miércoles, 20 de marzo de 2024

Victor Hugo



 Bien pobre era el ratón cogido; pero el gato se alegra aun por el ratón más flaco.

 ¿Quiénes eran los Thénardier?

 Digámoslo en una palabra, ahora. Más tarde completaremos el croquis.

 Estos seres pertenecían a esa clase bastarda, compuesta de gentes groseras que se han elevado y de gentes inteligentes que han decaído, que está entre la clase llamada media y la llamada inferior, y que combina algunos de los defectos de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin tener el generoso impulso del obrero ni el honesto orden del burgués.

 Eran de esas naturalezas enanas que, si por azar las caldea un fuego sombrío, llegan con facilidad a hacerse monstruosas. En la mujer había el fondo de un bruto, y en el hombre la estofa de un bribón. Ambos eran, en el más alto grado, capaces de cierta especie de repugnante progreso que se hace en el sentido del mal. Existen almas como el cangrejo, que retroceden continuamente hacia las tinieblas, retrogradan más que adelantan en la vida, empleando su experiencia en aumentar su deformidad, impregnándose cada vez más de una negrura creciente. Aquel hombre y aquella mujer eran de esta clase de almas.

 Thénardier, particularmente, era repugnante para el fisonomista. A ciertos hombres, no hay más que mirarlos para desconfiar de ellos, porque se los ve tenebrosos por sus dos lados. Inquietan por detrás y son amenazadores por delante. Hay en ellos algo desconocido. No se puede responder de lo que han hecho ni de lo que harán. La sombra que tienen en la mirada los denuncia. Con oírlos pronunciar una palabra, o con verlos hacer un gesto, se entrevén sombríos secretos en su pasado y sombríos misterios en su porvenir.


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