sábado, 30 de septiembre de 2023

 Cuentan que un día un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó adónde iba: —A Damasco —le contestó ésta—, a matar a cinco mil personas. Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste, que regresaba de su viaje, la interpeló indignado: —¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, y mataste a cincuenta mil! —No —respondió la Peste—. Yo sólo maté a cinco mil. El resto se murió de miedo.

 Fábula árabe


 

Peter Watson

 El siglo XX no había llegado a cumplir una semana cuando, el sábado 6 de enero, en Viena, capital de Austria, surgió la reseña de un libro que acabaría por modificar por completo la idea que la humanidad tenía de sí misma. En realidad, el libro se había editado en noviembre del año anterior, tanto en Leipzig como en Viena, pero llevaba la fecha de 1900, y la citada reseña se convirtió en la primera noticia que se tuvo de él. El libro en cuestión tenía por título La interpretación de los sueños, y su autor era un médico judío de cuarenta y cuatro años originario de Freiberg, Moravia, llamado Sigmund Freud. Las primeras teorías de Freud fueron acogidas con incredulidad no exenta de indignación y provocaron una hostilidad incesante. El barón Richard von KrafftEbing, reconocido autor del libro Psychopathia Sexualis, afirmó en tono de burla que sus opiniones en relación con la histeria parecían «un cuento de hadas científico». El instituto neurológico de la Universidad de Viena negó tener nada que ver con él. En palabras del mismo Freud: «No tardó en hacerse un vacío alrededor de mi persona». La idea fundamental de La interpretación de los sueños es que durante el sueño el yo es como «un centinela que se ha quedado dormido en su puesto». Las primeras ventas de La interpretación de los sueños reflejan la escasa acogida que se le brindó. De los 600 ejemplares que se imprimieron en un principio, sólo se vendieron 228 durante los dos primeros años, cifra que al parecer ascendió a 351 seis años después de haberse publicado.  Pero lo que más molestó a Freud fue la poca atención que le prestaron los profesionales de la medicina de Viena. Algo parecido sucedió en Berlín. A la conferencia sobre los sueños que había aceptado dar en la universidad acudieron tan sólo tres personas. En 1901, poco antes de la que debía pronunciar en la Sociedad Filosófica, recibió una nota que le rogaba que indicase «las partes de su discurso susceptibles de ser censuradas, haciendo una pausa para permitir a las damas que abandonen la sala». Tampoco faltaron los colegas que se compadecían de su esposa, «la pobre mujer cuyo marido, que antes era un científico inteligente, ha resultado ser un individuo estrafalario e indecente»

viernes, 29 de septiembre de 2023

Ernesto Sabato

 


"Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino."



Bukowski


 

jueves, 28 de septiembre de 2023

Jeffrey Sachs

  

El mayor error de la desregulación se dio en los mercados financieros y en la regulación medioambiental, áreas estas en las que los mercados no funcionan eficientemente por sí mismos. La Gran Depresión había mostrado al país la necesidad de una regulación financiera a fondo para reducir el fraude y el excesivo apalancamiento de los riesgos. Sin embargo, la administración Reagan desencadenó un proceso de desmantelamiento de esa regulación. El primer paso fue el decreto ley Garn - St. Germain para instituciones depositarias de 1982, que desreguló las instituciones de ahorro y préstamo y abrió las puertas a la masiva crisis de ahorro y préstamo que tuvo lugar unos pocos años más tarde. A partir de los años ochenta la desregulación financiera se convirtió en un regalo político por parte de ambos partidos a Wall Street, que recompensó considerablemente a los políticos con empleos y generosos fondos de campaña. Algunas de las medidas clave incluían la eliminación de la separación entre la banca comercial y la de inversión, y la decisión al final de la administración Clinton de mantener desregulados los derivados. El desdén por la regulación llevó a Alan Greenspan a creer que las instituciones financieras supervisarían sus propios riesgos, un error que acabó costando a la economía mundial billones de dólares.

 La estricta regulación medioambiental contra la contaminación del aire y del agua, introducida en los años sesenta y setenta también se modificó parcialmente después de 1980. James Watt, secretario de interior de Reagan, rebajó drásticamente los fondos para las agencias reguladoras dentro del Departamento de Interior y defendió la producción minera y petrolífera en los parques naturales federales. Desde luego que la regulación medioambiental no desapareció después de 1980, pero su aplicación se volvió desigual, conflictiva, y limitada por las violentas reclamaciones de derechos a la propiedad privada reivindicados por grupos libertarios dentro del Partido republicano.

 Otro aspecto de la desregulación, que ha tenido profundas, pero poco reconocidas, consecuencias, ha sido la desregulación de los medios de comunicación, especialmente de la televisión. Hasta los años ochenta, las cadenas de televisión tenían la obligación de servir al bien común a través de una programación de interés público, un justo equilibrio entre cobertura y acceso a las ondas a través de la llamada Doctrina de la Imparcialidad. Esta obligación quedó completamente eliminada con la oleada de desregulaciones. Los propietarios de canales de televisión sólo tenían un objetivo fundamental: conseguir beneficios a través de la publicidad y audiencias masivas. La débil disposición a promover la educación y despertar la consciencia pública pasaron a un segundo plano. Se dio un fuerte impulso a la llegada de nuestra era saturada por los medios.

Sherwin B. Nuland

 En demasiadas ocasiones los pacientes y sus familias abrigan esperanzas que no se pueden cumplir. La muerte se vuelve entonces más difícil por la frustración y el desengaño que crea la actuación de una comunidad médica que no puede hacerlo mejor o, peor aún, que no lo hace mejor porque sigue luchando mucho después de que la derrota sea inevitable. Con la idea de que la gran mayoría de las personas mueren tranquilamente en cualquier caso, a veces se toman decisiones terapéuticas que, casi al final de la vida, conducen al enfermo, lo quiera o no, a una serie de padecimientos cada vez mayores, de los que no hay liberación: cirugía de utilidad dudosa y fuente probable de complicaciones, quimioterapia con serios efectos secundarios y respuesta incierta y prolongados períodos de cuidados intensivos cuando ya no sirven de nada. Es mejor saber cómo es la muerte, y es mejor elegir lo que con mayores garantías evite lo peor. Normalmente, lo que no se puede evitar, por lo menos puede mitigarse. Por mucho que un individuo crea que ha llegado a convencerse de que no hay que temer a la muerte, no dejará de sentir miedo ante su enfermedad final. El conocimiento realista de lo que se puede esperar es la mejor defensa frente a los irrefrenables fantasmas del temor injustificado y la angustiosa sospecha de que no se están haciendo bien las cosas. Cada enfermedad es un proceso distinto que lleva a cabo su particular obra destructiva de acuerdo con unas pautas muy específicas. Cuando estamos familiarizados con las pautas de nuestra enfermedad, desarmamos nuestras fantasías. El conocimiento preciso de cómo mata una enfermedad sirve para librarnos de terrores innecesarios por los sufrimientos que quizá tengamos que soportar al morir. Podemos así estar mejor preparados para reconocer las fases en las que es necesario buscar asistencia o, dado el caso, empezar a pensar si no ha llegado el momento de terminar el viaje definitivamente.

Alejandro Dolina




 

Margaret Atwood



"Probablemente necesitarás un diccionario, un libro de gramática elemental y contacto con la realidad. Esto último significa: nadie regala nada. La escritura es trabajo. También es una apuesta. No tienes un seguro. Otra gente puede ayudarte un poco, pero en esencia estás tú solo. Nadie te está obligando a esto: tú lo elegiste, así que no te quejes".


El decálogo de Margaret Atwood

miércoles, 27 de septiembre de 2023

Gabriel Rolon

 El Psicoanálisis encuentra en la palabra las palabras que faltaban. Es el arte de poner sentido donde sólo había vacío.

Robert Hooke


 

Terry Eagleton

  Disfrutar de suficientes bienes supone no tener que pensar en el dinero todo el tiempo. Nos libera para realizar actividades menos tediosas. Para Marx, los asuntos económicos, lejos de ser una obsesión, son una farsa paródica del verdadero potencial humano. El quería una sociedad donde lo económico dejara de monopolizar tanto tiempo y tantas energías. Es comprensible que nuestros antepasados estuvieran preocupados por los asuntos materiales. Cuando el excedente económico que se puede producir no pasa de ser exiguo (cuando no nulo del todo), solo el trabajo duro incesante puede evitar el hambre y la muerte. El capitalismo, sin embargo, genera la clase de excedente en abundancia que permitiría incrementar el tiempo libre a gran escala. Lo irónico es que crea esa riqueza conforme a un esquema que exige una acumulación y una expansión constantes, y, por consiguiente, un trabajo sin descanso. Es un sistema contraproducente. De ahí que los hombres y, las mujeres modernos, rodeados como están de una prosperidad económica inimaginable para los cazadores-recolectores, para los antiguos esclavos o para los siervos feudales, terminen trabajando tanto tiempo y tan duro como los que más de todos esos predecesores suyos. El tema central de la obra de Marx es el disfrute humano. La vida buena, para él, no es una vida dominada por el trabajo, sino por el tiempo libre. La realización personal en libertad es una forma de «producción», sí, pero no una producción coactiva. Y el ocio es necesario para que hombres y mujeres dediquen tiempo a la gestión de sus propios asuntos. Sorprende, pues, que el marxismo no atraiga a sus filas a más haraganes en toda regla y a más vagos profesionales. Aunque esto último se debe, en realidad, a que son muchas las energías que hay que emplear en alcanzar esa meta. El ocio es algo que nos tenemos que trabajar.


 Some are like water, some are like the heat

Some are a melody and some are the beat
Sooner or later, they all will be gone
Why don't they stay young?
It's so hard to get old without a cause
I don't want to perish like a fading horse

Bernhard Lloyd / Frank Mertens / Marian Gold

martes, 26 de septiembre de 2023

Arthur Schpenhauer

 


« El animal sólo aprende a  conocer la muerte al morir : el hombre se aproxima a la muerte a todas horas, y algunas veces esto le dificulta la vida incluso al que no ha conocido  a lo largo de ella ese carácter de constante aniquilación. A ello se debe principalmente que el hombre posea filosofías y religiones, si bien es incierto que lo que más estimamos con toda justicia y por encima de todo en  su comportamiento, la honestidad espontánea y la nobleza de la intención, hayan sido jamás el fruto de la filosofía o religión algunas. Los únicos engendros cuya paternidad les corresponde a ambas con total seguridad, como producciones de la razón en esa andadura, son las más extravagantes y fabulosas opiniones de los filósofos de distintas escuelas, así como las más peregrinas y en ocasiones también crueles prácticas de los sacerdotes de diversas religiones.»



Giordano Bruno


 

domingo, 24 de septiembre de 2023

William Godwin

 


«Nunca como ahora se hizo tal ostentación del escándalo, de un mezquino escándalo recíproco. La caza de votos es un comercio tan vilmente degradante, tan por completo incompatible con la dignidad moral y mental, que no puedo concebir cómo una mente cultivada sea capaz de este sucio juego»


Christopher McDougall


 

Friedrich Nietzsche



 «Nosotros, los que conocemos, nos desconocemos a nosotros mismos: y por buenas razones. Nunca nos hemos buscado; ¿cómo podría suceder que un día nos encontrásemos'?»


🪶

James Clear

 El verdadero cambio de conducta es un cambio de identidad. Puedes iniciar un hábito porque tienes la motivación para adquirirlo, pero la única razón por la cual lo mantienes y lo cultivas es porque se convierte en parte de tu identidad. Cualquiera puede convencerse a sí mismo de ir al gimnasio o de comer saludablemente una o dos veces, pero si no cambias el sistema de creencias detrás de tu conducta, será muy complicado comprometerse a mantener los hábitos a largo plazo. Las mejoras solamente son temporales hasta que se convierten en parte integral de lo que eres. • La meta no es leer un libro, la meta es convertirse en lector. • La meta no es correr un maratón, la meta es convertirse en corredor. • La meta no es aprender a tocar un instrumento, la meta es convertirse en músico. Tus conductas suelen ser un reflejo de tu identidad. Lo que haces es un indicador del tipo de persona que crees que eres —independientemente de que esto se dé a nivel consciente o inconsciente—. * Las investigaciones han demostrado que una vez que una persona cree en un aspecto particular de su identidad, es más proclive a actuar de acuerdo con esa creencia. 3 Por ejemplo, las personas que se identificaron a sí mismas como votantes, fueron más proclives a emitir su voto que aquellas personas que solo manifestaron su intención de votar. De la misma manera, la persona que incorpora el ejercicio físico a su identidad, no tiene que convencerse a sí misma de entrenar. Hacer lo correcto es sencillo. Después de todo, cuando tu conducta y tu identidad están completamente sincronizadas, ya no intentas lograr cambios de conducta. Simplemente estás actuando como la persona que tú crees que eres. Como todos los aspectos de la formación de hábitos, este también es una espada de dos filos. Cuando trabaja a tu favor, el cambio de identidad puede ser una poderosa fuerza de superación personal. En cambio, cuando trabaja en tu contra, el cambio de identidad puede ser una maldición. Una vez que has adoptado una identidad, es fácil que tu lealtad hacia ella influya en tu capacidad para cambiar. Mucha gente avanza por la vida en medio de un adormecimiento cognitivo, siguiendo ciegamente las normas asociadas a su identidad. • «Soy pésimo para seguir instrucciones». • «No sirvo para despertarme temprano». • «Soy malísimo para recordar los nombres de las personas». • «Siempre llego tarde». • «Estoy negado para la tecnología». • «Soy pésimo para las matemáticas». ... Y miles de variantes más. Cuando te has repetido a ti mismo una historia por años, es sencillo que te aferres a estas rutinas mentales y las aceptes como un hecho. Con el tiempo, comienzas a resistirte a realizar ciertas acciones porque crees que no son parte de lo que tú eres. Se desarrolla una presión interna para mantener intacta la imagen de ti mismo y tú te comportas de manera consistente con tus creencias. 4 Encuentras todas las maneras posibles de evitar caer en contradicciones con esa imagen que tienes de ti mismo. Entre más profundamente estén vinculados a tu identidad, las acciones y los pensamientos serán más difíciles de cambiar. Puede parecer cómodo creer en lo que tu entorno cultural cree (identidad de grupo) o hacer aquello que sustenta tu autoimagen (identidad personal), a pesar de que no sea correcto y te perjudique. El conflicto con la identidad es la mayor barrera que puede enfrentar el cambio positivo a cualquier nivel (individual, grupal o social). Los hábitos positivos pueden tener sentido a nivel racional, pero si entran en conflicto con tu identidad, vas a fracasar cuando intentes ponerlos en práctica.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Alan Weisman

 Algunos ostentan marcas internacionales: limpiador exfoliante de Ponds, tubo de pasta de dientes Colgate, crema Neutrogena, crema Clearasil… Algunos se venden en varios países; otros, únicamente en el Reino Unido. Pero todos ellos tienen algo en común.

 «Los exfoliantes son pequeños gránulos que masajean tu cuerpo mientras te bañas.» Browne escoge un tubo color melocotón de exfoliante de albaricoque Saint Ives; en la etiqueta se lee: cien por cien exfoliantes naturales . «Este está bien. Los gránulos son en realidad trocitos de semillas de jojoba cultivada y cáscaras de nuez.» Otras marcas naturales emplean semillas de uva, huesos de albaricoque, azúcar sin refinar o sal marina. «Pero el resto — explica describiendo un círculo con la mano — se han pasado al plástico.»

 En todas ellas, en la lista de ingredientes, aparece: «gránulos de polietileno microfinos», o «microesferas de polietileno», o «bolitas de polietileno», o simplemente «polietileno».

 «¿Puedes creerlo? — pregunta Richard Thompson sin dirigirse a nadie en particular, en voz tan alta que los demás rostros apartan los ojos del microscopio para mirarle — . Están vendiendo un plástico destinado a ir a parar directamente al desagüe, a las alcantarillas, a los ríos, directo al océano. Fragmentos de plástico del mismo tamaño que el alimento de las pequeñas criaturas marinas que se lo van a tragar.»

 También se están empleando cada vez más materiales plásticos para rascar la pintura de barcos y aviones. Thompson se estremece: «Uno se pregunta dónde se vierten esas bolitas de plástico cargadas de pintura. Sería difícil contenerlas en un día de viento. Pero aun suponiendo que se las pueda contener, ningún sistema de alcantarillado dispone de filtros para un material tan pequeño. Resulta inevitable: acaban en el medio ambiente».


viernes, 22 de septiembre de 2023


 

Juan Rulfo


 

Hermann Hesse



Por lo que se refería a los demás, a cuantos lo rodeaban, no dejaba de hacer constantemente los intentos más heroicos y serios para quererlos, para hacerles justicia, para no causarles daño, pues el "ama a tu prójimo" lo tenía tan hondamente inculcado como el odio a sí mismo. Y de este modo, fue toda su vida una prueba de que sin amor de la propia persona es también imposible el amor al prójimo, de que el odio de uno mismo es exactamente igual, y en fin de cuentas produce el mismo horrible aislamiento y la misma desesperación, que el egoísmo más rabioso.




miércoles, 20 de septiembre de 2023

Jack Kerouac



 No tengo planes

      Ni citas
            Ni compromisos con nadie

Así que exploro tranquilamente
            Almas y Ciudades

Christopher McDougall


 En el zoo, los tigres o los pandas, alejados de su ambiente natural, sufren problemas de alimentación, de ánimo, reproductivos. Si se aparta a un animal de sus habilidades naturales, se empieza a descomponer. Y eso es lo que nos pasa a nosotros.

 La primera poeta esclava de América 


Les presento a Phillis Wheatley, la primera mujer negra en publicar un libro de poesía en los Estados Unidos. Nacida en el año de 1753, llega Phillis a América siendo apenas una niña de ocho años de edad; llega sin nada, llega sin tener siquiera un nombre. Rápidamente adopta el nombre de Phillis, pues ese era el nombre del barco que la trajo a América. 

Con apenas ocho años de edad es comprada por un hombre de apellido Wheatley, que la compró en una subasta, encontrándola desnuda, asustada y en medio de toqueteos de hombres maduros que afirmaban que al crecer sería una buena «yegua». Wheatley, hombre rico de oficio mercader que la adquirió, la llevó al seno de su familia para que en esta se desempeñara en las labores del hogar. 

Phillis, desde pequeña, impresionó a sus amos con sus dotes intelectuales, aprendiendo rápidamente el inglés e interesándose por la lectura. Dicen que el saber libera; pues, en el caso de Phillis puede ser visto como un caso casi literal, puesto que una vez aprendió a leer y demostró gran capacidad oratoria, fue vista como una integrante más de la familia Wheatley.

Con un gran proceso autodidacta en su aprender intelectual e Influenciada por los poetas británicos Milton, Pope y Gray, Phillis comenzó a escribir poemas grandiosos que recitaba en reuniones de la familia Wheatley con intención de entretener a los invitados, los mismos que quedaban gratamente impresionados con ella. Recordemos que el racismo de la época era tal, que se decía que la gente de color no tenía alma, pero ahí tenían a Phillis, escribiendo poesía, destruyendo al racismo de la época y ganándose elogios y convirtiéndose, tiempo luego, en la primera mujer negra en publicar un libro de poesía en los Estados Unidos, todo desde la nada: bajo el nombre de un barco que la trajo como esclava y el apellido de un hombre rico que la compró. 

Darwin Carballo Velásquez


 

martes, 19 de septiembre de 2023

Cristina Martin

  En los años 70, Salvador Allende acudió a la sede de las Naciones Unidas para pronunciar su famoso y emotivo discurso, en el que habló acerca de la existencia de un «conflicto frontal» entre los pueblos y las compañías transnacionales «que no dependen de ningún estado (…) y que constituyen un gran peligro (…)» para los pueblos. El presidente concluyó diciendo que pese a todo, «los valores de la humanidad no podrán ser destruidos». El socialismo de Allende, que además era masón (Gran Maestre de la Gran Logia de Chile), había expropiado sus tierras a los latifundistas poniéndolas en manos de los campesinos pobres. Por este tipo de medidas, el presidente se había convertido en la principal obsesión del secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, que había llevado la situación hasta las reuniones de Bilderberg. El entonces embajador estadounidense en Chile, Edward Korry, recordaba en un reciente documental cómo se enervaba Kissinger al referirse a Allende: «golpeaba su puño contra la mano y gritaba que iba a destruirlo, que iba a hundirlo económicamente. Lo llamaba hijo de puta, cabrón». El embajador apuntó que Allende «se estaba adentrando en un terreno desconocido, sin ejemplos, sin modelos. Quería instaurar una sociedad marxistaleninista y quería que la clase burguesa lo aceptara, lo que suponía el suicidio de la burguesía. Castro le dijo que sin ejército no podía hacerlo, algo que el comandante había aprendido de Lenin. Allende era una buena persona, pero quería ser un héroe del panteón marxista-leninista». El presidente chileno nunca hizo caso del consejo de Fidel Castro referente a utilizar al ejército porque él creía firmemente en la paz. Por ello, cuando Kissinger promovió el golpe de estado y los militares entraron en la casa de la Moneda el presidente se suicidó. Cuando Salvador Allende ganó las elecciones, EEUU había invertido dos millones setecientos mil dólares en la campaña electoral de su adversario político, que fueron pagados por la CIA y por los sectores público y privado estadounidense. Pero también por las Casas Reales de Bélgica, de los Países Bajos, entre ellas la Corona Holandesa del Príncipe Bernardo, así como el Vaticano y un partido de Italia. Se trataba de una campaña propagandística para contrarrestar el discurso marxista-leninista de Allende, al que consideraban una influencia desestabilizadora de carácter soviética. Estabilidad en el vocabulario de los bilderberges significa seguridad para las empresas multinacionales y para las clases altas que las gestionan. Nixon había ordenado a la CIA que Allende no fuera investido presidente, pero los planes no surgieron según lo previsto. Para Kissinger, el mandatario chileno era «un virus», una manzana podrida, un arma poderosa de propaganda contraria que había que aniquilar recurriendo a uno de los dos modelos que EEUU utilizaba en América Latina para aniquilar a los contrarios.


Ernesto Cardenal


 

WILILAM MARCH



 La buena gente no suele sospechar de los demás: no pueden imaginarse al prójimo haciendo cosas que ellos son incapaces de hacer; normalmente aceptan como explicación lo menos extraordinario y ahí se acaba todo. Por otro lado, la gente normal se inclina por ver al [psicópata] con un aspecto tan monstruoso como su mente, pero no hay nada más lejos de la realidad. […] Esos monstruos de la vida real suelen tener un aspecto y un comportamiento más corrientes que sus hermanos y hermanas normales; presentan una imagen virtuosa más convincente que la virtud misma, de la misma manera que una rosa de cera o un melocotón de plástico parecen más perfectos al ojo que el original que les ha servido de modelo.

, The Bad Seed

James Hillman



 No puedo leer todos los libros que quiero leer, no puedo ver a todos los fenómenos que me interesan en el mundo. El trabajo me llama, ya veces me pregunto si esto es una obsesión y que debería caer, o se trata de una necesidad que estoy obligado a cumplir.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Efraín Bartolomé



 Para qué hablar

del guayacán que guarda la fatiga
o del tambor de cedro donde el hachero toca

A qué nombrar la espuma
en la boca del río Lacanjá
Espejo de las hojas Cuna de los lagartos
Fuente de macabiles con ojos asombrados

Quizá si transformara en orquídea esta lengua
La voz en canto de perdiz
El aliento en resoplar de puma

Mi mano habría de ser una negra tarántula escribiendo
Mil monos en manada sería mi pecho alegre
Un ojo de jaguar daría de pronto certero con la imagen

Pero no pasa nada Sólo el verde silencio

Para qué hablar entonces

Que se caiga este amor de la ceiba más alta
Que vuele y llore y se arrepienta
Que se ahogue este asombro hasta volverse tierra
Aroma de los jobos
Perro de agua
Hojarasca




 

Camus

 


En el mediodia del pensamiento, el rebelde rechaza, por lo tanto, la divinidad para compartir las luchas y el destino comunes. Elegimos Ítaca, la tierra fiel, el pensamiento audaz Y frugal, la acción lúcida, la generosidad del hombre que sabe. En, la luz, el mundo sigue siendo nuestro primero y nuestro último amor. Nuestros hermanos respiran bajo el mismo cielo que nosotros; la justicia vive. Entonces nace la extraña alegría que ayuda a vivir y a morir y que en adelante nos negaremos a dejar para más tarde. En la tierra dolorosa es la cizaña incansable, el alimento amargo, el viento duro que llega de los mares, la antigua y la nueva aurora. Con ella, a lo largo de los combates, reconstruiremos e~ alma de esta época y una Europa que no excluirá nada: m el fantasma de Nietzsche que, durante doce años después de s~ hundimiento, iba a visitar el Occidente como la imagen fulminante de su conciencia más alta y de su nihilismo; ni a ese profeta de la justicia sin ternura que descansa, por error, en el sector de los incrédulos del cementerio de Highgate; ni a la momia deificada del hombre de acción en su .ataúd de vidrio; ni nada de lo que la inteligencia y la energia de Europa han proporcionado sin tregua al orgullo de una época miserable. Todos pueden revivir en efecto junto a los sacrificados de 1905, pero con la condición de que comprendan que se corrigen mutuamente y que les contiene a todas un límite en el sol. Cada uno dice al otro que no es Dios, y aquí termina el romanticismo. En esta hora en que cada uno de nosotros debe tender el arco para volver a hacer sus pruebas y conquistar, en y contra la historia, lo que ya posee,  magra cosecha de sus campos, el breve amor de esta tierra; en la hora en que nace por fin un hombre hay que dejar la época y sus furores adolescentes. El arco se quiebra, la madera cruje. En el máximo de la tensión más alta va a surgir el impulso de una flecha recta del trazo más duro y más libre.

sábado, 16 de septiembre de 2023


 

Ruth Bebermeyer

 «Jamás he visto a un hombre perezoso,

sé de uno a quien nunca vi correr,

y sé de otro que a veces dormía

entre la comida y la cena

y que se quedaba en casa cuando llovía,

pero no eran hombres perezosos.

Antes de llamarme “loca”

piensa un momento:

¿era un perezoso o

sólo hacía cosas que consideramos

“de perezoso”?

Jamás vi a un niño tonto;

vi a uno que a veces

hacía cosas que yo no entendía

o que no eran como yo lo había previsto;

vi a un niño que no había visto

los mismos sitios donde yo estuve,

pero no era un tonto.

Antes de llamar “tonto” a un niño,

párate a pensar: ¿era un niño tonto o simplemente

conocía cosas diferentes de las que tú conocías?

Aunque he mirado mucho,

nunca he visto a una cocinera;

he visto a una persona que mezclaba ingredientes

que después comimos;

una persona que encendía el fuego

y vigilaba la carne mientras se cocía.

Esas cosas sí las he visto, pero no a una cocinera.

Dime, ¿es a una cocinera a quien ves,

o a una persona que hace cosas que llamamos “cocinar”?

De aquel a quien algunos llaman “perezoso”

otros dicen que está cansado o que se toma las cosas con

calma.

De aquel a quien algunos llaman “tonto”

otros dicen que sabe cosas diferentes.

He llegado, pues, a la conclusión

de que, para evitarnos confusiones,

es mejor que no mezclemos lo que vemos con

lo que opinamos.

Porque tal vez tú lo hagas, quiero también decir;

sé que eso es tan sólo mi opinión.»


ROBERT J. SAWYER

 


«Aprender a ignorar cosas es un magnífico camino para llegar a la paz interior.»

 , El cálculo de Dios


viernes, 15 de septiembre de 2023

Paul Valéry


 Lo siento, amor, pero no, no son flores,
rosas no son, ni crespos crisantemos,

son versos que imaginan que me amas,

versos sin más, tontos como las lágrimas.

 

Lo siento, amor, no son flores, tampoco

claros diamantes ni piedras de color

para entibiarse con tu dulce calor;

son versos que a tu paso voy sembrando.

 

Los voy robando a esa punzante pena,

pena por ti que siempre hacia la noche,

no importa dónde esté, festivo el rostro,

 

se hinca en mi ser y lo hace estremecerse…

Ah si pudieran, tan pronto como se hacen,

huir de mi cabeza hacia tu corazón…

jueves, 14 de septiembre de 2023

TERRY EAGLETON

 Platón pensaba que la filosofía era imposible sin la presencia de una élite aristocrática desocupada de cualquier otra obligación. No se pueden tener salones literarios ni sociedades eruditas si todo el mundo ha de trabajar para mantener en funcionamiento la vida social. En las culturas tribales, las torres de marfil son tan raras como las boleras. (También lo son, por cierto, en las sociedades avanzadas, donde las universidades se han convertido en órganos del capitalismo empresarial.) Como los intelectuales no necesitan trabajar en el mismo sentido en que sí lo necesitan los albañiles, pueden acabar considerando sus ideas (y a sí mismos) como entes independientes del resto de la existencia social. Y ese es uno de los múltiples elementos a los que los marxistas se refieren cuando hablan de ideología. Esas personas tienden a no darse cuenta de que la distancia misma que los separa de la sociedad está condicionada socialmente. El prejuicio que les hace creer que el pensamiento es independiente de la realidad está moldeado por la realidad social misma. Para Marx, nuestro pensamiento adquiere forma en el proceso mismo por el que vamos trabajando el mundo, el cual, a su vez, es una necesidad material determinada por nuestras necesidades físicas. Podría afirmarse, pues, que pensar es en sí mismo mía necesidad material. Tanto el pensamiento como nuestros impulsos corporales guardan una estrecha relación entre sí, y así lo consideran tanto Nietzsche como Freud. La conciencia es entonces el resultado de la interacción entre nosotros mismos y nuestro entorno material. Se trata, en definitiva, de un producto histórico. La humanidad, escribe Marx, ha sido «fundada» por el mundo material, ya que solo engranándonos con él podemos ejercer nuestras facultades y confirmarlas. Es la «alteridad» de la realidad, su resistencia a los planes que proyectamos para ella, lo que nos hace cobrar nuestra primera conciencia de nosotros mismos. Y la principal implicación de esta conciencia es la existencia de otros. A través de los otros, nos convertimos en lo que somos. La identidad personal es un producto social. Tan imposible sería que en el mundo hubiera una única persona como que no existieran más números que uno.

Cristina Peri Rossi


 

miércoles, 13 de septiembre de 2023

 Había una ciega sentada en la calle con una taza y un cartón que decía: "Por favor, ayúdenme, soy ciega" Un creativo de publicidad pasó por allí, se detuvo y observó que la taza sólo tenía unas pocas monedas. Sin pedirle permiso, tomó el cartel, le dio vuelta y con un marcador negro escribió otro mensaje, volvió a colocar el pedazo de cartón sobre los pies de la ciega y se fue. En la tarde, de regreso, el creativo volvió a pasar por delante de la ciega. La taza estaba llena de billetes y monedas.  La ciega reconoció sus pasos y le preguntó qué había escrito en el cartón. El publicista le respondió: "He escrito lo mismo que decía el anuncio pero con otras palabras" Sonrió y siguió su camino. El nuevo mensaje decía: "Hoy es primavera y yo no puedo verla"


 

James Clear

 Los grandes hitos, los momentos definitorios con frecuencia son el resultado de muchos acontecimientos previos que acumulan el potencial requerido para desencadenar un gran cambio. Este mismo patrón se repite en todas partes. El cáncer es indetectable el 80% del tiempo desde que surge hasta que, en un momento dado, en cuestión de meses, acaba con el cuerpo. 18 El bambú apenas se alcanza a ver durante los primeros cinco años. Durante ese tiempo desarrolla un complejo sistema de raíces que, una vez maduro, le permite crecer más de 2 m en menos de seis semanas. De manera similar, los hábitos con frecuencia no parecen provocar ningún cambio hasta que se alcanza un punto crítico, un umbral que desencadena un nivel superior de desempeño. En las etapas tempranas y medias de cualquier empresa, suele haber un abismo de desilusión. Uno siempre espera realizar progresos de manera lineal y ascendente, por ello es frustrante cuando por períodos de días, semanas e incluso meses los cambios parecen no funcionar y uno tiene la sensación de permanecer en el mismo sitio. Es el sello de cualquier proceso acumulativo: los resultados más poderosos toman su tiempo y se retrasan. Esta es una de las razones por las que es tan difícil desarrollar hábitos que perduren. La gente hace pequeños cambios de conducta, no ve resultados tangibles y toma la decisión de detenerse. Podrías pensar: «He estado corriendo diariamente durante un mes y no logro ver ningún cambio en mi cuerpo». Una vez que este tipo de pensamiento se apodera de ti, es fácil abandonar los buenos hábitos.

martes, 12 de septiembre de 2023

Jacques Prevert


 Miles y miles de años

No serían suficientes
Para decir
El pequeño segundo de eternidad
En que me besaste
En que te besé
Una mañana a la luz del invierno
En el Parque Montsouris en París
En París
Sobre la tierra
La tierra que es un astro.

Sartre


 

Jiddu Krishnamurti



 «¿Conoce usted sus propios temores? Temor de perder el trabajo, de no tener suficientes alimentos o dinero, de lo que los vecinos o el público piensen de usted, de no tener éxito, de perder su posición en la sociedad, de ser despreciado o ridiculizado; temor al dolor y a las enfermedades, a ser dominado, a no saber nunca qué es el amor o a no ser amado, a perder la esposa o los hijos; temor a la muerte, a vivir en un mundo que es como la muerte, de completo aburrimiento, de no vivir según la imagen que los otros han fabricado de usted, de perder su fe —todos éstos y otros innumerables temores—. ¿Conoce usted sus temores particulares? Y ¿qué hace usted con ellos generalmente? Usted huye de ellos, ¿no es verdad? ¿O bien inventa ideas o imágenes para ocultarlos? Pero huir del temor es sólo acrecentarlo.» 

lunes, 11 de septiembre de 2023

Frida Kahlo


 

 «—Entonces, ¿cómo se alcanza la felicidad duradera? —insistió la joven con visibles muestras de impaciencia. El jardinero le hizo un gesto para que se calmara. —No se alcanza —le respondió—. No se puede alcanzar algo que siempre ha estado contigo. —Jardinero, me vas a volver loca. Si siempre ha estado conmigo, ¿cómo es que yo no la noto? —¿Acaso notas la flor que llevas en tus cabellos? —preguntó el jardinero. —Cuando me detengo a pensarlo, sí —respondió levantando su mano hasta la flor. —¿Acaso no te das cuenta de que eras feliz cuando te detienes a pensar en tu pasado? —Bueno… Sí… —balbuceó—. Pero… —Pues detente a pensar en la felicidad que sientes ahora —le interrumpió el jardinero—. Todo el mundo se comporta como aquel hombre que se pasó el día buscando sus gafas para terminar dándose cuenta de que las llevaba puestas. »Siempre hemos sido felices, pero sólo nos damos cuenta cuando ha pasado el tiempo y la distancia nos permite ver la totalidad de lo vivido. »La felicidad siempre ha estado en ti; nunca te ha abandonado. Ni siquiera cuando la vida te ha hecho pasar por el dolor y la amargura. Sólo es que no la veías, que tu obcecación por encontrarla y por huir del dolor no te dejaba verla.»

 El jardinero, Grian

Gabriel Rolon

 El mundo globalizado tiende a adormecernos incentivando deseos que no son propios. Se escuchan frases de este estilo: «Tenés tu coche, tu casa, ahora que te podés relajar ¿para qué vas a pintar o estudiar otra carrera? Dedicate a viajar y disfrutar, vos que tenés la vida asegurada». Pocas veces he oído una expresión tan desacertada como esa: ¿quién tiene la vida asegurada en un mundo donde existe la muerte? Quienes dicen eso no entienden que el verdadero sentido no está en relajarse obedeciendo los mandatos sociales, sino en ir en dirección a nuestro deseo más profundo, preguntarnos qué nueva hazaña podemos realizar para lograrlo. Saber de la muerte nos motiva a la vida; no hay tanto tiempo para jugarse por los sueños.

viernes, 8 de septiembre de 2023


 

 Así, las personas han perdido de vista que el verdadero sentido de la vida está en el amor que profesamos a nuestra familia, amigos, sociedad o comunidad, todo ellos amenazados por la fiebre del dinero. Todo vale con hacer dinero, destruir este finito planeta, comerciar con los recursos naturales, causar guerras por motivos económicos, hasta llegar a la más ignominia moralidad. La noosfera no solo está destruyendo la biosfera, sino a ella misma, un contra sentido holístico de la naturaleza. De ahí las causas de la presente crisis civilizatoria como jamás ha habido en la historia occidental y el presumible fin de una era (JalifeRahme, 2008).

Teresa Castillo


 

jueves, 7 de septiembre de 2023

Sherwin B. Nuland

 Leemos la lección filosófica de Montaigne, o la historia de un soldado, o quizás el relato de un alpinista que experimentó una paz interior insólita mientras caía, seguro de que se hallaba ante una muerte instantánea. Algunos de nosotros tenemos nuestras propias historias. Y también hay veces, por supuesto, en que las endorfinas fallan y la muerte sobreviene con toda su angustia. Como para algunos las endorfinas están relacionadas con cuestiones del cuerpo y para otros con cuestiones del espíritu, es instructivo examinar la experiencia de un hombre cultivado cuyo objetivo era la salud de ambos. Se olvida con frecuencia que el gran explorador David Livingstone era un médico misionero. Durante sus expediciones africanas sobrevivió en varias ocasiones a la cercana llamada de la muerte, pero hay una que ejemplifica la manera en que, algunas veces, el protoplasma y el ectoplasma actúan estrechamente unidos, precisamente en el momento en que parece que se van a separar para siempre. Un día de febrero de 1844, cuando Livingstone tenía treinta años, fue atacado por un león herido del que trataba de proteger a varios nativos de la expedición. Las mandíbulas del enfurecido animal se clavaron en su brazo izquierdo y sintió que le levantaba del suelo y le agitaba violentamente, al mismo tiempo que sus dientes se hundían profundamente en la carne, astillando el húmero y causándole once desgarraduras en la piel y los músculos. Un miembro de la expedición de Livingstone, un anciano converso llamado Mebalwe, tuvo la presencia de ánimo necesaria para coger una escopeta y disparar los dos cañones, lo que asustó lo suficiente al animal como para que abandonara su presa y huyera. No tardó en morir cerca de allí a causa de la bala que Livingstone le había disparado antes de que le atacara. El explorador herido tuvo mucho tiempo para pensar en lo cerca que había estado de la muerte durante los más de dos meses que tardó en recuperarse de la hemorragia, la fractura conminuta y la grave infección que, al poco tiempo, comenzó a supurar. Estaba tan asombrado de haber sobrevivido como de la calma que había sentido en las fauces del león. Más tarde describió el suceso y su inefable sensación de paz en la autobiografía que publicó en 1857, Missionary Travels and Researches in South África: Gruñendo terriblemente cerca de mi oreja, me sacudió como un terrier podría sacudir una rata. El susto me produjo un estupor similar al que parece sentir un ratón tras el primer zarpazo del gato. Me causó una especie de languidez en la que no había sensación de dolor ni de terror, aunque era completamente consciente de todo lo que estaba sucediendo. Era como lo que describen los pacientes cuando se encuentran bajo la influencia del cloroformo: pueden ver la operación pero no sienten el bisturí. Esta singular situación no fue resultado de ningún proceso mental. La sacudida eliminó el miedo e inhibió toda sensación de horror al mirar a la bestia. Este peculiar estado probablemente se produce en todos los animales que matan los carnívoros y, si es así, es una provisión misericordiosa de nuestro benevolente Creador para disminuir el dolor de la muerte.

Exupéry


 

Pau Casals

 «Cada segundo que vivimos es un momento nuevo y único del universo, un momento que jamás volverá… Y ¿qué es lo que enseñamos a nuestros hijos? Pues les enseñamos que dos más dos son cuatro, que París es la capital de Francia. ¿Cuándo les enseñaremos, además, lo que son? A cada uno de ellos deberíamos decirle: “¿Sabes lo que eres? Eres una maravilla. Eres único. Nunca antes ha habido ningún otro niño como tú. Con tus piernas, con tus brazos, con la habilidad de tus dedos, con tu manera de moverte. Quizá llegues a ser un Shakespeare, un Miguel Ángel, un Beethoven. Tienes todas las capacidades. Sí, eres una maravilla. Y, cuando crezcas, ¿serás capaz de hacer daño a otro que sea, como tú, una maravilla?” Debes empeñarte, como todos debemos empeñarnos, para hacer que el mundo sea digno de nuestros niños.» 

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Camus


 

Antoine de Saint-Exupéry

 «Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.» 

Lou Marinoff

 Siendo novato en mi instrumento (la guitarra) durante muchos años, tuve el privilegio de asistir a numerosas clases magistrales y de tocar en unas cuantas. A veces me salía bien; en otras ocasiones fui yo quien se vino abajo. Créeme, no existe mayor sensación de impotencia, vergüenza o soledad que la de descarrilar en medio de un solo. De repente, en lugar de música fluida, se oye un pasaje destrozado seguido de un incómodo silencio. Hete aquí cómo manejó esta situación Pau Casals. El alumno en cuestión había cometido varias equivocaciones sin importancia, seguidas por otras más graves, hasta que un error catastrófico desbarató por completo su actuación. Como de costumbre, un silencio opresivo se cernió sobre la clase magistral, tan sólo punteado por el pobre estudiante que trataba de contener las lágrimas. De súbito Casals se puso a aplaudir, gritando: «¡Bravo!» Los demás estudiantes de la sala estuvieron más que encantados de imitar al maestro, de modo que todos rompieron a aplaudir y a gritar «¡Bravo!». El estudiante pareció avergonzarse todavía más y dijo al maestro: «¡Pero si he tocado fatal!» «No, te equivocas», dijo Casals. «Has tocado un pasaje maravillosamente... este... Vuelve a tocarlo.» El estudiante respondió agradecido y al final de la lección tocó la pieza entera de maravilla. Esto fue así porque el profesor le corrigió haciendo hincapié en su punto fuerte en lugar de hacerlo en su punto débil. Esto es el poder del Tao en acción, y todos podemos ejercerlo. Esfuérzate por sacar lo mejor de las personas, y generarás felicidad y suscitarás su mejor actuación. Insiste sobre lo peor de ellas, y generarás desdicha y suscitarás su peor actuación. Es así de simple. Tal como he dicho, el Tao queda aparte de la religión y la psicología precisamente por esta razón. Mientras que la religión y la psicología se centran en lo que te ocurre de malo, el Tao se centra en lo que te ocurre de bueno, aquí y ahora.

martes, 5 de septiembre de 2023

Antonio Blay

 «Cuando somos pequeños, se nos va educando, y educar consiste en que se nos vaya diciendo lo que hay que hacer, cómo hay que hacerlo y lo que no hay que hacer. El niño va aprendiendo eso que se le enseña; pero no sólo lo aprende, sino que lo acepta tal como se le da, es decir, como la verdad y el bien (…). O sea que el niño se identifica a sí mismo como valor en tanto que modelo y en tanto que modo particular de ser. El niño va aceptando esta idea que se le da de que él no vale como ser, sino que su único valor está en su modo de ser, de que él no es; él es o bueno o malo, o listo o tonto, pero el ser, él es, esto no existe, no tiene ningún valor. El ser (este foco de inteligencia, de energía y de afectividad) es algo central en el niño, en todo el mundo, es algo central que surge del fondo, del fondo de la mente, del fondo de la afectividad, del fondo de la energía.»

Emerson


 

Elena Poniatowska

 


"Muchas veces las gentes lloran porque encuentran las cosas demasiado bellas. Lo que les hace llorar, no es el deseo de poseerlas, sino esa profunda melancolía que sentimos por todo lo que no es, por todo lo que no alcanza su plenitud. Es la tristeza del arroyo seco, ese caminito que se retuerce sin agua...Del túnel en construcción y nunca terminado... Es la tristeza de todo lo que no está completo".


lunes, 4 de septiembre de 2023

Fairfax Downey

 «Un artista contemporáneo pintó un cuadro, La luz del mundo, que muestra a Cristo en un jardín a medianoche. En su mano izquierda sostiene una lámpara mientras que con la derecha está llamando a una pesada puerta. El día en que se mostraba esta obra por primera vez se encontraban presentes varios críticos de arte. Cuando se descubrió la cortina que lo escondía, uno de los especialistas se acercó al artista para decirle: —Señor Hunt, ¿por qué no ha terminado la obra? —Está terminada —contestó el artista. —Pero si no hay pomo en la puerta… —señaló el crítico. —Eso —dijo el artista— es la puerta del corazón humano y sólo se abre desde dentro.» 

Oriah Mountain Dreamer

 «No me interesa lo que haces para ganarte la vida. Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón. No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo. No me interesa qué planetas están en armonía con tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre, si las traiciones de la vida te han abierto, o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro. Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, el mío o el tuyo, sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos, sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas o que recordemos las limitaciones de los seres humanos.» 

Sigmund Freud



 "No elegimos a los otros al azar. 

Nos encontramos con aquellos que existen ya en nuestro inconsciente".

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