como nuestros objetivos no son elevados, sino ilusorios, nuestros problemas no son difíciles sino absurdos.

 


AB: La gente está aterrorizada cuando se sientan en un restaurante. Quieres estar sano y mantenerte en forma y a veces he tenido ataques de pánico cuando me siento en un restaurante pensando que “Hay un enemigo al acecho en todo lo que me ofrecen, mercurio en el pescado, hormonas en el pollo. Soy vegano y no como carne ni lácteos. Esto tiene mucho sodio, esto demasiada grasa. Salvo excepciones todo lo que estamos comiendo nos va a matar.

RL: Sí, todos vamos a morir de algo, pero lo que hay que preguntarse es cómo, cuando y con cuanto sufrimiento. Lo mejor que puedes hacer por ti mismo es mejorar tu calidad de vida y hacer ejercicio. Lo siguiente es asegurar que lo que comes contiene algo de fibra, es decir, comer verde y marrón. Los alimentos procesados apenas contienen fibra, ahí está el problema. Cuando comes alimentos sin fibra el azúcar se absorbe tan rápido que el hígado se sobrecarga, las mitocondrias enferman y generas resistencia a la insulina y es la forma de entrada que tienen todas las enfermedades.

AB: ¿La gente necesita concienciarse y tener disciplina al comer pasta, arroz y patatas? Porque entonces mezclarlos con azúcar es una paliza al organismo.

RL: Por supuesto. Solo espero que la industria alimentaria se de cuenta de ello y hagan lo correcto, que sería vender comida de verdad, alimentos sin refinar. Ahora puede hacerse, antes no existía el sistema de distribución para poder hacerlo, ahora sí. Tenemos la capacidad tecnológica para ofrecer y poder comer comida de verdad. Sin embargo, la industria alimentaria está haciendo dinero a manos llenas.

https://megustaestarbien.com/2012/07/19/entrevista-al-dr-lustig-no-necesitas-azucar-para-vivir/


viernes, 29 de octubre de 2021

 Arriba, ni una teja para cubrir la cabeza; abajo, ni un centímetro de tierra donde asentar el pie. 

En realidad estas expresiones no deberían sernos tan raras si estuviéramos verdaderamente preparados para aceptar el sentido de aquello de que "los zorros tienen madrigueras, y los pájaros del aire tienen nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza".


 

 Lo que perturba a los hombres no son las cosas, sino los juicios que hacen sobre las cosas. Así, por ejemplo, nada temible hay en la muerte, y la prueba es que a Sócrates no se lo pareció. Sólo el juicio que nos hacemos de la muerte —a saber: que es algo temible— resulta temible.

Así, cuando nos enfrentamos a alguna dificultad, o nos sentimos inquietos o tristes, no debiéramos hacer respon­sable a otro, sino a nosotros mismos, es decir, a nuestros juicios: sólo aquellos que carecen de educación filosófica convierten a los demás en responsables del hecho de que uno sea desgraciado, mientras que los que inician su edu­cación se hacen responsables ellos mismos, y los que la completan entienden que la responsabilidad no recae ni sobre los demás ni sobre sí mismos.

 ¿Cuáles son las formas de unidad que manifiestan los individuos más desarrollados de la especie humana?

    Hablando en términos generales, todos sabemos cómo son los estadios y los niveles «inferiores» del psiquismo: instintivos, impulsivos, libidínicos, ídicos, torpes y simiescos. También sabemos cómo son las etapas «intermedias»: socialmente adaptadas, mentalmente ajustadas, egoicamente integradas, sintácticamente organizadas y conceptualmente avanzadas. Pero ¿cómo son las etapas superiores? ¿Constituye el «ego integrado» o el «individuo autónomo» la meta más elevada que es capaz de alcanzar la conciencia humana? El ego individual es una unidad extraordinaria pero, si la comparamos con la Unidad global del cosmos, no es más que un insignificante fragmento de la realidad holística. ¿Es concebible que el doloroso parto de la naturaleza durante miles dé millones de años sólo haya servido para alumbrar este pequeño ratón egoico?
    El problema con este tipo de cuestiones consiste, por una parte, en definir exactamente qué es una personalidad de orden superior y en encontrar, por la otra, ejemplos de personalidades auténticamente superiores. En mi opinión, el avance de la evolución colectiva de la humanidad hará cada vez más fácil esa decisión porque los datos sociológicos nos, proporcionarán un porcentaje cada vez mayor de personas «iluminadas» y los análisis estadísticos de los psicólogos se verán obligados a incluir, en su enumeración de los distintos estadios del desarrollo, perfiles de los estadios de orden superior. Mientras tanto, sin embargo, el concepto de «orden superior» o de «desarrollo superior» seguirá siendo una noción fundamentalmente filosófica. No obstante, las pocas almas dotadas que se han tomado la molestia de analizar este problema han señalado que los grandes místicos y sabios constituyen ejemplos de personalidades características de algunos de los estadios más elevados -si no los superiores- del desarrollo humano. Así lo han afirmado literalmente Bergson, Toynbee, Tolstoi, James, Schopenhauer, Nietzsche y Maslow.
    El caso es que -como afirma el conocido estudio de Mas low- tal vez dispongamos ya de claros ejemplos de las personas más desarrolladas y evolucionadas: los grandes místicos y sabios del planeta. Supongamos, pues, que los auténticos místicos y sabios representan los estadios más elevados del desarrollo humano, estadios que se hallan tan alejados de la humanidad promedio y normal como ésta lo está de los simios. Si esto fuera así tendríamos un ejemplo aproximado del «estadio supremo de la conciencia», es decir, una especie de «estadio supraconsciente». Además, la mayor parte de los místicos y de los sabios nos han dejado registros suficientemente detallados de las distintas etapas y subetapas que fueron atravesando en las transformaciones que terminaron conduciéndoles hasta los dominios supraconscientes. Es decir, no sólo nos hablan del más alto nivel de conciencia y supraconciencia sino que también lo hacen de todos los niveles intermedios que conducen hasta él. De este modo, si unimos estos estadios superiores a los estadios inferiores e intermedios -tan meticulosamente estudiados y descritos por la psicología occidental- obtendremos un modelo global y equilibrado de la totalidad del espectro de la conciencia.

miércoles, 27 de octubre de 2021




 "Ese amor murió 

sucumbió 
está muerto 
aniquilado fenecido 
finiquitado 
occiso perecido 
obliterado 
muerto 
sepultado 
entonces, 
¿por qué late todavía?"

 "Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en perjuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos".


Rayuela, Julio Cortázar

 Las mascotas, ¿ Amor o poder ?


Muchas cosas que llamamos amor es en el fondo una cuestión de poder. En palabras de   Foucault, el poder se define como una relación donde al menos uno de los integrantes intenta convertir al otro en la prolongación de su yo bajo una máscara de NORMALIDAD. 

Algo que podemos observar en las relaciones de padres-hijos o de parejas. Y hoy en día ,  una de sus  nuevas formas de  manifestación  en nuestras sociedades es la  relación DE LAS PERSONAS  con SUS MASCOTAS . Igual que los padres que intentan  imponer a sus hijos sus propios criterios, sueños y sus frustraciones en el hombre del amor, o la actitud del amante posesivo, la humanización de las mascotas se hace en el nombre del amor.

 Aunque nos cueste aceptarlo, muchas veces terminamos por maltratar a los animales en lugar de amarlos como por el ejemplo ponerlos lentes , publicar su cumpleaños en Facebook etc. Dichas prácticas no son una  necesidad del animal sino nuestra propia carencia . Y eso es justamente  el punto : la capacidad de amar de una persona es inversamente proporcional a sus carencias no asumidas.

 Nos merecemos cierto respeto. Te mereces cierto respeto. Eres importante para otras personas y también para ti. Tienes un papel esencial que desempeñar en el destino del mundo. Por eso tienes la obligación de cuidarte. Tendrías que cuidarte, ayudarte y ser amable contigo de la misma forma que cuidarías, ayudarías y serías amable con alguien a quien amaras y valoraras. Por eso quizá tengas que comportarte de una forma respetable con tu Ser, y está bien que así sea. Todas las personas tienen serios defectos, todas quedan muy lejos de la gloria divina. Sin embargo, si ese hecho en sí significara que no tenemos laresponsabilidad de cuidarnos ni a nosotros ni a los demás, todo el mundo sería brutalmente castigado de forma constante. Y algo así no estaría nada bien. Algo así empeoraría aún más y de todas las formas posibles los problemas del mundo, esos problemas que pueden llevar a cualquiera a plantearse honestamente la misma necesidad de que este mundo exista. Este no puede ser de ninguna forma el camino para avanzar.

martes, 26 de octubre de 2021

 


′′Lo mejor que hay que hacer cuando estás triste", replicó Merlín, empezando a soplar y resoplar, ′′es aprender algo. Es lo único que nunca falla. Puedes haber envejecido, con tu cuerpo tembloroso y debilitado, puedes pasar noches sin dormir escuchando la enfermedad que invade tus venas, puedes perder tu único amor, puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por el mal, o saber que tu honor está pisoteado en las cloacas de las mentes más viles. Sólo hay una cosa que puedas hacer: aprender. Aprende por qué el mundo se mueve y qué lo mueve. Esto es lo único que la mente nunca se cansará, nunca se alienará, jamás será torturada, ni asustada o intimidada, ni soñará con arrepentirse. Aprender es lo único que necesitas. Mira cuántas cosas hay que aprender."  



 Hay algo que molesta. Siempre molestó. Hay algo que molesta aquí adentro, pero no es algo que venga desde afuera. Es como una incomodidad, un agujero sin fondo, una ansiedad. Puede ser una ansiedad, pero una ansiedad ciega. Algo a lo que quiero llegar pero no puedo. Y no puedo porque no lo hay. Siento que hay algo a donde quiero llegar, pero no puedo porque no existe. Algo que es algo porque no lo puedo casi determinar, algo que se me esfuma cuando intento concentrarme en alcanzarlo. Se me va. Quiero llegar, pero no puedo porque está en su ser el irse. O sea, algo que ni siquiera sé, en realidad, si lo hay o no lo hay, ya que, en tanto lo enfoco, se desvanece. O peor, cuanto más lo enfoco, más se desvanece. Su búsqueda me interpela, pero a la vez me frustra. Y por eso molesta. ¿Cómo se calma la ansiedad? ¿Se calma? Siento un malestar, pero sobre todo «siento». Eso es importante: es un malestar en el cuerpo, pero en el cuerpo no tengo heridas. ¿Qué es esta herida en el cuerpo que es sin cuerpo y que no puede calmarse? Siento que todo se me vuelve estrecho, angosto. ¿Será realmente ansiedad? ¿O será tedio? ¿Será aburrimiento? ¿Será depresión? ¿Será melancolía, será enojo? Una vez más, la necesidad de constituir esta sensación como un algo. Comprender para tranquilizarme. Creo que estoy huyendo de la palabra clave. Creo que huyo. Pero ¿se puede huir de la angustia? ¿O es la angustia la conciencia de que no somos más que huida? Angustia viene de angosto, pero ¿qué es lo que se angosta? ¿Qué se estrecha? ¿Las respuestas, el sentido? ¿No es al revés? ¿No vivimos en un mundo que tiene respuestas para todo? ¿Y entonces, por qué la angustia? ¿Se puede resolver la angustia? ¿Se debe? ¿Es la angustia un estado psicológico o filosófico, es decir, existencial? ¿Y tiene que ver con nuestra condición humana o con algo que nos excede? ¿Por qué huimos de la angustia? ¿Nos duele? ¿Nos hiere? ¿Podemos morirnos de angustia o más bien nos angustiamos cuando nos damos cuenta de que nos vamos a morir? ¿Pero qué tiene que ver la angustia con la muerte? ¿O qué tiene que ver la angustia con la conciencia de la muerte? Es que nos angustia la conciencia última del sinsentido de todo. Nos angustia la extrañeza de estar siendo y la peor extrañeza de dejar de ser dentro de muy poco. Nos angustia que, en el fondo, las preguntas más fundamentales no tengan respuesta. Nos angustia el haber nacido para morir. Nos angustia que haya cuando pudo no haber habido nada. Nos angustia la nada… Nos angustia el estar sumergidos en una cotidianeidad que incluye este edificio, estos automóviles, esta vidriera, esa pelota de fútbol, este mediodía, estos recuerdos, este cuerpo, el leve viento que circula por la avenida Cabildo, estas preguntas, estos pendientes, la organización sistemática del tiempo, día a día, para cumplir con lo que se supone que es el sentido de la vida que uno cree haber elegido, el paso inexorable de las horas, el advenimiento inescrutable de la muerte, el dejar de ser. ¿Realmente tiene sentido todo esto que estamos haciendo si al final de cuentas nacimos para morir?

 


sábado, 23 de octubre de 2021



Los árboles me han dado siempre los sermones más profundos. Los respeto cuando viven en poblaciones o en familias, en bosques o en arboledas. Pero aún los respeto más cuando viven apartados. Son como individuos solitarios. No como ermitaños que se hubieran recluidos a causa de una debilidad, sino como seres grandes y aislados, como Beethoven o Nietzsche. En sus ramas más alta susurra el mundo y sus raíces descansan en lo infinito; pero no se abandonan ahí, luchan con toda su fuerza vital por una única cosa: cumplir con ellos mismos según sus propias leyes, desarrollando su propia forma, representándose a sí mismos. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un árbol fuerte y hermoso. Cuando se tala un árbol y se muestra desnuda al sol su herida mortal, puede leerse toda su historia en el tosco y lapidario disco de su tronco: en sus anillos anuales y en sus cicatrices están descritos con exactitud toda lucha, todo sufrimiento, toda enfermedad, toda fortuna, toda recompensa. Años flacos y años abundantes, agresiones soportadas y tormentas sobrevividas. Y cualquier hijo de campesino sabe que la madera más dura y noble es la que tiene los anillos más estrechos, y que arriba en la montaña, en constante peligro, crecen las ramas más inquebrantables, las más fuertes y ejemplares.
Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos y sabe escucharlos, descubre la verdad. Ellos no predican doctrinas ni recetas. Predican, indiferentes al detalle, la originaria ley de la vida.
El árbol dice: en mí hay escondido un núcleo, una luz, un pensamiento. Soy vida de la vida eterna. Único es el propósito y el experimento que la madre eterna ha hecho conmigo. Únicos son mi forma y los pliegues de mi piel, así como único es el más humilde juego de hojas de mis ramas y la más pequeña herida de mi corteza. Fui hecho para formar y revelar lo eterno en mis más pequeñas marcas.
El árbol dice: mi fuerza es la confianza. No sé nada de mis padres y no sé nada de los miles de hijos que cada año nacen de mí. Vivo, hasta el final, el secreto de mi semilla y de nada más me ocupo. Confío que Dios está en mí. Confío que mi misión es sagrada. Y de esta confianza vivo.
Cuando estamos heridos y apenas podemos resistir más la vida, el árbol puede hablarnos: ¡Detente! ¡Detente! ¡Mírame! La vida no es fácil, la vida no es difícil. Esas son ideas infantiles. Deja que Dios hable dentro de ti y tus pensamientos crecerán en silencio. Te sientes ansioso porque tu trayecto te conduce lejos de la madre y la patria. Pero cada paso y cada día, te encaminan de regreso a la madre. Tu patria no está ni aquí ni allí. Tu patria está en tu interior o en ningún lugar.
El deseo de caminar rasga mi corazón cuando escucho a los árboles susurrar con el viento del crepúsculo. Si se le presta atención largamente y en silencio, esta añoranza revela su origen y su destino. No es tanto una cuestión de escapar del sufrimiento, aunque pueda parecerlo, es nostalgia de la tierra, de recuerdos de la madre y de nuevas enseñanzas para la vida. Nos guía a casa. Cada travesía nos conduce al camino de vuelta a casa, cada paso es nacimiento, cada paso es muerte, cada tumba es la madre.
Así susurra el árbol al atardecer cuando nos inquietamos con nuestros pensamientos infantiles. Los árboles tienen un razonamiento más extenso, más apacible y de largo aliento, igual que tienen vidas más largas que las nuestras. Son más sabios que nosotros mientras no les escuchemos. Pero cuando hemos aprendido a prestarles atención, la brevedad, la rapidez y el apresuramiento pueril de nuestro juicio, alcanza una alegría incomparable. Quien haya aprendido a escuchar a los árboles no busca más ser un árbol. No querrá ser distinto de lo que es. Ésa es la patria. Eso es la felicidad.

HERMANN HESSE

viernes, 22 de octubre de 2021

 


¿Para qué nací, madre? pregunté. Naciste para desvelar a Sylvia, para inquietar al comisario, para darle trabajo a los censores, dijo mi madre. 

(Años después supe que nací para confirmar que la flecha nunca da en el blanco, para comprobar mi desubicación en esta sociedad donde las ideas han suplantado a los hechos; nací para preferir la transformación, que es mística, a la metafísica, que es psicológica, a pesar de ser una palabra griega.) Nací para dar testimonio de un escándalo infinitamente demorado, para que mis ojos se lo beban todo, para que terminen devorando mi copa, para ignorar que la existencia es una interminable suma de miedos. 
Nací para sentirme mal, tal vez sólo porque sospecho, culpa de la esperanza, que puede haber un mañana mejor, y yo soy ansioso, no puedo esperar; nací para comprobar en el presente, y gracias al pasado, que nada es tan malo, pero que tampoco nada es tan bueno; nací para ser lo amado, por ejemplo Arthur Rubinstein, al que conocí dando de comer a las palomas en el Campo di Fiore del Trastevere romano, el que con solo apoyar sus incendiadas manos en el teclado podía revivir a Chopin; nací para cultivar la memoria de tal suerte que se enriquecieron mis soledades, que son declaraciones inconscientes de independencia. 
 Nací para tener que aceptar, dolorosamente, que aunque uno haga mucho, lo esencial será postergado hasta lo infinito; nací para que una extraña ética me condene a estar solo, pues no me permite pactar ni siquiera cor aquellos que me ayudarían a sobrevivir; nací para no recordar quién dijo que la gloria es el sol de los muertos; nací para preguntárselo a Borges un día de estos en la Galería del Este, porque él lo debe saber, of course; nací para que él me sepa, nací para que Aquel me piense. 
Nací para comprender que el que consigue llegar a su epicentro alcanza la eternidad; nací para perseguir infinitos y nostalgias, para imaginar el Universo, y a mí dentro de él, y a él dentro de mí, para saber que el escocés Carlyle estaba enamorado de Alemania, o de Goethe y Schiller, que es lo mismo. 
Nací para leer, traducido, al Schopenhauer que se me adelantó, si yo fuera Nietzsche; nací para aprender algunas voces del inglés y el italiano, para amar al hebreo, al que tal vez nunca alcanzaré. 
Nací para curiosear textos expresionistas que jugaban con el lenguaje como jugó Joyce; entre esos curiosos textos descubrí a Kafka, siempre divagando por el infinito; nací para morir con él, entre tortugas y flechas. 
Nací para renacer por vos, para que no dejes de soñarme porque si no desaparecería; nací para hacer nada para nadie, para ser ninguno entre cualquiera.)

 “Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida. Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.”



 "Ya pasó todo, 

y ahora 
nos vemos y nos hablamos como si nada

Como si la Nada 
hubiera devorado lo que ocurrió entre nosotros".

"Como si nada", 


 Tú me mirarás llorando

—será el tiempo de las flores—,
tú me mirarás llorando,
y yo te diré: No llores.

Mi corazón, lentamente,
se irá durmiendo... Tu mano
acariciará la frente
sudorosa de tu hermano...

Tú me mirarás sufriendo,
yo sólo tendré tu pena;
tú me mirarás sufriendo,
tú, hermana, que eres tan buena.

Y tú me dirás: ¿Que tienes?
Y yo miraré hacia el suelo.
Y tú me dirás: ¿Que tienes?
Y yo miraré hacia el cielo.

Y yo me sonreiré
—y tú estarás asustada—,
y yo me sonreiré
para decirte: No es nada...

jueves, 21 de octubre de 2021

 


Si quieres imaginar la tan usada — excesivamente usada— imagen de El Pensador de Rodin, quiero que imagines esa postura de la mano en la barbilla, que supuestamente adopta cualquier pensador que no sea frívolo. Creo, por cierto, que el pensador debería ser activo y enérgico más que apesadumbrado y solemne. Pero, por el momento, la imagen tradicional es útil. Adopta esa postura — en forma física, no mental— y te convertirás en un pensador. ¿Por qué? Porque si "actúas como si" fueras un pensador, te convertirás en uno. Los tibetanos rezan haciendo girar unos molinillos sobre los que están grabadas las oraciones. Los molinillos giratorios hacen subir las oraciones en espiral hacia el espacio divino. En la práctica, si se encuentran debidamente en equilibrio, un ayudante puede mantener girando una docena de molinillos de oración como en el acto circense en que giran platos equilibrados en la punta de largos palos. Es posible que el tibetano piense en la lista de ropa para lavar mientras hace girar la rueda. Importa la intención de rezar y no tanto las vibraciones emocionales o espirituales que muchos cristianos se exigen a sí mismos. Existe otro punto de vista cristiano mucho más próximo al tibetano: efectuar los movimientos propios de la oración aunque no se esté emocionalmente comprometido. Las emociones coincidirán con los movimientos a su debido tiempo. Eso es, precisamente, lo que quiero decir cuando te pido que "actúes como si" fueras un pensador. Adopta la postura de un pensador. Haz los movimientos. Ten la intención y manifiéstatela a ti mismo y a quienes te rodean. Muy pronto tu cerebro desempeñará el rol que estás "actuando". Si finges ser un pensador, muy pronto, en efecto, te convertirás en uno.




 Celoso, adj. Indebidamente preocupado por conservar lo que sólo se puede perder cuando no vale la pena conservarlo.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Ibn Jaldún



 “El conocimiento es un tesoro, pero la práctica es la llave del tesoro.” 

Al Muqaddima(1332–1406) erudito y estadista


 

 


«Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas»»¿Por qué rechacé ese premio? Porque estimo que desde hace cierto tiempo tiene un color político.

Si hubiera aceptado el Nobel – y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo – habría sido recuperado. Si hubiera sido miembro de un partido, del partido comunista, por ejemplo, la situación hubiera sido diferente. Indirectamente hubiera sido a mi partido que el premio habría sido discernido; es a él, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones «extremistas» se lo recupera necesariamente de un cierto modo, coronándolo. Es una manera de decir: «Finalmente es de los nuestros». Yo no podía aceptar eso.

La mayoría de los diarios me han atribuido razones personales: estaría herido porque Camus lo había obtenido antes que yo…tendría miedo que Simone de Beauvoir se sintiera celosa, a lo mejor era un alma bella que rechazaba todos los honores por orgullo. Tengo una respuesta muy simple: si tuviéramos un gobierno de Frente Popular y que me hubiera hecho el honor de discernirme un premio, lo habría aceptado con placer. No pienso para nada que los escritores deban ser caballeros solitarios, por el contrario. Pero no deben meterse en un avispero.

Lo que más me ha molestado en este asunto son las cartas de los pobres. Los pobres para mí son las personas que no tienen dinero pero que están suficientemente mistificadas para aceptar el mundo tal cual es. Esa gente forma legión. Me han escrito cartas dolorosas: «Deme a mí el dinero que rechaza».

En el fondo lo que escandaliza es que ese dinero no haya sido gastado. Cuando Mauriac escribe en su agenda: «Yo lo hubiera usado para arreglar mi cuarto de baño y el cerco de mi parque», es un maligno: sabe que no provocará ningún escándalo. Si hubiera distribuido ese dinero habría chocado más a la gente. Rechazarlo es inadmisible. Un norteamericano ha escrito: «Si me dan 100 dólares y los rechazo, no soy un hombre». Y además está la idea de que un escritor no merece ese dinero. El escritor es un personaje sospechoso. No trabaja, gana dinero y puede ser recibido, si lo quiere, por un rey de Suecia. Eso ya es escandaloso. Si además rechaza el dinero que no ha merecido, es el colmo. Se considera natural que un banquero tenga dinero y no lo dé. Pero que un escritor pueda rechazarlo, eso no pasa.

Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas. Rechazo 26 millones y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se venderán más porque la gente va a decirse: «¿Quién es este atropellado que escupe sobre semejante suma?». Mi gesto va pues a reportarme dinero. Es absurdo pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Aceptándolo hubiera hecho algo, que me habría dejado recuperar por el sistema. 

Carta de Jean Paul Sartre sobre su rechazo  del Nobel de Literatura en 1964

 La autocompasión resulta el rasgo más común y al mismo tiempo el más denigrado de nuestros defectos de carácter, y se da por sentado su perniciosa capacidad de destrucción. «Nuestro peor enemigo», lo llamaba Helen Keller. Nunca vi a un animal /sentir lástima de sí mismo, escribió D. H. Lawrence, en su profusamente citado sermón de cuatro versos que, leído con atención, no revela otra cosa que un sentido tendencioso. Un pajarillo cae helado de un arbusto /sin jamás haber sentido lástima de sí mismo.

Tal vez fuera eso lo que a Lawrence (o a nosotros) nos gustaría creer de los animales, pero pensemos en esos delfines que se niegan a comer tras la muerte de su pareja. Pensemos en esas ocas que buscan a la pareja perdida hasta que se desorientan y mueren. En realidad, el doliente tiene apremiantes razones, incluso una apremiante necesidad de sentir lástima de sí mismo. Los maridos abandonan, las esposas abandonan, los divorcios ocurren, pero esos maridos y esposas dejan tras de sí redes de asociaciones intactas, por virulentas que sean. Sólo quedan realmente solos los que sobreviven a una muerte. Las conexiones que integraban su vida —tanto las conexiones profundas como las aparentemente superficiales (hasta que se rompen)— desaparecen. John y yo estuvimos casados cuarenta años.

martes, 19 de octubre de 2021

  El alma invencible de Mandela también le llevó hasta la victoria final. Después de los primeros siete años le suavizaron las condiciones en prisión y obtuvo una autorización para estudiar por correspondencia hasta licenciarse en Derecho por la Universidad de Londres. Su estancia en prisión lo convirtió en un símbolo mientras las presiones internacionales contra el régimen se agudizaron, sobre todo después de la masacre de Soweto, en la que hasta quinientos setenta adolescentes de raza negra fueron masacrados por protestar pacíficamente contra la obligación de recibir la educación en afrikaans, la lengua de la comunidad blanca dominante. Mientras el régimen se debilitaba, Mandela fue trasladado a otras prisiones. Al final, el gobierno presidido por el reformista Frederik Willem de Klerk impuso el sentido común y la justicia. El 11 de febrero de 1990, Mandela fue liberado. Habían sido más de nueve mil días de cautiverio. Pero la prisión no le había debilitado. Después de todo ese tiempo, Mandela se había convertido en un hombre inmensamente fuerte. Se había convertido en un hombre indestructible. Un hombre capaz de enfrentarse a cualquier situación. Un hombre capaz de transformar su entorno y traer la democracia y la reconciliación a su país. En 1993 recibió, junto con De Klerk, el premio Nobel de la Paz y, después de las primeras elecciones multirraciales, fue elegido presidente de Sudáfrica. Se había convertido en un referente moral.


 

lunes, 18 de octubre de 2021

 Si su diario vivir le parece pobre, no le culpe a él. Acúsese usted mismo de no ser lo bastante poeta para lograr descubrir y atraerse sus riquezas. Pues para un espíritu creador no hay pobreza. Ni hay tampoco lugar alguno, que le parezca pobre o le sea indiferente. Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta usted ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, esa riqueza preciosa y regia, ese cámara de los tesoros del recuerdo?

 Un día de 1913, fue fusilada la anarquista mexicana Margarita Ortega, la rebelde que trató de independizar la península de Baja California expulsando, mediante la fuerza de las armas, a funcionarios, empresarios, gendarmes y sacerdotes.


<Esta mujer extraordinaria era miembro del Partido Liberal Mexicano, cuyos ideales anarquistas propagaba por medio de la palabra y de la acción. En 1911 Margarita fue el lazo de unión entre los elementos combatientes del Partido Liberal Mexicano en la Baja California. Hábil jinete y experta en el manejo de las armas de fuego, Margarita atravesaba las líneas enemigas y conducía armas, parque, dinamita, lo que se necesitaba, a los compañeros en el campo de la acción. Más de una vez su arrojo y su sangre fría la salvaron de caer en las garras de las fuerzas de la tiranía. Margarita Ortega tenía un gran corazón: desde su caballo, o detrás de un peñasco, podía tener a raya a los soldados del Gobierno, y poco después podíase verla cuidando a los heridos, alimentando a los convalecientes o prodigando palabras de consuelo a las viudas y a los huérfanos. Apóstol, guerrera, enfermera, todo a la vez era esta mujer excepcional. Ella no podía ver con tranquilidad que alguien sufriese en su presencia, y a muchos les consta cómo ella se quitó de la boca un pedazo de pan para dárselo al que tenía hambre.

Mujer de exquisitos sentimientos, amaba entrañablemente a su familia; pero su familia estaba compuesta de personas inconscientes, de burgueses y de proletarios aspirantes a ser burgueses, y estas personas nunca pudieron comprender cómo una mujer dotada de tan extraordinario talento, de tan inagotable energía, y que poseía substanciosos bienes de fortuna, pudiera hacer causa común con los desheredados, y por ese motivo la odiaban, la odiaban como odian los corazones vulgares a los espíritus nobles y puros que constituyen un obstáculo a sus mezquinas ambiciones.

Margarita contaba con bienes de fortuna que le hubieran bastado para pasarse una vida regalona y ociosa; pero ella no podía gozar de la vida cuando sabía bien que había millones de seres humanos que luchaban penosamente por ganar su subsistencia. Con la energía que solamente se halla en personas convencidas, Margarita dijo en el mismo año de 1911, a su inconsciente compañero:

"Yo te amo; pero amo también a todos los que sufren y por los cuales lucho y arriesgo mi vida. No quiero ver más hombres y mujeres dando su fuerza, su salud, su inteligencia, su porvenir para enriquecer a los burgueses; no quiero que por más tiempo haya hombres que manden a los hombres. Estoy resuelta a seguir luchando por la causa del Partido Liberal Mexicano, y si eres hombre, vente conmigo a la campaña; de lo contrario olvídame, pues yo no quiero ser la compañera de un cobarde."

Las personas que presenciaron esta escena aseguran que el cobarde no quiso seguirla...

Margarita fue arrestada el 20 de noviembre , cerca de Mexicali, por los huertistas, y puesta en un calabozo con centinela de vista. Los felones que la dragonean de autoridades aguzaron el ingenio para martirizarla. No tuvo miedo de confesar que era miembro del Partido Liberal Mexicano, y que, por lo mismo, luchaba contra la hidra de tres cabezas: Autoridad, Capital, Clero; pero no delató a ninguno de los compañeros que estaban de acuerdo con ella para lanzar el grito de Tierra y Libertad en el Norte del Estado de Sonora. Entonces se la sujetó a tortura, como en los negros tiempos de la Inquisición. Sus cobardes verdugos la querían obligar a que descubriera a los compañeros que estaban comprometidos a rebelarse; pero todos los esfuerzos se estrellaron contra la voluntad de bronce de la admirable mujer.

"¡Cobardes!" -gritaba- "haced pedazos mi carne, resquebrajad mis huesos, bebeos toda mi sangre, que jamás denunciaré a mis amigos!"

Entonces los sicarios de la tiranía la condenaron a estar en pie de día y de noche, en medio del calabozo, sin permitirle sentarse o apoyarse contra la pared. Rendida por el cansancio, a veces vacilaba y tenía que apoyarse en el centinela que vigilaba: un empellón y un puntapié la ponían en medio del calabozo. Otras veces caía por el suelo, desfallecida y agotada por tanto sufrimiento: a culatazos se la hacía ponerse nuevamente en pie.

Cuatro días con sus noches duró ese suplicio, hasta que las autoridades de Mexicali la sacaron del calabozo el 24 de noviembre para fusilarla. Se formó el cuadro de la ejecución en un lugar desierto, por la noche, para que nadie se enterara del atentado. Margarita sonreía. Los verdugos temblaban. Las estrellas titilaban como si forcejearan por descender para coronar la cabeza de la mártir.

Una descarga cerrada hizo rodar por tierra, sin vida, a la noble mujer, cuya existencia ejemplar debe servirnos de estímulo a los desheredados para redoblar nuestros esfuerzos contra la explotación y la tiranía.>

-Ricardo Flores Magón, palabras sobre la tortura y asesinato de Margarita Ortega publicadas en el periódico Regeneración, año de 1914.

 


Nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas. Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los príncipes de un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los príncipes antiguos fueron confiados al centauro Quirón para que los criara y educase. Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre, un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede durar mucho tiempo sin la otra. 

De manera que, ya que se ve obligado a comportarse como bestia, conviene que el príncipe se transforme en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león demuestran poca experiencia. Por lo tanto, un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando haya desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno, pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos Nunca faltaron a un príncipe razones legítimas para disfrazar la inobservancia. Se podrían citar innumerables ejemplos modernos de tratados de paz y promesas vueltos inútiles por la infidelidad de los príncipes. Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular. Les hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.

domingo, 17 de octubre de 2021


 

Irvin D Yalom

  


El paciente era un hombre que había tenido una maravillosa luna de miel en una isla tropical, uno de los mejores episodios de su vida. Pero el matrimonio se deterioró rápidamente durante el año siguiente y se divorciaron. En algún momento, la esposa le dijo que todo el tiempo que habían estado juntos, incluyendo la luna de miel, ella había estado obsesionada con otro hombre. Su reacción fue muy similar a la tuya. Se dio cuenta de que su relación idílica en la isla tropical no había sido una experiencia compartida, que él también había estado actuando en un monólogo. No recuerdo mucho más, pero sí recuerdo que él, como tú, sintió que la realidad se había quebrado.




 



 Le agradezco a la poesía porque se le debe gratitud en nuestra época y en todos los tiempos, por su fidelidad a la vida, en todo el sentido inherente a esa frase.

Al comienzo yo quería que esa fidelidad a la vida poseyera una concreta realidad, sentía regocijo cuando un poema parecía directo, era representación exacta del universo que defendía o criticaba. Siendo aún escolar yo amaba la oda Al otoño de John Keats por parecer un Arca de la alianza que contenía el lenguaje y la sensación; amaba también a Gerald Manley Hopkins por sus exclamaciones intensas, equivalentes al éxtasis y al dolor que uno ignoraba en la adolescencia o que apenas vislumbraba antes de leerlo; yo apreciaba en Robert Frost la elementalidad del campesino y su audacia terrenal, y Chaucer me gustaba por las mismas razones.

Más tarde encontré otro tipo de exactitud, que correspondía y corresponde profundamente a algo en mí, una moral arraigada que hallé en los poemas de guerra de Wilfred Owen: una sensible poesía donde el Nuevo Testamento sufre y absorbe los golpes de otro siglo de barbarie. Más tarde aún, en la diáfana coherencia del estilo de Elizabeth Bishop, la tenacidad de Robert Lowell y la confrontación desnuda de Patrick Kavanagh, hallé demasiadas razones para creer en la capacidad —y en la responsabilidad— de la poesía para decir lo que ocurre, para apiadarse del planeta, para no preocuparse por ser simple poesía.

Esta disposición temperamental que me guiaba con rigor hacia un arte que mostrara a las cosas como son, se corroboró con la experiencia de haber nacido y crecido en Irlanda del Norte, y de haber vivido con ese lugar, a pesar de estar ausente de él durante el último cuarto de siglo. Pocos lugares en el mundo se sienten tan orgullosos por su vigilancia y realismo; pocos lugares se consideran tan calificados para censurar la florida retórica o la extravagancia formal. Por ello y en parte por haber asimilado estas actitudes con las que fui madurando y también por nutrir una corteza para protegerme contra ellas, pasé años evitando o resistiendo la excesiva opulencia lingüística de poetas tan diferentes como Wallace Stevens y Rainer Maria Rilke; ignorando en su justa medida la interioridad cristalina de Emily Dickinson, con sus destellos y fisuras asociativas. Y fui indiferente a la extrañeza visionaria de Eliot. Este más o menos, es el costo de actitudes con que fortalecí mi negación para no darle más crédito a un poeta que a cualquier otro ciudadano; posición que asumí al verme obligado a comportarme como poeta en una situación de continua violencia política y de expectativa pública; expectativa —hay que decirlo— no de poesía como tal, sino de posiciones políticas encontradas esgrimidas por grupos que se desaprobaban entre sí.

En dichas circunstancias, la mente anhela el reposo llamado con optimismo por Samuel Johnson: la estabilidad de la verdad, pues al entender la naturaleza desestabilizadora de sus propias operaciones y pesquisas, sin necesitar instrucción teórica, una rápida conciencia plantea variados discursos de contenido contradictorio. Así, el niño que en la que en la habitación escuchaba simultáneamente el lenguaje doméstico de su hogar irlandés y los acentos oficiales del locutor británico, mientras percibía a la vez las señales de otra angustia; ese niño estaba preparándose ya para las complejidades de ser un adulto y para enfrentar un futuro donde él tendría que afrontar sus posiciones éticas, estéticas, morales, políticas, métricas, escépticas, culturales, topicales, tipicales y poscoloniales; posturas estas que en conjunto resultaban simplemente imposibles.


 "La mitad del mal que se hace en este mundo, esta hecho por gente que quiere pensar bien de si misma. No es que quieren dañar, es que no les importa".



sábado, 16 de octubre de 2021

 


  Debemos la casi totalidad de nuestros conocimientos a nuestras violencias, a la exacerbación de nuestro desequilibrio. Incluso Dios, por mucho que nos intrigue, no es en lo más íntimo de nosotros donde le discernimos, sino justo en el límite exterior de nuestra fiebre, en el punto preciso en el que, al afrontar nuestro furor al suyo, resulta un choque, un encuentro tan ruinoso para El como para nosotros. Alcanzado por la maldición que los actos conllevan, el violento no fuerza su naturaleza, no va más allá de sí mismo, más que para volver de nuevo a sí enfurecido, como agresor, seguido de sus empresas, que vienen a castigarle por haberlas suscitado. No hay obra que no se vuelva contra su autor: el poema aplastará al poeta, el sistema al filósofo, el acontecimiento al hombre de acción. Se destruye cualquiera que, respondiendo a su vocación y cumpliéndola, se agita en el interior de la historia; sólo se salva quien sacrifica dones y talentos para que, liberado de su condición de hombre, pueda reposarse en el ser. Si aspiro a una carrera metafísica, no puedo a ningún precio guardar mi identidad; debo liquidar hasta el menor residuo que me quede de ella; mas si, por el contrario, me aventuro en un papel histórico, la tarea que me incumbe es exasperar mis facultades hasta que estalle con ellas. Siempre se perece por el yo que se asume; llevar un nombre es reivindicar un modo exacto de hundimiento. Fiel a sus apariencias, el violento no se desanima, vuelve a empezar y se obstina, ya que no puede dispensarse de sufrir. ¿Que se encarniza en la perdición de los otros? Es el rodeo que toma para llegar a su propia perdición. Bajo su aire seguro de sí, bajo sus fanfarronadas, se esconde un apasionado de la desdicha. De este modo, es también entre los violentos donde se encuentran los enemigos de sí mismos. Y todos nosotros somos violentos, rabiosos que, por haber perdido la llave de la quietud, no tienen ya acceso mas que a los secretos del desgarramiento. En lugar de dejar al tiempo triturarnos lentamente, hemos creído oportuno sobreabundar en él, añadir a sus instantes los nuestros. Ese tiempo reciente, injertado en el antiguo, ese tiempo elaborado y proyectado debía pronto revelar su virulencia; objetivándose, iba a convertirse en historia, monstruo urdido por nosotros contra nosotros mismos, fatalidad a la que no podríamos escapar, ni aun recurriendo a las fórmulas dc la pasividad, a las recetas de la sabiduría. Intentar una cura de ineficacia; meditar sobre los padres taoístas, su doctrina del abandono, del dejarse llevar, de la soberanía de la ausencia; seguir, según su ejemplo, el recorrido de la conciencia cuando deja de tenérselas con el mundo y se moldea sobre todas las cosas, como el agua, elemento al que son afectos, eso ya podemos esforzarnos en lograrlo, que no lo conseguiremos jamás. Ellos condenan juntamente nuestra curiosidad y nuestra sed de dolores; y en esto se diferencian de los místicos, y singularmente de los de la edad media, hábiles en recomendarnos las virtudes de la camisa de cerdas, de la piel de erizo, del insomnio, de la inanición y del gemido.


 



 "Tu hogar no es donde naciste; el hogar es donde todos tus intentos de escapar, cesan".


 Llegará el día en que, mediante un estudio de varios siglos, las cosas que actualmente están ocultas aparecerán con toda claridad, y la posteridad se asombrará de que se nos hayan escapado verdades tan manifiestas. SÉNECA, hablando del movimiento de los cometas, citado por Laplace 

 El karma, según la filosofía dhármica (una palabra sánscrita que significa, “ley natural”), sería una energía trascendente, invisible e inmensurable, que se deriva de los actos de las personas. Generalmente, el karma se interpreta como una “ley” cósmica de retribución, o de causa y efecto. Según esta doctrina, las personas tienen la libertad para elegir entre el bien y el mal, pero tienen que asumir las consecuencias derivadas de sus pensamientos y de sus acciones. ¿No es esa la propuesta científica que, mediante la física cuántica, hace el físico francés Garnier con su teoría del desdoblamiento del tiempo?

 


He oído hablar del arco iris, de las estrellas, del juego de la luz sobre las olas. Me gustaría ver todo eso. Pero mucho más que la vista, desearía que los oídos se me abrieran. La voz de un amigo, los alegres y bulliciosos ruidos del vecindario, las fantasías de Mozart. [...] La vida sin todo esto es mucho más oscura que la ceguera.





En sus obras, Voltaire se muestra contrario a la intolerancia y el fanatismo, particularmente religioso, y defiende tanto el libre pensamiento como la libertad de cultos, considerando que las guerras religiosas son una expresión bárbara. Siendo deísta, critica tanto el fanatismo católico como el protestante, llegando a estimar que ambos son equiparables en crueldad. Los sucesos de la Noche de San Bartolomé de 1572 lo convencen de ello.

En sus “Cartas filosóficas”, Voltaire elogia a Inglaterra por considerar que ha sabido reconocer las libertades individuales y ha creado un ambiente en el que pueden coexistir diversas religiones, a la vez que ha permitido avances científicos y la difusión de ideas innovadoras. En esta primera obra de 1734, Voltaire valoraba a la tolerancia como elemento indispensable para favorecer la economía, la convivencia armónica, la cultura y la libertad.

Voltaire atribuía a la superstición y el fanatismo grandes males para la humanidad, y dedicó toda su vida a combatirlos. En la Francia del siglo XVIII, ubicaba a la Iglesia amalgamada con el Estado, lo que traía efectos perniciosos para la población. Estudiado el conocido caso de François-Jean Lefebvre, llamado “el caballero de La Barre”, quien en 1766 fue torturado, decapitado y quemado por no haberse quitado el sombrero durante una procesión, Voltaire encontró en él un ejemplo perfecto de lo que puede ocasionar la superstición y el fanatismo. El caso despertó tal interés en él, que dirigió un minucioso informe a Cesare Beccaria, el célebre autor del tratado “De los delitos y las penas”, que serviría de base para lograr la rehabilitación del joven en 1794.

Algo similar ocurrió con el caso de Jean Calas, un comerciante protestante de Toulouse que en 1762 fue torturado en la rueda, estrangulado y quemado por creerse que había asesinado a su hijo por convertirse al catolicismo, aun cuando todo apuntaba a que se había tratado de un suicidio. Interesado en el caso, Voltaire escribió su “Tratado sobre la tolerancia”, logrando la rehabilitación de Calas en 1765.

Al comenzar la obra, Voltaire es fulminante:

El furor que inspiran el espíritu dogmático y el abuso de la religión cristiana mal entendida ha derramado tanta sangre, ha producido tantos desastres, en Alemania, en Inglaterra, e incluso en Holanda, como en Francia; sin embargo, hoy la diferencia de religiones no causa ninguna perturbación en estos Estados; el judío, el católico, el griego, el luterano, el calvinista, el anabaptista, el sociniano, el menonita, el moravo y tantos otros viven como hermanos en esas regiones, y contribuyen por igual al bien de la sociedad.

Voltaire fundamenta sus consideraciones en el derecho natural, afirmando que cualquier supuesto derecho de la intolerancia es absurdo y bárbaro, y resume su argumentación en la premisa “No hagas lo que no querrías que te hiciesen”.

Por lo que hace a su pensamiento político, es necesario mencionar el “Antimaquiavelo”, la obra en la que, junto a Federico II, se dedica a refutar los argumentos maquiavélicos expuestos en “El Príncipe”, rechazando sus premisas por considerarlas nocivas para los gobernantes.

La obra está organizada a manera de análisis de “El Príncipe”, de hecho usando los mismos títulos, pero en cada apartado refuta los argumentos que Maquiavelo esgrime para justificar el uso de la razón de Estado como máxima del actuar político:

Las máximas de Maquiavelo son tan contrarias a la buena moral como el sistema de Descartes lo es al de Newton. El interés lo es todo a los ojos de Maquiavelo, desempeñando el mismo papel que juegan los torbellinos para Descartes. La moral del político es tan depravada como frívolas resultan las ideas del filósofo. Nada puede igualar la desfachatez con la que este abominable político enseña los crímenes más espantosos. Conforme a su manera de pensar, las acciones más injustas y atroces quedan legitimadas en cuanto tengan puestas sus miras en el interés o la ambición.

 https://democresia.es/pensamiento/voltaire-contra-la-supersticion-el-fanatismo-y-la-intolerancia/

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