sábado, 21 de febrero de 2026

 

¿Qué es el arsénico?

El arsénico es un elemento químico (símbolo As, número atómico 33), un metaloide que puede ser tanto medicina como veneno, dependiendo de la dosis y la forma química. Incoloro e inodoro en muchas de sus presentaciones, fue durante siglos el arma perfecta: mata sin anunciarse.


Antigüedad: el veneno silencioso

Ya en el mundo clásico se conocían compuestos arsenicales. El oropimente y el realgar (minerales de sulfuro de arsénico) eran usados como pigmentos amarillos y rojos en Persia, China y Roma.

En la Roma imperial, el arsénico se convirtió en instrumento político. La figura de Agripina la Menor suele aparecer asociada a intrigas palaciegas y envenenamientos, aunque la historia mezcla realidad y leyenda. En aquella época, el arsénico era casi imposible de detectar.

Era el “polvo de herencia”.


Edad Media y Renacimiento: el veneno de los poderosos

En la Italia renacentista, el arsénico adquirió fama legendaria. La familia Familia Borgia fue acusada (con mucha exageración histórica, pero no del todo inocente) de usar venenos en sus luchas de poder. El llamado “cantarella” se decía que contenía arsénico.

En el siglo XVII, la francesa Catherine Deshayes dirigió una red de venenos en París. Fue el famoso “Affaire des Poisons” bajo el reinado de Luis XIV.

El arsénico era ideal porque:

  • Se parecía al azúcar en polvo.

  • No tenía sabor fuerte.

  • Los síntomas (vómitos, diarrea, debilidad) se confundían con enfermedades comunes.


Siglo XIX: el veneno doméstico

Aquí la historia se vuelve aún más inquietante.

En la era victoriana, el arsénico estaba por todas partes:

  • En raticidas.

  • En cosméticos (sí, algunas mujeres lo ingerían en microdosis para “blanquear” la piel).

  • En papeles tapiz verdes (el famoso “verde de Scheele”).

  • En pigmentos artísticos.

El problema: intoxicaciones accidentales eran frecuentes.

Se sospecha incluso que Napoleón Bonaparte pudo haber estado expuesto crónicamente al arsénico en su exilio en Santa Elena, quizá por el papel tapiz de su habitación. No hay consenso, pero el debate persiste.


El giro científico: el test de Marsh

En 1836, el químico británico James Marsh desarrolló una prueba para detectar arsénico en cadáveres. Fue un parteaguas: el arsénico dejó de ser el crimen perfecto.

Desde entonces, su uso como arma disminuyó drásticamente.

La ciencia le ganó al veneno.


Arsénico como medicina

Aquí viene la paradoja.

En pequeñas dosis, ciertos compuestos arsenicales se usaron para tratar:

  • Sífilis (el famoso Salvarsán de Paul Ehrlich).

  • Algunas leucemias (hasta hoy, el trióxido de arsénico se usa en leucemia promielocítica aguda).

Veneno y remedio, separados solo por la dosis. Paracelso tenía razón: “La dosis hace el veneno”.


Arsénico y modernidad: contaminación

Hoy el gran problema no es el asesinato, sino el agua.

En países como Bangladesh, India y partes de América Latina, el arsénico natural en acuíferos causa intoxicaciones crónicas: cáncer de piel, pulmón y vejiga.

Es un enemigo geológico.


Simbolismo

El arsénico representa:

  • El poder invisible.

  • La traición silenciosa.

  • La ambigüedad entre cura y destrucción.

Es el elemento de la intriga política, pero también del laboratorio médico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

Buscar este blog