Alfred Nobel nació en 1833, en Estocolmo, en una familia marcada por los explosivos y la quiebra. Su padre era ingeniero e inventor, obsesionado con la nitroglicerina, una sustancia tan poderosa como inestable. Desde niño, Alfred vivió entre laboratorios improvisados, accidentes, deudas y mudanzas. Aprendió idiomas como otros aprenden a caminar: sueco, ruso, francés, inglés, alemán. Era químico, sí, pero también poeta. Admiraba a Shelley y escribía versos melancólicos. Ese detalle suele olvidarse.
domingo, 1 de febrero de 2026
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