miércoles, 29 de junio de 2022

 


Durante más de trece años, Flannery O’Connor vio que el cañón de la pistola apuntaba hacia ella y se negó a desviar la mirada. Sin duda, su fe la ayudó a mantener su espíritu pero, como ella misma sabía, muchas personas religiosas abrigan meras ilusiones y evasiones respecto a su mortalidad y son tan capaces de complacencia y mezquindad como cualquier otra. Ella decidió de forma expresa usar su fatal enfermedad como medio para vivir lo más intensa y satisfactoriamente posible. Entiende: acostumbramos leer con cierta distancia historias como la de Flannery O’Connor. No podemos menos que sentir cierto alivio al vernos en una posición mucho más cómoda. Pero cometemos un grave error al hacerlo. El destino de ella es el nuestro: todos moriremos algún día, todos enfrentamos hoy y siempre las mismas incertidumbres. De hecho, que para Flannery su mortalidad haya sido tan palpable y presente le dio una ventaja sobre nosotros: la impulsó a afrontar la muerte y a hacer uso de la conciencia de ella. Nosotros, por nuestra parte, podemos eludir esa idea, imaginar múltiples aspectos del tiempo que nos aguarda y abrirnos camino por la vida. Y entonces, cuando la realidad nos alcance, cuando recibamos nuestra bala en el costado en forma de una crisis profesional inesperada, el doloroso rompimiento de una relación, la muerte de alguien cercano o incluso una enfermedad que ponga en peligro nuestra vida, no estaremos preparados para manejarla. Nuestra renuencia a pensar en la muerte ha establecido el patrón con el que manejamos otras desagradables realidades y la adversidad. Nos ponemos histéricos y perdemos el equilibrio, culpamos a otros de nuestro destino, nos enojamos y compadecemos de nosotros mismos u optamos por distracciones y maneras rápidas de acallar el dolor. Esto se vuelve un hábito que no podemos quitarnos, y la evasión hace que nos sintamos ansiosos y vacíos. Antes de que eso se convierta en un patrón de por vida, debemos sacudirnos ese estado semionírico de forma real y duradera. Debemos poder ver nuestra mortalidad sin atemorizarnos ni engañarnos con una efímera y abstracta meditación sobre la muerte. Tenemos que reflexionar de verdad en la incertidumbre que la muerte representa: podría llegar mañana, igual que cualquier otra adversidad o separación. Debemos dejar de posponer nuestra conciencia. Tenemos que dejar de sentirnos superiores o especiales y aceptar que la muerte es un destino que todos compartimos y que debería vincularnos de un modo esencialmente empático con los demás. Todos formamos parte de la fraternidad de la muerte. Le daremos así un curso muy distinto a nuestra vida. Si hacemos de la muerte una presencia familiar, comprenderemos que la vida es muy corta y qué es lo que en verdad debería importarnos. Adquiriremos una sensación de apremio y de más profundo compromiso con nuestro trabajo y relaciones. Cuando enfrentemos una crisis, separación o enfermedad, no nos sentiremos tan aterrados y abrumados. No necesitaremos adoptar la evasión. Podremos aceptar que la vida incluye dolor y sufrimiento, y utilizaremos tales momentos para fortalecernos y aprender. Y como en el caso de Flannery, la conciencia de nuestra mortalidad nos librará de ilusiones absurdas e intensificará cada aspecto de nuestra experiencia.

Robert Greene

 ALQUIMIA OCULTA: MIEL


¿Que podríamos decir de este increíble alimento, aparte de que es el alimento más perfecto que la naturaleza ha podido crear por si sola? Por supuesto, tal logro fue y sigue siendo posible gracias al minucioso proceso en base a los preceptos alquímicos que tiene lugar en su elaboración. 

Podríamos enumerar sus increíbles beneficios, sus propiedades medicinales y alimenticias, pero de eso podemos encontrar mucho en la red gracias al sabio "Google". Por ahora, nos detendremos un momento a observar el proceso, que es, claro, lo que en realidad nos debe interesar si algún día pretendemos enfrentar el largo camino hacia la panacea universal. 

Dice un proverbio alquímico: 

"Cada cosa tiene su tiempo bajo el sol. Un tiempo el llorar, un tiempo el reír; un tiempo el sembrar, un tiempo el cosechar. El trabajo del hombre es inútil sin el concurso del cielo y todo esfuerzo que se haga fuera de su temporada, está llamado al fracaso".

Al igual que para tener éxito en la elaboración de una tintura potente se debe tomar la planta directamente de la tierra en el día y la hora adecuada, así también las sabias abejas salen en una temporada especial a recolectar el néctar de las flores, no lo hacen antes ni después. El néctar en sí no es más que una "DESTILACIÓN" de la savia; es una sustancia utilizada por las flores para atraer insectos, los cuales, al detenerse a beber el precioso fluido, entrarán en contacto con el polen ubicado en los estambres. Cuando estos insectos han saciado su sed de nutrientes, partirán en nuevas direcciones, deteniéndose cada tanto en otras flores, transportando y dejando en ellas el polen adherido anteriormente a sus patas o en su cuerpo, cumpliendo así con el ciclo sexual de la flor, del cual son inconscientes. Como quiera que sea, las abejas no son la excepción a esta regla. Sin embargo, en la abeja, el proceso va un poco más lejos. 

Para la abeja melífera, el néctar no es solo un alimento fugaz en sus mañanas de vuelo. Ellas utilizan el néctar como materia prima para un producto mucho más perfecto de lo que la flor hubiera podido crear: La Miel, la cual debe elaborarse antes de ciertas temporadas, cuando hace frio y pronto no habrá mucho de donde alimentarse en el exterior. Pero el proceso de elaboración de la miel no es de completa autoría de la abeja, sino que inicia desde mucho antes, en la llegada del agua a la planta, en un proceso continuo de disolución y coagulación, de digestión en digestión, hasta que la materia prima de la naturaleza ha alcanzado el nivel adecuado de perfeccionamiento, y finalmente la abeja puede sintetizarlo. El proceso inicia en la tierra, de donde la planta absorbe el agua básica y las sales esenciales para crear la savia bruta. Una vez obtenida la savia bruta, esta asciende por el tallo de la planta (Sublimación: Sube de la tierra al cielo…) y se deposita en las hojas, para entrar en contacto con la radiación del rey de los astros y alcanzar su madurez (el león verde devorando al sol). Una vez el sol pasa a vivir dentro del vital fluido, estará listo para traspasar su virtud (baño María: el sol bañándose en el mar), dando como resultado una savia madura, lista para irrigarse y alimentar a la planta desde las hojas hacia las ramas y el tallo (...y de allí vuelve a la tierra, para que tengas la fuerza de lo de arriba y de lo de abajo). Una vez iniciado el proceso de digestión de la savia, una parte de su producto cumplirá con la fase de "Destilación" y creará el néctar, el cual continuará con su proceso de digestión gracias a la abeja. 

Una vez que el néctar es recolectado por la abeja, va directamente al estómago de esta, en donde una enzima llamada Invertasa descompone la sacarosa del néctar y lo transforma en fructosa y glucosa, en un nuevo proceso de digestión. Para cuando la abeja vuelve al panal, el néctar estará digerido, entonces es regurgitado y pasado a otra abeja, la cual lo digerirá nuevamente mientras lo transporta y lo regurgita para otra abeja. De digestión en digestión, de purificación en purificación. Este proceso se repetirá las veces que sean necesarias hasta que se obtiene un producto perfeccionado, cuya virtud ha sido sublimada y procesada a tal punto, que no desaparecerá jamás. Una vez que el instinto de la abeja siente que su producto está listo, será depositado en una celda de cera especial e iniciará el proceso de "Coagulación". Este último paso en la transformación se realiza mediante el batir de las alas de miles de abejas sobre su miel, aumentando con esto la temperatura de la colmena, sin superar los 16° o 18°, calor suficiente para evaporar lentamente la humedad de la miel sin que se volatilicen los principios esenciales, que son los que finalmente cumplirán con la función de alimento especial. Esto hará que la miel se espese y alcance un nivel de permeabilidad y sequedad óptima para poder ser conservada durante miles de años sin que pierda su potencial. Cuando la miel está suficientemente coagulada, se cubre con otra capa de cera, evitando así que pueda ser dañada por cualquier sustancia que irrumpa en el panal y permitiéndole la máxima conservación al vacío. Y es aquí en donde entra la mano corruptora del hombre...

Las abejas bien podrían continuar el proceso y secar totalmente la miel, hasta que su virtud fuera fijada completamente, creando con ello un ámbar, cuyo poder puede separarse en pequeñas porciones de polvo de proyección y servir de semilla virtuosa a cientos de pociones medicinales. Pero la naturaleza ha dispuesto que su proceso llegue hasta ahí y más que servir de semilla futura, sirva de alimento inmediato. 

En Egipto, se han excavado tumbas y recintos de más de 2000 años de antigüedad, en donde se ha encontrado miel, en perfecto estado de conservación, a la que solo le hace falta ser recalentada para poder ser consumida. Esto prueba la inmensa virtud fijadora que posee en su interior. En los días del imperio Romano, incluso en los de Alejandro Magno, los cadáveres de personajes importantes eran conservados en miel, así se mantenían “frescos” por mucho tiempo y todos sus súbditos podían viajar y contemplarlos en su último viaje en el mundo. 

La miel es el único alimento imperecedero de toda la historia y ahora sabemos él porque: La alquimia se lleva cabo con éxito en su proceso de fabricación. La próxima vez que veamos un frasco de miel pura, démosle a la naturaleza el crédito por su habilidad e ingenio, dignos de un verdadero Maestro alquimista, al crear un alimento cercano al tope de la perfección.

 A lo largo del camino espiritual, los bloqueos y las tentaciones aparecen, al igual que las dudas y los temores. Clásicamente, han sido denominados "pruebas" que surgen del ego, que no gusta renunciar al dominio. Esas son superadas por la reafirmación de las metas y el compromiso, así como reforzando y contrapesando tales principios, como la dedicación, la tenacidad, la constancia, el coraje, la convicción y la intención. Cuanto mayor sea el desafío, mayor es el despliegue de la fuerza interna, la decisión y la determinación. Por la persistencia y la disciplina, puede verse que la tentación es una opción simplemente rechazada en lugar de un impulso que pida ser atacado o negado.

lunes, 27 de junio de 2022

 


La esencia del misticismo es que en lo más profundo de nuestro ser, en el centro puro de nuestra conciencia, somos fundamentalmente, atemporal, eterna e inmutablemente uno con el Espíritu, con la Divinidad, con el Todo. ¿Suena esto muy descabellado? Escuchemos a Erwin Schrödinger, premio Nobel y uno de los padres de la moderna mecánica cuántica:


<<No es posible que esa unidad de conocimientos,

sentimientos y elecciones que llamas tú mismo haya surgido de la

nada, en un momento dado y no mucho tiempo atrás; más bien, y por

el contrario, esos conocimientos, sentimientos y elecciones son

esencialmente eternos, inmutables y numéricamente uno en todos los

hombres; y es más, en todos los seres sensibles. Por inconcebible

que pueda parecer a la razón ordinaria, tú mismo –y todos los demás

seres conscientes como tales– están todos en todo. Por ello, la vida

que tú vives no es simplemente una pieza más de la existencia sino

que es, en cierto sentido, la totalidad… Este es el significado simple

y claro de la sagrada fórmula mística: “Estoy en el este y el oeste,

estoy arriba y abajo, yo soy la totalidad del mundo”.

>>Por lo tanto, puedes tumbarte en el suelo y extenderte

sobre la Madre Tierra con la absoluta certeza de que eres uno con

ella y ella uno contigo. Tus cimientos son tan firmes e invulnerables

como los suyos; en realidad, mil veces más sólidos e invulnerables.

Con la misma seguridad de que mañana te engullirá, puedes estar

seguro de que volverá de nuevo a darte a luz. Y no meramente

“algún día”, si no ahora, hoy; pues cada día te está alumbrando, y no

una sola vez, sino miles y miles de veces, al igual que miles de veces

diariamente te engulle. Porque eternamente y siempre únicamente

existe el ahora, un único y mismo ahora. El presente es lo único que

no tiene fin>>.1

Según los místicos, cuando trascendemos la sensación de

estar separados, cuando vamos más allá de nuestro ego limitado,

descubrimos en cambio una Identidad Suprema, una identidad con el

Todo, con el Espíritu universal, infinito, eterno e inmutable que todo

lo impregna. Como explica Einstein: <<El ser humano es parte

inseparable de esa totalidad que llamamos “Universo”, si bien una parte limitada en el espacio y el tiempo.

Ken Wilber


 

domingo, 26 de junio de 2022


 

 Hace años un filósofo sin un centavo deambulaba por un país pedregoso donde las gentes se ganaban la vida de modo muy duro. Un día se congregó una multitud a su alrededor en una altura. Y el filósofo pronunció lo que constituye probablemente el discurso más citado de todos los tiempos: "No os cuidéis, pues, del mañana, porque el mañana cuidará de sus propias cosas. Cada día trae su afán". Muchos han rechazado estas palabras de Jesús: "No os cuidéis del mañana". Han rechazado estas palabras como un consejo de perfección, como cosa de misticismo oriental. Y dicen: "Tengo que cuidarme del mañana. Tengo que asegurarme para proteger a mi familia. Tengo que ahorrar dinero para mi vejez. Tengo que establecer planes y prepararme para salir adelante". ¡Claro que sí! Ello es indudable. Lo que pasa es que esas palabras de Jesús, traducidas hace más de trescientos años, no significan hoy lo que significaban durante el reinado del Rey Jacobo. Hace trescientos años la palabra cuidado significaba frecuentemente ansiedad. Las versiones modernas de la Biblia citan a Jesús con más exactitud al decir: "No tengáis ansiedad por el mañana". Hay que cuidar del mañana por todos los medios, meditando, proyectando y preparándose. Pero sin ansiedades.

 ¿Tienes familiares hirientes?


Amalos pero aléjate si ya no suman, no todas las madres y los padres aman y defienden, algunos solo luchan por sus ideales personales, hay familias tan hirientes y dañinas que la distancia se convierte el único remedio para sanar.

Hay tí@s enloquecidas que vuelcan en nosotros su ira, su rencor y sus heridas, hay padres a quienes no les importamos ni antes, ni ahora, ni nunca, hay herman@s crueles, abusivos, violentos y que se creen con derecho sobre nosotros.

Hay familiares que traicionan que roban, hablan mal, chismorrean y envidian lo nuestro, hay familiares que quieren verte bien, pero jamás querrán verte mejor que ellos, que se reúnen para hablar mal de ti y entre ellos consolarse haciéndote ver a ti como el malo de la pelicula, que hacen bandos para desacreditarte, pensando que así son mejores que tu.

Hay hij@s que no aman a sus propios padres, que son groseros, que están con ellos porque les conviene y para obtener alguna ganancia, hay familiares que sólo están para nosotros cuando les conviene y para seguir usándonos en nombre de la sangre que nos une, es importante hacer una reflexión dejemos también de romantizar la familia, la pareja, los padres, los hermanos, necesitamos crecer, evolucionar,
sanar... poner límites.

Es necesario ver la sombra, el lado oscuro de nuestro árbol y tener la fortaleza para alejarnos de lo que nos ha dañado, tenemos que ser nuestra prioridad y dejar de sufrir por familiares que solo nos roban la energía, cada quien que se haga cargo de su vida, reconocelos, pero no formes parte de sus heridas, su ira, su abandono, su hipocresía, su manipulación.

Créditos a quien corresponda!

viernes, 24 de junio de 2022

 A veces pienso en fundar una compañía aérea llamada «Aerolíneas Terapéuticas», porque si te subes a un avión, te vuelves hacia la persona que tienes a tu lado y le dices: «Yo soy psicólogo, y usted, ¿a qué se dedica?», durante las horas siguientes esa persona te contará todos sus problemas, como si te los derramara encima. Y después, cuando el viaje termine, te dará las gracias. Es decir que Aerolíneas Terapéuticas sería una línea aérea que despega de un aeropuerto local y se pasa dos horas en el aire. En un avión lleno de extraños, nos contaríamos nuestra vida los unos a los otros, y después volveríamos al lugar de partida y todos nos sentiríamos mejor. No olvides nunca el poder intrínseco en el hecho de escuchar ni el vigor que se proporciona simplemente estando ahí; no para curar al otro, sino para prestarle atención. El mundo necesita gente que sepa escuchar. Imagínate a un niño en brazos de su madre. Como dice Ashley Montagu, es necesario que el mundo sea como una madre amante.

 "Vivo en una sociedad carente de moral que embrutece la sensibilidad y embota la capacidad de la mayoría de las personas para hacer el bien, pero que pone al alcance de una minoría el consumo de una gama asombrosa de placeres intelectuales y estéticos".


"Estilos radicales", Susan Sontag

 El poeta de cauce oscuro

“… el aire es suave como pelusa de melocotón…”

“F

ederico García Lorca, hombre de la morería, la distancia de tus personajes –Mariana Pineda a Bernarda Alba, Bodas de sangre, Rosita la solterona, Yerma–, es presencia y cercanía en el poema. Poeta de ‘cauce oscuro’, tus figuras son secas, desoladas y siniestras pero tu ritmo es esperanza, juego y canto” poetizó mi maestro Santiago Ramírez (Esterilidad y fruto, Editorial Línea). Lo recuerdo en el 80 aniversario del escrito Juego y teoría del duende.

Sonidos negros de Manuel Torre, fondo común incontrolable y estremecido de leño, son, tela y vocablo. Tres arcos: la musa, el ángel y el duende. La musa permanece quieta. El ángel puede agitar cabellos, pero, el duende. ¿Dónde está el duende? Por el arco vacío entra un aire mental que sopla con insistencia sobre las cabezas de los muertos, en busca de nuevos paisajes y acentos ignorados. Un aire con olor a saliva de niño, de hierba machacada y velo de medusa que anuncia el constante bautizo de las cosas recién creadas. García Lorca, Federcio, Juego y teoría del duende (Obras completas, Editorial Aguilar).

¿Qué relación existe entre el inconsciente de Sigmund Freud y el duende de Federico García Lorca o el duende de Nietzsche? No es fácil decirlo ni analizarlo; poder misterioso que todos sienten y ningún filósofo explica y es en suma el espíritu de la tierra, el duende que abrazó el corazón de Nietzsche, que lo buscaba en sus formas exteriores –el ángel– sobre el puente Rialto o en la música de Bizet, sin encontrarlo y sin saber que el duende que perseguía saltó de los misteriosos griegos a los bailarines de Cádiz o al dionisiaco grito degollado, de la seguidilla de Silverio, o al cauch sicoanalítico de la calle de Bergasse 19, donde residía el profesor Freud.

Porque el duende había abandonado Grecia, cuando los griegos abandonaron sus propios misterios y habían saltado a las bailarinas tarstésicas que entonces y aún hoy conservan ese poder misterioso, inexplicable para los filósofos que es verdadero estilo vivo: sangre de creación en acto, espíritu de la tierra dionisiaca, grito degollado, que es, pues, el duende, como lo busca Lorca, quien especifica dónde se encuentra En las últimas habitaciones de la sangre, para volver a encontrarlo y no; magia andaluza.

Búsqueda en Freud de ese duende –brotar de lo inesperado, fugacidad del instante, juego en las entrañas– sólo explicable en el a posteriori, con ecos y resonancias ilimitadas hacia una remota oscura antigüedad andaluza, que es, tiene que ser, esa oscura antigüedad del ser humano, antigüedad de culturas conquistables que echa por tierra los conceptos de identidades nacionales para dar paso a la búsqueda de ese duende cosa de aspecto inmutable inconfundiblemente atemporal y aespacial, por tanto inatrapable, inasible, terriblemente angustioso y tan inmanejable para el yo que es capaz de provocar la alucinación, el delirio o la muerte ante su encuentro, pese a ser tan buscado. Ese duende de la magia de los cuentos infantiles o de la frase de Manuel Torre: Todo lo que tiene sonidos negros tiene duende. Poesía de Lorca que enmarca la idea del inconsciente en que sólo manda un color: negro. Sonidos negros que para el poeta son misterios, raíces que se clavan en el limo que conocemos e ignoramos, pero de donde nos llega lo sustancial: la creación.

https://www.jornada.com.mx/2013/07/19/opinion/a07a1cul

Lucha del hombre con el duende durante toda su vida, aun sin saberlo. Sólo que quema la sangre como un tópico de vidrios que agota, que rechaza la dulce geometría aprendida, nómbresele duende, sorpresa interior o trampa.

La facilidad de Federico es decir de sí mismo desprejuiciado por el temor panderetil, decir de andaluz gravemente herido de eso, no ángel, sino duende, al que muchos intelectuales escapan o consideran quincallería. García Lorca, chamelador (y tanto), recobró un cambio sobre el cante: hizo una especial operación fenomenológica, por así expresarlo, y encontró la clave de su trascendentalización. Llegó a la forma íntima de lo flamenco, como diría Dámaso Alonso. Y es porque miró dentro y fuera del cante, y nada le pareció inútil para ahondar sus sugestiones y enriquecer sus asociaciones con lo que no es cante. Lorca fue, más que al cante por el cante, a la más escondida galería de lo flamenco, hurgando su razón existencial. Por eso, todo lo empleó (cultura, sensibilidad, condición lírica) para bucear en lo negro e intentar sorprender al duende (González Climent, Poesía flamenca).

Arrolladoramente, se sufre la jondura de Lorca: vivencia, invasión sensitiva. Entrar en delirio, querer perpetuar con avidez esos refilonazos angustiosos que da el cante cuando no es declamación o mera estética. Obsedido por lo jondo, dramatizó el tema, le prestó encarnadura trágica, ansiosa, palpitante. Sobrexcitó –pero sin movimientos ni revulsiones, estáticamente– lo que puede revelar esa confesión última que es el jipío. Amontonó la fantasmagoría del cante, le dio suspenso metafísico, apretó su sino. Raza subterránea, volcánica (Ídem).

A cuentas: García Lorca es, sin discusión, el poeta verdaderamente entrañado con el duende andaluz. Íntegramente flamenco. Conoce la negra peripecia vital de los cantaores finiseculares. Se juerguea con los flamencos contemporáneos de más solera y fondo vital. Domina la copla, los estilos, las raíces. Tañe. Improvisa en el piano. Recopila folclor. Inicia a los intelectuales en los más intrincados ritos de la materia (Ídem).

miércoles, 22 de junio de 2022

 Todo está a nuestra vista o dentro de nuestro corazón; lo único que necesitamos es aprender a observar. Al observar, surge la claridad porque te vuelves más delicado, más concentrado, más enfocado. 

Sé sabio y observa, no hables, sólo observa y aprende.


 

martes, 21 de junio de 2022

 


Viejo es el viento, y aún sigue soplando. Quizás pocas personas encarnan mejor esa frase que Fauja Singh, el maratonista británico de origen indio, que pasó la barrera de los 100 años.

Fauja Singh nació en Beas Pind, India, el 1 de abril de 1911. Siendo el menor de cuatro hermanos, Fauja no desarrolló la capacidad de caminar sino hasta sus 5 años de edad. Sus piernas eran delgadas y débiles, y apenas podía mantenerse en equilibrio. Debido a esto los otros niños se burlaban de él.

Sin embargo, ya sobre sus 20 años Fauja se convirtió en un runner amateur con buenas performances, pero tuvo que dejar de practicar este deporte por obligaciones laborales. Así se mantuvo durante buena parte de sus años, hasta que una serie de hechos desafortunados lo hicieron reflexionar sobre el verdadero sentido de la vida. A la muerte de su esposa en 1992, le siguió la de su hija mayor por complicaciones después de dar a luz a su tercera nieta. Poco después, en agosto de1994, Fauja presenció la muerte de su quinto hijo, Kuldip, en un accidente en una obra de construcción. Fue allí que decidió afrontar los duros golpes de la vida mediante su vieja pasión: correr.

Fauja, con más de 8 décadas de vida, comenzó un riguroso plan de entrenamiento diario que se extendió por años. De acuerdo con su entrenador, Fauja solía correr hasta 20 kilómetros con facilidad y quería completar un maratón, pensando que se trataba de solamente 26 kilómetros, y no de 26 millas (42 kilómetros). Cuando se dio cuenta de la confusión, comenzó a entrenar en serio. Fue así que a sus 89 años y luego de competir en varias carreras de corta y mediana distancia, sintió que su cuerpo estaba listo para el desafío maratónico. Singh corrió sus primeros 42k en Londres, en 2000.

Singh siguió corriendo maratones, totalizando hasta hoy 8 (5 en Londres, 2 en Toronto y 1 en New York. Su actual mejor tiempo personal para los 42k es el conseguido en Toronto 2003, a sus 92 años: 5 horas y 40 minutos, a la edad de 92, pulverizando por 58 minutos el record mundial para mayores de 90 años. Además, posee varios records de atletismo en pista, y por ser considerado un ejemplo de vida recibió numerosas condecoraciones en diferentes rincones del planeta.

el 24 de febrero de 2013 (sólo 5 semanas de su cumpleaños 102), anunció su retiro de las competencias, al correr con éxito los 10k que se disputaron junto al Maratón de Hong Kong, donde empleó 1:32:28. De todos modos, dejó en claro que desea seguir practicando el running por placer y salud.

Fauja mide 1m 72 cm de alto y pesa 52 kg. Atribuye su longevidad a abstenerse de fumar y tomar alcohol, y seguir una dieta vegetariana simple que no incluye nada de alimentos fritos. Además, cree que es fundamental irse a dormir temprano y evitar los pensamientos negativos.

"Los primeros 32 kilómetros no son difíciles. A los últimos 10k los corro mientras hablo con Dios”, asegura.

https://www.espn.com.mx/espn-run/nota/_/id/2589514/la-historia-de-vida-de-fauja-singh

 Setenta balcones hay en esta casa,

setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza
¡dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta lleno de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave...

¡Setenta balcones y ninguna flor!

Baldomero Fernández Moreno


 

jueves, 16 de junio de 2022

 


Desde el día en que empecé a trabajar, he disfrutado de un gran éxito, riqueza y reconocimiento. Sin embargo, a pesar de todo, mi descontento era permanente. Muy pronto, en mi carrera con gigantes tecnológicos como IBM y Microsoft obtuve una gran satisfacción intelectual acompañada de una gratificación del ego y, sí, gané dinero. Pero descubrí que cuanto mayor era mi fortuna, menor era mi felicidad. La ironía era que, de joven, a pesar de la lucha por encontrar mi camino en la vida y llegar a fin de mes, siempre fui muy feliz. Sin embargo, en 1995, cuando mi esposa, nuestros dos hijos y yo nos mudamos a Dubái, las cosas habían cambiado. Cuando llegamos a los Emiratos Árabes, yo ya había adquirido la costumbre de compararme con mis amigos multimillonarios y siempre me encontraba en desventaja. Y sin embargo —supongo que no soy la primera persona que te cuenta esto—, cuanto «más dinero» ganaba, más desgraciado me sentía. Lo que me llevaba a trabajar más duro y comprar más artilugios con la errónea suposición de que, más tarde o más temprano, todo este esfuerzo me compensaría y encontraría el caldero de oro —la felicidad— supuestamente al final del arcoíris de alto rendimiento. Me convertí en un hámster atrapado en lo que los psicólogos llaman la «rutina hedónica». Cuanto más tienes, más quieres. Cuanto más te esfuerzas, más razones encuentras para esforzarte. Una tarde entré en internet y en dos clics compré dos RollsRoyce vintage. ¿Por qué? Porque podía. Y porque intentaba llenar desesperadamente un agujero en mi alma. No te sorprenderá oír que cuando llegaron esos dos hermosos clásicos del estilismo automovilístico inglés, mi ánimo no se levantó ni un ápice. Llegado a ese punto supe que no podía seguir ignorando el problema. Esa persona agresiva e infeliz que me devolvía la mirada en el espejo no era realmente yo. Había perdido al joven feliz y optimista que siempre había sido y estaba cansado de asumir el papel de este tipo agotado, miserable y violento. Durante la conversación, de pronto descubrí que la felicidad no es algo que tengamos que esperar y buscar como si se tratara de una realidad que hubiera que ganar. Además, no debería depender de condiciones externas, y menos aún de circunstancias tan inconstantes y volubles como el éxito laboral y la adquisición de patrimonio. Hasta entonces mi camino había estado sembrado de éxito y progreso, pero cada vez que avanzaba en ese campo era como si la meta se hubiera desplazado más lejos. Descubrí que jamás alcanzaría la felicidad si me aferraba a la idea de que en cuanto consiguiera esto o aquello o llegara a tal meta sería feliz.


 "Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza".


 - Pablo de Tarso, Fil. 4:8,


 

martes, 14 de junio de 2022

La inteligencia sin amor, te hace perverso.
La justicia sin amor, te hace implacable.
La diplomacia sin amor, te hace hipócrita.
EL éxito sin amor, te hace arrogante.
La riqueza sin amor, te hace avaro.
La docilidad sin amor, te hace servil.
La pobreza sin amor, te hace orgulloso.
La belleza sin amor, te hace ridículo.
La verdad sin amor, te hace hiriente.
La autoridad sin amor, te hace un tirano.
EL trabajo sin amor, te hace un esclavo.
La sencillez sin amor, te hace indiferente.
La ley sin amor, te hace dictador.
La política sin amor, te hace ególatra.
La fe sin amor, te hace fanático.
La convivencia sin amor, se vuelve tortura.

 


  Fausto es un hipster del siglo XIX . Busca satisfacer sus ansias de autorrealización, explorar las posibilidades expresivas de su propia individualidad. Claro, él lleva ventaja sobre Geoff Dyer porque consigue un pacto con el diablo y no solo un pase VIP para el backstage . Fausto trata de desarrollar su subjetividad a través del conocimiento, el sexo, las experiencias vitales, la transformación del mundo… Pero nada, como Dyer, sigue igual de insatisfecho, al borde de la depresión.

    Hoy todos somos así. En vez de un perro que se convierte en Mefistófeles tenemos hipermercados. Nuestras almas rejuvenecen ante el escaparate. Como escribió Nicanor Parra: «Qué le dijo Milton Friedman / a los pobrecitos alacalufes? / A comprar a comprar / quel mundo se vacabar!».
    En una época de trabajos precarios donde la ideología política es un chiste sin gracia, llegamos a ser lo que podemos permitirnos consumir. Nos definimos por la lista de la compra. Todo a nuestro alrededor está diseñado para que nuestros gustos mediados por el mercado sean nuestras principales señas de identidad: la tecnología, la música, la ropa, los viajes, la comida… Nos concebimos como agregados de preferencias cuyo único fundamento es que han sido elegidas por nosotros.
    Es un viaje desesperado a ninguna parte. La magia del escaparate se evapora tan rápido como pagamos. Los coches pierden un veinte por ciento de valor en el momento en el que salen del concesionario. Tan pronto como nos calzamos las Nike nuevas, se desvanece su aura mágica y vuelven a ser unos zapatos horteras y sobreequipados.
    Pero sobre todo, esa comprensión de nosotros mismos es incompatible con la forma en que de hecho afrontamos nuestra realidad material. ¿No es, en el fondo, absurda la idea de que «elegimos» a nuestras parejas sentimentales, con las que construimos una vida en común? ¿En qué catálogo las escogemos? Lo característico de los vínculos interpersonales profundos es en realidad que no son ni imposiciones —como en los matrimonios acordados— ni meras expresiones de preferencias. Lo mismo ocurre con algunas de las experiencias que consideramos más valiosas y características de una vida buena. Nadie prefiere levantarse por la noche para preparar un biberón a un bebé, nadie prefiere participar en una aburridísima asamblea política, nadie prefiere salir a correr bajo la lluvia. Yo diría que ni siquiera nadie prefiere exactamente leer a Proust en vez de encender la tele para ver «Gran Hermano».
    Por eso cuando pienso en Fausto siempre me entran ganas de gritarle al protagonista: «Tío, cómprate un perro». Porque, es curioso, lo único con lo que no prueba es a cuidar y ser cuidado, tal vez formando parte de una de las sociedades de apoyo mutuo de trabajadores que en la época de Goethe empezaban a prosperar.

César Rendueles

lunes, 13 de junio de 2022

Epicteto

 Deja que la razón sea suprema. Incúlcate el hábito de la deliberación. Practica el arte de probar si las cosas son efectivamente buenas o no. Aprende a esperar y a evaluar en lugar de reaccionar siempre obedeciendo a un instinto inexperto. La espontaneidad no es una virtud por sí misma. Si te seduce la promesa de un placer cualquiera, da un paso atrás y concédete algo de tiempo antes de ir a por él sin pensarlo. Desapasiónate y dale un par de vueltas al asunto: ¿este placer me proporcionará un deleite momentáneo o una satisfacción real y duradera? La calidad de vida y el tipo de persona en que nos convertimos cambian sustancialmente cuando aprendemos a distinguir entre las emociones baratas y las recompensas significativas y duraderas. Si al considerar con calma el placer en cuestión te das cuenta de que en caso de abandonarte al mismo te arrepentirás, absténte y disfruta del dominio sobre tu persona. Refuerza el triunfo de tu carácter y te fortalecerás.

Mi familia siempre tuvo interés en el arte. Como provengo de una familia metodista en una isla católica francesa, nos sentíamos un poco acosados... Crecí en un lugar en donde si uno aprendía un poema, lo gritaba, los niños lo gritaban y lo actuaban y lo recomponían y lo embellecían. Si uno quería aproximarse a ese estallido, a ese poder del lenguaje, no podía lograrlo con una vocecita modesta que le murmurase algo a algún otro.

 


La felicidad es esa gloriosa sensación en la que todo parece correcto, cuando los tiras y aflojas y los bordes irregulares parecen ajustarse a la perfección. En esos destellos de genuina felicidad, a veces muy breves, todo pensamiento es agradable y no te importaría que el mundo se detuviera y el instante presente durara para siempre. En última instancia, lo que hacemos en la vida es un intento por encontrar esta sensación y hacerla durar. Algunas personas la buscan en el amor; otras, en la riqueza o la fama; y otras, en algún tipo de autorrealización. Sin embargo, todos conocemos a personas que son profundamente amadas, logran grandes cosas, recorren el mundo, adquieren todos los juguetes que el dinero puede comprar, disfrutan de todos los lujos y, sin embargo, siguen anhelando el elusivo objetivo de la satisfacción, la alegría y la paz, también conocido como felicidad. ¿Por qué algo tan sencillo es tan difícil de encontrar? Lo cierto es que no lo es. Ocurre que la buscamos en los lugares equivocados. Pensamos en ella como un destino que hemos de alcanzar, cuando en realidad es donde todos hemos empezado. ¿Alguna vez has buscado tus llaves solo para descubrir que estaban en tu bolsillo? ¿Recuerdas cómo removías el contenido de tu escritorio, buscabas bajo el sofá y te sentías cada vez más frustrado al no encontrarlas? Obramos igual al esforzamos por encontrar la felicidad «ahí fuera», cuando, en realidad, la felicidad está donde siempre ha estado: en nuestro interior, como un elemento de diseño básico de nuestra especie.

viernes, 10 de junio de 2022



 Dice el antiguo sabio chino Lao Tse:

    ¿Hay diferencia entre el sí y el no?
    ¿Hay diferencia entre el bien y el mal?
    ¿Debo temer lo que los hombres temen? ¡Qué desatino!
    Tener y no tener nacen juntos
    Difícil y fácil se complementan
    Entre largo y corto hay contraste
    Alto y bajo uno a otro se apoyan
    El frente y el dorso se siguen.
    Y precisa Chuang Tse:
    Así, quienes dicen que quisieran tener lo justo sin su concepto correlativo, lo injusto, o el buen gobierno sin el suyo, el desgobierno, no captan los grandes principios del universo ni la naturaleza de toda creación. Lo mismo sería hablar de la existencia del Cielo sin la de la Tierra, o del principio negativo sin el positivo, cosa claramente imposible. Sin embargo, las gentes siguen discutiendo de esto sin cesar; gentes así deben de ser tontas o bellacas.

 


La Ilustración significa el abandono del hombre de una infancia mental de la que él mismo es culpable. Infancia es la incapacidad de usar la propia razón sin la guía de otra persona. Esta puericia es culpable cuando su causa no es la falta de inteligencia, sino la falta de decisión o de valor para pensar sin ayuda ajena. Sapere aude «¡Atrévete a saber!» He aquí la divisa de la Ilustración.

Immanuel Kant, ¿Qué es la Ilustración?

miércoles, 8 de junio de 2022

 




"Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos".

"El Aleph", Jorge Luis Borges

 Hasta que no reconozcas el genio intrínseco en ti, tendrás grandes dificultades para reconocerlo en los demás, sólo podemos conocer en el exterior lo que reconocemos en el interior.

 


«Existe gente que está tan llena de sentido común que no le queda el más pequeño rincón para el sentido propio».



martes, 7 de junio de 2022

 


Toda doctrina de la inevitabilidad es portadora de un acerado virus de nihilismo moral programado para atacar a la libre capacidad de acción humana y suprimir la resistencia y la creatividad del texto de las posibilidades humanas. La retórica de la inevitabilidad es un artero fraude dirigido a fomentar nuestra impotencia y nuestra pasividad ante unas fuerzas implacables que son, y siempre deben ser, indiferentes a lo puramente humano. Ese es el mundo de la interfaz robotizada, donde las tecnologías campan a sus anchas y protegen con firmeza al poder de todo cuestionamiento o desafío. Nadie ha sabido expresar esto con mayor perspicacia y economía de medios que John Steinbeck en los capítulos iniciales de su obra maestra Las uvas de la ira , en la que describe la suerte corrida por tantos y tantos granjeros en la época de la Gran Depresión que, expulsados de sus hogares en Oklahoma, se dirigieron hacia el oeste, hacia California, para probar fortuna allí. Aquellas familias fueron obligadas a abandonar las tierras que habían trabajado durante generaciones. En un momento previo a su desahucio, reciben la visita de unos empleados del banco, enviados allí básicamente para recordarles la realidad de su impotencia. Uno de los granjeros, lamentando la situación, trata de justificar su derecho a seguir allí por mucho que el banco quiera negarlo. Pero los empleados le responden diciendo: «El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aun así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar»

Winner señala que nos hemos dejado arrastrar hacia una especie de compromiso con un modelo de inercia o deriva tecnológica , definido por la «acumulación de consecuencias imprevistas». Aceptamos la idea de que no se deben poner trabas a la tecnología si queremos que la sociedad prospere y, con ello, nos rendimos ante el determinismo tecnológico. Toda consideración racional de los valores sociales es juzgada como «retrógrada», escribe Winner, muy alejada de «las credenciales de civilización que otorga la tecnología científica. [...] Hasta el momento, cualquier insinuación de que el flujo del avance de la innovación tecnológica será limitado de algún modo [...] supone la violación de un tabú fundamental. [...] Así que aceptamos el cambio y, más tarde, echamos la vista atrás a lo que nos hemos hecho a nosotros mismos y lo estudiamos como un motivo de curiosidad». 71 A la «curiosidad» de Winner yo añadiría otro motivo: el remordimiento. Los líderes del capitalismo de la vigilancia dan por supuesto que sucumbiremos a la falacia naturalista igual que se suponía que los granjeros de Steinbeck también debían hacerlo. Dado que Google tiene éxito —porque el capitalismo de la vigilancia es un modelo de éxito—, sus reglas de acción tienen que ser obviamente justas y buenas, vienen a decirnos. Como aquellos empleados del banco, Google quiere que aceptemos que sus reglas simplemente reflejan los requerimientos de unos procesos autónomos, de algo que las personas no pueden controlar. Sin embargo, nuestro análisis de la lógica interna del capitalismo de la vigilancia indica algo muy distinto. Fueron hombres y mujeres quienes lo crearon, y los hombres y las mujeres pueden controlarlo. Ocurre simplemente que optan por no hacerlo. 


  Las personas que gozan de una alta autoestima tienen una orientación hacia la vida activa, y no pasiva. Asumen plena responsabilidad en cuanto a la realización de sus deseos. No esperan que otros hagan realidad sus sueños.

    Si surge un problema, se preguntan: "¿Qué puedo hacer para solucionarlo? ¿Qué posibilidades de acción tengo a mi alcance?" No exclaman: "¡Alguien tiene que hacer algo!" Si algo ha salido mal, se preguntan: "¿Qué es lo que pasé por alto? ¿En qué equivoqué mi cálculo?". No se entregan a una apoteosis de inculpaciones.
    En conclusión, afrontan la responsabilidad de su propia existencia.
    Y, según el principio de causalidad recíproca analizado antes (los actos que causan una buena autoestima son también expresiones de una buena autoestima), la gente que asume la responsabilidad de su propia existencia tiende, por lo tanto, a generaruna saludable autoestima, hasta el punto de pasar de una orientación pasiva a una orientación activa, de gustarse más, de tener más confianza en sí misma, y de sentirse más apta para la vida y más merecedora de felicidad.
    En mi trabajo psicoterapéutico veo con frecuencia que las transformaciones más radicales ocurren después de que el paciente se da cuenta de que nadie va a acudir en su rescate. "No acude nadie" es una frase que oigo mucho en mi trabajo, en todos los niveles. Cuando al fin me permití asumir la plena responsabilidad de mi vida (me ha dicho más de un paciente), comencé a crecer. Empecé a cambiar. Y mi autoestima empezó a aumentar."
    La autorresponsabilidad comprende realizaciones como las siguientes:
    Soy responsable de mis elecciones y acciones.
    Soy responsable del modo en que utilizo mi tiempo.
    Soy responsable del nivel de conciencia que aplico a mi trabajo.
    Soy responsable del cuidado o la falta de cuidado con que trato a mi cuerpo.
    Soy responsable de mantener las relaciones que decido entablar o en las que elijo continuar.
    Soy responsable del modo en que trato a los demás: Mi cónyuge, mis hijos, mis padres, mis amigos, mis socios, mi jefe, mis subordinados, el vendedor de una tienda.
    Soy responsable del significado que doy o dejo de dar a mi existencia.
    Soy responsable de mi felicidad.
    Soy responsable de mi vida en lo material, lo emocional, lo intelectual y lo espiritual.
    Cuando hablo de "ser responsable" en este contexto, no quiero decir ser receptor de acusaciones o culpas morales, sino ser el principal agente causal de la propia vida y conducta..

 Cerca de París había una comunidad espiritual que había sido fundada por Gurdieff. Este hombre había aprendido en diversos monasterios en los desiertos una serie de danzas y ritmos que, junto con otro tipo de enseñanzas, ayudaban a las personas a desarrollar su espiritualidad. En aquella comunidad, vivía un hombre mayor al que la gente no soportaba. Catalogado como huraño y desagradable, aquel hombre, a pesar de vivir entre ellos, no era aceptado como uno más. Un día, aquel hombre decidió que aquél no era su sitio y se marchó de allí. Al enterarse Gurdieff de lo ocurrido, salió a buscarle hasta que, finalmente, le encontró e intentó convencerle para que volviera, a lo que aquel hombre se negó en redondo. Finalmente, Gurdieff logró que volviera después de prometerle que le pagaría si volvía a vivir en la comunidad. Cuando la gente de ese lugar se enteró de que no sólo tenían que pagar a Gurdieff por vivir en la comunidad, sino que además ahora tenían también que pagar para que aquel ser tan incómodo viviera allí, se rebelaron contra aquella situación. Al enterarse de aquella reacción de sus discípulos, Gurdieff les citó a todos en una sala y les dijo:

    —No habéis entendido nada. Tener un hombre así en esta comunidad es el mejor regalo que se os podía haber hecho, porque es la mejor manera de que aprendáis a desarrollar un espíritu compasivo, algo que ahora ninguno de los que estáis aquí habéis demostrado tener. Sin este espíritu, mis instrucciones de nada os servirán y, por eso, vosotros me tenéis que pagar a mí y yo pagarle a él.

lunes, 6 de junio de 2022


 

  Jerry era el tipo de persona que te encantaría odiar. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba cómo le iba, el respondía: "Si pudiera estar mejor; tendría un gemelo". Él era un gerente único porque tenía varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las meseras seguían a Jerry era por su actitud. Él era un motivador natural: Si un empleado tenía un mal día, Jerry estaba ahí para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación. Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Jerry y le pregunté: "No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo...como lo haces..." Jerry respondía: Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo, Jerry, tienes dos opciones hoy: Puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Escojo estar de buen humor. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo el lado positivo de la vida. Si... claro... pero no es tan fácil" (proteste). " Sí lo es" dijo Jerry. "Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección. Tú eliges como reaccionas a cada situación. Tú eliges como la gente afectara tu estado de ánimo. Tú eliges estar de buen humor o mal humor. En resumen:" TÚ ELIGES COMO VIVIR LA VIDA". Reflexione en lo que Jerry me dijo. Poco tiempo después, deje la industria restaurantera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Jerry cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar a ella. Varios años más tarde, me enteré que Jerry hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante. Dejó la puerta de atrás abierta una mañana y fue asaltado por 3 ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Jerry fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de 18hs de cirugía y semanas de terapia intensiva, Jerry fue dado de alta aun con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Jerry seis meses después del accidente y cuando le pregunté como estaba, me respondió: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo". Le pregunté qué pasó por su mente en el momento del asalto. Contesto: "Lo primero que vino a mi mente fue que debía haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el suelo recordé que tenía 2 opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Elegí vivir". " No sentiste miedo ", le pregunte. Jerry continuo: "Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de médicos y enfermeras, realmente me asusté... podía leer en sus ojos: Es hombre muerto. Supe entonces que debía tomar acción..." "Que hiciste" pregunté. "Bueno... uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y

    respirando profundo grite SI, a las balas... Mientras reían les dije: Estoy escogiendo vivir... opérenme como si estuviera vivo, no muerto". Jerry vivió por la maestría de los médicos pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendí que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La actitud, al final, lo es todo.
     
    Este es nuestro más grande poder: la elección. SIEMPRE PODEMOS ELEGIR.

 Los seres humanos no pueden vivir sin hacerse ilusiones. Para los hombres y mujeres de hoy, puede que la fe irracional sea el único antídoto contra el nihilismo. Sin la esperanza en que el futuro será mejor que el pasado, no podrían seguir adelante. En ese caso, puede que necesitemos un Pascal de nuestros días. Ese gran pensador religioso del siglo xvn halló muchos motivos para creer, pero nunca se imaginó capaz de inculcar fe. Al contrario: él abogaba por el aturdimiento de la razón. Pascal sabía que la fe descansa sobre la fuerza de la costumbre: «No nos engañemos: tenemos tanto de autómata como de mente». Sólo sometiéndose a la Iglesia y yendo a misa con otros creyentes era posible acallar la duda. De un modo parecido, sometiéndonos a la autoridad de la ciencia podemos liberarnos del hábito de pensar. Venerando a los científicos y siendo partícipes de sus dones tecnológicos, podemos alcanzar lo que Pascal esperaba conseguir mediante las plegarias, el incienso y el agua bendita. Buscando la compañía de investigadores concienzudos y de máquinas inteligentes podemos anonadar nuestra razón y fortalecer nuestra fe en la humanidad

domingo, 5 de junio de 2022

 En Building Your Mate’s Self—Esteem [Edifique la autoestima de su cónyuge], Dennis Rainey cuenta un maravilloso relato respecto a la esperanza nutridora que puede hacer desarrollar el tremendo potencial. Dice que había un niño llamado Tommy que no le iba muy bien en la escuela. Hacía preguntas constantemente, y jamás podía ponerse al día. Parecía fracasar cada vez que intentaba algo. Su maestro, al fin, no pudo más, y le dijo a su madre que era incapaz de aprender y que jamás llegaría a mucho. Pero la madre de Tommy era una nutridora. Creía en él. Le enseñó en la casa, y cada vez que fracasaba, le daba esperanza y lo animaba a que siguiera intentándolo. ¿Qué pasó con Tommy? Se convirtió en inventor, y a la larga tuvo más de mil patentes, incluyendo las del fonógrafo y el primer bombillo incandescente eléctrico con potencial comercial. Su nombre era Thomas Edison. Cuando las personas tienen esperanza, no se sabe cuán lejos pueden llegar.

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