viernes, 19 de junio de 2020

Bélgica honra a un rey genocida


Es una gran injusticia histórica que este monarca no figure, con Hitler y Stalin, como uno de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX”


Hay muchas formas de definir a Leopoldo II, primo de la reina Victoria de Reino Unido, y rey de los belgas desde 1865 y hasta su muerte, en 1909. Pero la mejor definición es la del premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, que lo sitúa junto a Hitler Stalin en el podio “de los criminales políticos más sanguinarios del siglo XX”.
El monarca fue el dueño del Estado Independiente del Congo entre 1885 y 1906, cuando su población se redujo a la mitad: de 20 a 10 millones de personas. El caso de este genocida, tan cruel como hipócrita, es especialmente sangrante porque Bélgica aún lo honra en plazas y parques con monumentos y esculturas, como la impresionante estatua ecuestre que mantiene en Bruselas.
Cuando las aldeas no entregaban las cantidades de marfil o caucho exigidas, las represalias eran terribles. Los sicarios del rey quemaban los poblados amputaban manos y pies, sobre todo de mujeres y niños para que sus maridos y padres pudieran seguir siendo explotados hasta la muerte por agotamiento o enfermedad.
Otro de los refinados métodos de tortura era la chicotte , un látigo hecho con piel de hipopótamo. Los castigos se podían aplicar por los motivos más intrascendentes. Más de 25 latigazos dejaban a la víctima con la piel en carne viva e inconsciente. A partir de 50 la muerte era casi segura. Hubo desgraciados que recibieron hasta 250.

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