miércoles, 13 de diciembre de 2023
Anne Michaels
martes, 12 de diciembre de 2023
Martha Nussbaum
Ya hemos dicho desde el primer momento que la esperanza es lo contrario (o el reverso) del miedo. Ambas emociones son reacciones a la incertidumbre, pero en sentidos opuestos. Las tendencias en cuanto a las acciones a las que una y otra inducen son, por ese mismo motivo, muy diferentes. La esperanza es expansiva y nos dispara hacia delante; el miedo nos encoge. La esperanza es vulnerable; el miedo es autoprotector. Obviamente, es probable que todo el mundo tenga su poso de miedo aun en plena explosión de esperanza: yo puedo tener depositadas esperanzas en mis hijos, mis amistades y mi familia, y, aun así, temer por mi salud o por la de un amigo. Por lo tanto, de lo que hablamos aquí es de la diferencia entre la esperanza y el miedo «con referencia a un mismo objetivo», que, en el caso que aquí nos ocupa, es el futuro de mi país en lo que respecta a sus esfuerzos por florecer y por favorecer la justicia. Referidos a unos mismos resultados o efectos, la esperanza y el miedo son sumamente distintos, y optar por la una o por el otro realmente es como activar un interruptor: no puedo esperar y temer una misma cosa al mismo tiempo (aun cuando sí puedo oscilar entre periodos de esperanza y periodos de temor). Llevo diciendo desde el principio que el miedo está conectado con el deseo monárquico de controlar a otros en vez de confiar en ellos y dejar que sean independientes, que sean ellos mismos. De manera similar, puede decirse que la persona que rechaza tener esperanza en el futuro es probablemente de naturaleza controladora (es lo que yo he llamado aquí una persona monárquica): nada está bien a menos que se acople a la perfección a mis deseos —se dirá a sí misma—, sin restos de incertidumbre ni de vulnerabilidad. No hay margen para la esperanza ahí, pues la persona en cuestión no tendría en ese caso la totalidad de lo que quiere, y no desea depender de la suerte ni de otras personas de las que no se fía. El espíritu de la esperanza, pues, está vagamente ligado a cierto espíritu de respeto por la independencia de otros, a cierta renuncia a la ambición monárquica, a cierta relajación y expansión del corazón. Los estoicos decían que la esperanza era «expansión» y «elevación». Los poetas ligan la esperanza a un elevarse, a un volar. El poeta-filósofo indio Rabindranath Tagore escribió en una ocasión a propósito de una joven novia con motivo de su boda que estaba «adentrándose en las aguas del azar, sin miedo». En eso consiste la esperanza.
Massimo Pigliucci
Muchos podemos verlo en nuestra propia vida. Comemos alimentos deliciosos sin apenas apreciar su sabor. Cuando los saboreamos, el placer se desvanece y se olvida rápidamente. Tenemos que cambiar de postura para estar cómodos en un bonito sofá nuevo que, con el tiempo, se manchará y se desgastará. Es agradable gozar de una buena posición social, pero a menudo no nos parece suficiente. Conseguimos un coche nuevo que al principio nos encanta, pero enseguida dejamos de valorarlo. Puede que tengamos éxito a la hora de iniciar un negocio, pero proteger nuestras acciones y hacer que la empresa crezca nos quita el sueño. Puede que hoy bebamos los vientos por nuestra pareja y que, con el tiempo, nos molesten sus hábitos. Muchas de las cosas que tratamos de obtener no nos satisfacen y no nos proporcionan una felicidad duradera. Incluso en el caso de que logremos los objetos de nuestros deseos fugaces, ello no garantiza que los utilicemos bien. Lo que determina su buen uso es el carácter de quien los usa. Las personas con poco carácter hacen mal uso de las ventajas externas: el dinero, la fama, la presidencia de Estados Unidos. Las personas con buen carácter utilizarán lo que tengan, por limitado que sea, en su propio beneficio y el de los demás. Si experimentan dificultades o sacan el peor resultado en la tirada cósmica de dados, un buen carácter les ayudará a salir adelante. Ésta es la gran enseñanza de la antigua filosofía del estoicismo. Moldear tu carácter es, en definitiva, lo único que depende de ti. Así que, para explotar tu buena suerte y lidiar con la mala, es necesario ser buena persona. Mediante una combinación de introspección racional y práctica repetida, puedes moldear tu carácter a largo plazo. Apostar por tu propia mejora es una victoria segura, con la mayor de las recompensas.
lunes, 11 de diciembre de 2023
La imagen central es la de un grupo de guerreros que no actúan de manera caótica ni impulsiva.
Valentía: "Como valientes correrán". No se detienen ante el miedo ni la incertidumbre. La acción precede a la duda.
Fortaleza y capacidad: "Como hombres de guerra subirán la muralla". La muralla simboliza el obstáculo más difícil. Estos guerreros no buscan rodearlo; lo enfrentan.
Fidelidad al camino: "Cada cual irá en sus caminos y no torcerán sus sendas". La fuerza colectiva nace del orden. Cada uno conoce su misión y no se distrae ni abandona su propósito.
En un sentido simbólico, el pasaje puede leerse como una reflexión sobre la integridad y la perseverancia.
Literariamente, el verso tiene un ritmo ascendente: correr, escalar la muralla, mantener el camino. La acción crece en intensidad hasta culminar en la imagen de una voluntad firme e incorruptible.
Hay una enseñanza que atraviesa siglos: quien conoce su propósito avanza con la serenidad de quien no necesita desviarse para demostrar su fuerza.
domingo, 10 de diciembre de 2023
Peter Watson
En 1905 Dresde era una de las ciudades más bellas de la tierra, una delicada joya barroca sobre el Elba. Constituía el enclave perfecto para el estreno de la última composición de Richard Strauss, una ópera llamada Salomé. Sin embargo, después de empezar los ensayos se extendió por la ciudad el rumor de que algo iba mal entre bastidores. Se decía que la nueva ópera del compositor era «demasiado dura» para los cantantes. Al caer el telón la primera noche, la del 9 de diciembre, las protestas crecieron en intensidad, y algunos intérpretes se mostraron dispuestos a devolver sus partituras. Durante los ensayos de Salomé, Strauss fue capaz de mantener el equilibrio, a pesar de todo. En cierta escena, uno de los oboes se quejó: —Herr Doktor, puede que este pasaje funcione en el piano; pero, desde luego, no sucede lo mismo con los oboes. —Habrá que hacer de tripas corazón, muchacho —le contestó enérgico el compositor—: tampoco funciona en el piano. Los ciudadanos de Dresde se tomaron tan a pecho las noticias acerca de las divergencias dentro del teatro de la ópera que, por la calle, empezaron a retirarle el saludo a Ernst von Schuch, director de la orquesta. Se predecía que la representación acabaría siendo un fracaso vergonzoso y caro, y los orgullosos habitantes de Dresde no podían soportar una situación así. Schuch estaba convencido de la importancia de la composición de Strauss, por lo que el proyecto siguió adelante a pesar del alboroto y los rumores. La primera representación de Salomé abriría, en palabras de un crítico, «un nuevo capítulo en la historia del modernismo».
Victor Hugo
Un día, aquel hombre que se creía «filósofo», aquel senador que ya hemos nombrado, dijo al obispo:
— Mirad el espectáculo que ofrece el mundo; guerra de todos contra todos; el más fuerte es el de más talento. Vuestro «amaos los unos a los otros» es una tontería.
— Pues bien — respondió monseñor Bienvenu, sin disputar — , si esto es una tontería, el alma debe encerrarse en ella, como la perla dentro de la concha de la ostra.
Y en ella se encerraba y de ella vivía, y con ella se satisfacía absolutamente, dejando a un lado las cuestiones prodigiosas que atraen y que espantan, las perspectivas insondables de la abstracción, los precipicios de la metafísica, todas esas profundidades que convergen, para el apóstol, en Dios, y para el ateo, en la nada: el destino, el bien y el mal, la guerra del ser contra el ser, el sonambulismo pensativo del animal, la transformación por la muerte, la recapitulación de existencias que contiene la tumba, el injerto incomprensible de los amores sucesivos en el yo persistente, la esencia, la sustancia, el Nihil y el Ens [42] , el alma, la Naturaleza, la libertad, la necesidad; problemas pavorosos, precipicios siniestros a los cuales se asoman los gigantescos arcángeles del espíritu humano; formidables abismos que Lucrecio, Manu [43] , San Pablo y Dante contemplan con esa mirada fulgurante que parece, al mirar fijamente el infinito, que hace brotar en él las estrellas.
Monseñor Bienvenu era, simplemente, un hombre que observaba desde fuera las cuestiones misteriosas, sin escrutarlas, sin agitarlas y sin perturbar su propio espíritu, y que tenía en el alma el grave respeto a la sombra.
Pascal Mercier
De todas nuestras innumerables experiencias, sólo hay una como máximo que expresamos en palabras y aun ésta, de manera totalmente casual y sin brindarle todo el cuidado que merece. Bajo todas esas experiencias mudas están escondidas esas que, imperceptiblemente, han dado forma, color y melodía a nuestras vidas. Si, como arqueólogos del alma, investigamos estos tesoros, descubrimos cuán desconcertantes son. El objeto de nuestra observación está en perpetuo movimiento, las palabras resbalan sobre lo vivido; finalmente el papel se cubre de flagrantes contradicciones. Durante mucho tiempo creí que se trataba de una carencia, algo que debía superar. Hoy pienso que se trata de algo diferente: el reconocimiento de ese desconcierto es el camino ideal hacia la comprensión de estas experiencias tan conocidas pero aun así tan misteriosas. Esto suena inusual, hasta literalmente inusual, lo sé. Pero desde que comencé a plantearlo de esta manera, tengo la sensación de estar verdaderamente despierto y vivo.
Si en verdad sólo podemos experimentar una mínima parte de lo que hay dentro de nosotros, ¿qué pasa con el resto?
sábado, 9 de diciembre de 2023
Nietszche
Hay quienes no pueden aflojar sus propias cadenas
Leonard Cohen
La poesía es solamente la prueba de que hay vida. Si tu vida se está quemando bien, la poesía no es más que la ceniza.
Bertrand Russell
viernes, 8 de diciembre de 2023
Jeffrey Sachs
Datos de sondeos y estudios académicos recientes sugieren que a los estadounidenses les faltan conocimientos sobre hechos comunitarios básicos. Como dijo un autor hace poco, «La mentalidad aislada de los individuos que saben poquísima historia y educación cívica y que nunca leen un libro o visitan un museo se está convirtiendo rápidamente en una condición muy común que ni siquiera nos ruboriza».
Juan Rulfo
... Había una luna grande en medio del mundo. Se me perdían los ojos mirándote. Los rayos de la luna filtrándose sobre tu cara. No me cansaba de ver esa aparición que eras tú. Suave, restregada de luna; tu boca abullonada, humedecida, irisada de estrellas; tu cuerpo transparentándose en el agua de la noche’.
jueves, 7 de diciembre de 2023
Giacomo Leopardi
Amé siempre esta colina,
y el cerco que me impide ver
más allá del horizonte.
Mirando a lo lejos los espacios ilimitados,
los sobrehumanos silencios y su profunda quietud,
me encuentro con mis pensamientos,
y mi corazón no se asusta.
Escucho los silbidos del viento sobre los campos,
y en medio del infinito silencio tanteo mi voz:
me subyuga lo eterno, las estaciones muertas,
la realidad presente y todos sus sonidos.
Así, a través de esta inmensidad se ahoga mi pensamiento:
y naufrago dulcemente en este mar.
Haruki Murakami
“Aprendí a no creerme todo lo que la gente dice. Mis únicas pasiones sin reservas han sido los libros y la música. Y, tal vez como lógica consecuencia de todo ello, me fui convirtiendo en una persona solitaria."
William James
Para muchos hombres, la cuestión del valor de la vida queda respondida por un optimismo temperamental que les hace incapaces de creer que pueda existir nada realmente malo. Las obras de nuestro Walt Whitman siguen siendo el mejor manual para esta clase de optimismo. La simple alegría de vivir circula con tal intensidad por las venas de Walt Whitman que anula la posibilidad de cualquier otra clase de sentimiento. ¡Aspirar el aire, qué delicioso! ¡Hablar—andar—asir cualquier cosa! ¡Disponerme para el sueño, para el lecho, para contemplar mi carne rosada! -! ¡Ser este Dios increíble que soy! ] ¡Oh, espiritualidad de las cosas! Yo también canto al sol cuando sale a mediodía o, como ahora, cuando se pone, Yo también me estremezco con el cerebro y con la belleza de la tierra y de todo lo que crece en la tierra, Yo canto, hasta el fin, las igualdades modernas o antiguas, Yo canto los finales infinitos de las cosas, Digo que continúa la Naturaleza, y que continúa la gloria, Yo canto mis alabanzas con voz eléctrica, Pues no veo ni una sola imperfección en el universo, Y no veo, en fin, ni una sola causa o resultado lamentable en el universo.
Tampoco Rousseau tenía nada que contar más allá de su felicidad, al escribir acerca de los nueve años que pasó en Annecy: ¡Cómo decir lo que no fue dicho ni hecho, ni siquiera pensado, sino sólo saboreado y sentido, una felicidad sin más objeto que la emoción misma de la felicidad! Me levantaba con el sol, y era feliz; salía a caminar, y era feliz; veía a “Maman”, y era feliz; la dejaba, y era feliz. Me perdía por los bosques y por los viñedos, deambulaba por los valles, leía, holgazaneaba, trabajaba en el jardín, recogía frutos, ayudaba en el trabajo doméstico, y la felicidad me seguía a todas partes. No se hallaba en ninguna cosa concreta; estaba toda en mí; no podía abandonarme ni por un instante. Si fuera posible convertir en permanentes esta clase de humores y en universales esta clase de constituciones, no habría nunca ocasión para discursos como el presente. Ningún filósofo se esforzaría en demostrar de forma razonada que la vida merece ser vivida, pues el hecho se justificaría por sí solo y el problema desaparecería más por la inexistencia de la pregunta que por la obtención de nada parecido a una respuesta. Pero no somos magos como para convertir el temperamento optimista en universal; y al lado de las manifestaciones propias del optimismo temperamental ante la vida existen siempre las del pesimismo temperamental, y oponen a aquéllas una refutación total. En la llamada “locura circular” las fases de melancolía se suceden con las fases de manía sin que pueda descubrirse ninguna causa externa; y también ocurre a menudo que una misma persona sana ve la vida un día como la encarnación de la alegría y el siguiente como la encarnación del horror, de acuerdo con las fluctuaciones de aquello que los libros médicos más viejos llamaban «las mixturas de los humores».
miércoles, 6 de diciembre de 2023
Bertolt Brecht
Hermann Hesse
«– Yo te gusto —continuó ella— por el motivo que ya te he dicho; he roto tu soledad, te he recogido precisamente ante la puerta del infierno y te he despertado de nuevo. Pero quiero de ti más, mucho más. Quiero hacer que te enamores de mí. No, no me contradigas, déjame hablar. Te gusto mucho, de eso me doy cuenta, y tú me estás agradecido, pero enamorado de mí no lo estás. Yo voy a hacer que lo estés, esto pertenece a mi profesión; como que vivo de eso, de poder hacer que los hombres se enamoren de mí. Pero entérate bien: no hago esto porque te encuentre francamente encantador. No estoy enamorada como tú de mí. Pero te necesito, como tú me necesitas. Tú me necesitas actualmente, de momento, porque estás desesperado y te hace falta un impulso que te eche el agua y te vuelva a reanimar. Me necesitas para aprender a bailar, para aprender a reír, para aprender a vivir. Yo, en cambio, también te necesito a ti, no hoy, más adelante, para algo muy importante y hermoso. Te daré mi última orden cuando estés enamorado de mí, y tú obedecerás, y ello será bueno para ti y para mí.
No te ha de ser cosa fácil, pero lo harás, cumplirás mi mandato y me matarás. Eso es todo. No preguntes más nada».
,
Italo Calvino
martes, 5 de diciembre de 2023
Stefano Mancuso
Los efectos del desastre de Chernóbil fueron tan devastadores que todavía hoy, más de treinta años después del accidente, apenas tenemos una vaga idea de sus consecuencias y del tiempo que deberá transcurrir para que todo vuelva a la normalidad. Naturalmente, durante los días posteriores a la explosión las plantas también quedaron expuestas a la fuga radiactiva, y para ellas las consecuencias también fueron catastróficas. Se calcula que, en las primeras semanas, entre el 60 y el 70 % de los isótopos radiactivos liberados al medio ambiente se depositaron sobre las plantas de los bosques circundantes. Una parte considerable de estos bosques, incluidos en la zona de exclusión y formados sobre todo por pinos silvestres, murió de inmediato, adoptando un color rojizo y dando pie al fenómeno que desde entonces se conoce como «bosque rojo». En 2011, la fuga radiactiva de Fukushima provocó el mismo fenómeno. Pasados los dramáticos efectos de la primera exposición a dosis tan elevadas de radiactividad, las plantas hallaron el modo de sobrevivir y adaptarse a esas condiciones aparentemente incompatibles con la vida. Lo ocurrido en la zona de exclusión roza lo increíble. Ese espacio inaccesible al ser humano es hoy en día uno de los territorios con mayor biodiversidad de la antigua Unión Soviética. Se diría que el hombre es más nocivo que la radiación. Y es que la supresión de la actividad humana en esa zona ha creado, de forma involuntaria, una enorme reserva natural. A pesar de la radiación, las plantas y los animales han regresado allí en número y variedad mucho mayores que en el pasado. Actualmente, en la zona de exclusión podemos encontrar linces, mapaches, corzos, lobos, caballos de Przewalski, varias especies de aves, alces, zorros rojos, tejones, comadrejas, liebres, ardillas y hasta osos pardos, que llevaban más de un siglo desaparecidos. ¿Y las plantas? Como era de esperar, se las han apañado mejor incluso que los animales. La ciudad de Prípiat, dentro de la zona prohibida, se alzaba a tres kilómetros del reactor que estalló. Era una ciudad de unos cincuenta mil habitantes y en ella vivían la mayoría de los empleados de la central. Después del accidente, fue evacuada.10 Hace poco, tuve la oportunidad de ver un detallado reportaje fotográfico sobre el estado de la ciudad hoy en día. Son imágenes que lo dejan a uno atónito: treinta años después del desastre, Prípiat está cubierta de vegetación. Una especie de Angkor Wat a la ucraniana. Chopos en los tejados de los edificios, abedules en las terrazas, el asfalto resquebrajado por los arbustos, enormes avenidas de seis carriles transformadas en ríos de color verde.
José Emilio Pacheco
—¿Qué significa ser poeta, con tanto bombardeo de imágenes e información?
—La posibilidad del silencio, un diálogo íntimo entre dos personas que no se conocerán nunca.
—¿Qué representa la poesía en este mundo tan globalizado?
—Una forma de resistencia contra todo.
(José Emilio Pacheco en entrevista con el diario «Clarín» en 2009.)
Fernando Pessoa
De todo, quedaron tres cosas:
la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido
antes de terminar.
Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente,
de la búsqueda,...un encuentro
lunes, 4 de diciembre de 2023
Pedro Salinas
Alex Rovira
Creo que amar son tres cosas. La primera es la voluntad de comprender la singularidad del ser y sus circunstancias. Tú amas a alguien cuando tienes la voluntad de comprenderle o de comprenderla mismo si no lo comprendes, pero tienes la voluntad. Amar es cuidar, amar es hacer algo que sea coherente con lo que declaras. No tiene ningún sentido que tú proclames el amor a alguien si no hay un comportamiento observable. Y ahora voy a tu respuesta. Amar es inspirar para ayudar al ser amado a que construya nuevas realidades objetivas: que pueda llevar a cabo un proyecto, que pueda superar un examen, que pueda hacer un buen trabajo de investigación, que pueda darse el permiso de hacer algo que le da miedo. Pero inspirar también para nuevos sentidos a la vida. El que ama procura que el ser amado construya una narrativa interior que le sostenga especialmente en la adversidad, y las historias sirven para eso. Las historias nos inspiran, nos dan anclajes en la memoria, nos dan referentes de cómo ese personaje superó esa dificultad.
domingo, 3 de diciembre de 2023
Jaime Sabines
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.
sábado, 2 de diciembre de 2023
Erich Fromm
Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. «Atractivo» significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mentalmente. Durante los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, una joven que bebía y fumaba, emprendedora y sexualmente provocadora, resultaba atractiva; hoy en día la moda exige más domesticidad y recato. A fines del siglo XIX y comienzos de éste, un hombre debía ser agresivo y ambicioso —hoy tiene que ser sociable y tolerante— para resultar atractivo. De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio. Lo mismo que cuando se compran bienes raíces, suele ocurrir que las potencialidades ocultas susceptibles de desarrollo desempeñan un papel de considerable importancia en tal transacción. En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo. El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del «enamorarse» y la situación permanente de «estar» enamorado, o, mejor dicho, de «permanecer» enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar «locos» el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.
Víctor Jara
"Patria es el amor a mi hogar, mi mujer y mis hijos.
Es amor a la tierra que me ha ayudado a vivir; es el amor a la educación y al trabajo; es amor a los demás que trabajan por el bienestar común; es amor a la justicia como instrumento del equilibrio para la dignidad del hombre; es el amor a la paz para gozar de la vida..."
El Maestro podía ser enormemente crítico cuando pensaba que la crítica era necesaria. Pero, por sorprendente que pueda parecer, nadie tomaba a mal sus reprimendas. Cuando alguien le preguntó la razón de ello, el Maestro respondió: «Todo depende de cómo lo haga uno. Los seres humanos son como las flores: abiertas y receptivas al manso rocío, pero cerradas y reacias al violento aguacero»
Schopenhauer
viernes, 1 de diciembre de 2023
Pedro Salinas
José Antonio Fernández Bravo
Yo recuerdo, de pequeño, que en el día de mi cumpleaños me daban pasteles, ese día me dieron dos. Y mi madre me dijo: “Toma, llévale estos seis a la vecina”. Y yo dije: “No puede ser que la vecina se coma seis y yo me coma dos, si es mi cumpleaños”. Total, yo era una persona bastante educada y reflexiva, cogí la bandeja y se los di a la vecina. Al día siguiente la vecina le dijo a mi madre: “Gracias por los dos pasteles que me trajiste”. Claro, todavía no se entiende. No se entiende el mirar del niño. Digamos que los maestros dedicamos parte de nuestra vida a hacer coincidir nuestra mirada con su mirada infantil. Siempre me perdía yo, nunca se perdían mis padres. Pero esto sigue igual, siempre se pierden los niños, nunca se pierden los padres. Tú te has dado cuenta de esto, ¿verdad? ¿Sabes qué anotaba yo en ese cuaderno? Anotaba que el que se pierde en la vida es el que no sigue a nada ni a nadie. Recuerdo que una vez tenía un profesor que me dijo: “Esta clase va a ser muy aburrida, el que quiera marcharse que se vaya”. Pues yo me fui. Y no había salido por la puerta y me dijo: “¿Dónde va?”. Y yo: “Pues que me voy, si ya dice usted que es aburrida”. Y me dice: “Es una manera de hablar”. Es una manera de hablar. Yo tenía que interpretar qué significaba la manera de hablar. Pero yo apunté en este cuaderno que, cuando yo fuera maestro, buscaría una manera de hablar que entendiera aquel a quien dirijo el mensaje. Bueno, fuimos creciendo, llegó el momento de hacer Magisterio y lo hice sin ninguna duda y como primera opción, totalmente convencido. A pesar de algunas discrepancias con familiares muy cercanos, porque ellos me decían que el expediente académico que tenía me permitía hacer lo que yo quisiera. Y entonces me decían: “¿No te das cuenta que puedes hacer lo que quieras?”. Y yo les decía: “Quiero hacer Magisterio, ¿cuál es el problema?”.
jueves, 30 de noviembre de 2023
Terence Mckenna
Esta cita de Terence McKenna nos introduce de lleno en su característica filosofía neochamánica y radical. McKenna no veía la mente humana como un generador aislado de fantasías, sino como una antena capaz de sintonizar realidades alternativas.
La imaginación como portal, no como fábrica
Para la psicología tradicional, la imaginación es la capacidad de combinar recuerdos y conceptos para crear algo nuevo que no existe. McKenna invierte por completo esta idea: para él, la imaginación no inventa nada; lo descubre. Funciona como una ventana o un receptor de radio que accede a una "biblioteca universal" de información que ya está ahí fuera, esperando a ser sintonizada.
El Multiverso y la flexibilización del tiempo y el espacio
Al decir que "no podrías imaginarlo si no fuera real en algún lugar, en algún momento", McKenna coquetea con conceptos que hoy resuenan con la física cuántica (el multiverso) y el misticismo oriental. Sugiere que el tejido de la realidad es infinito:
En algún lugar: Puede ser real en otra dimensión, en un planeta lejano o en un plano de conciencia incorpóreo (como el que él afirmaba que se alcanzaba mediante el uso de enteógenos como la psilocibina o la DMT).
En algún momento: Puede ser un recuerdo del pasado remoto del universo o una premonición del futuro de la evolución humana.
La imposibilidad de la "nada"
Desde esta perspectiva, la mente humana es incapaz de crear una mentira absoluta o una fantasía pura. Si una estructura, un paisaje alienígena o una criatura mitológica cruza por tu mente, ese simple hecho le otorga "estatus ontológico" (existencia). Si puedes concebirlo, el universo ya ha generado el espacio-tiempo necesario para albergarlo.
En resumen, McKenna nos invita a respetar y explorar nuestra mente no como un entretenimiento infantil o una fuga de la realidad, sino como el instrumento científico y espiritual más avanzado que poseemos para cartografiar el cosmos habitable.
José Donoso
"Yo siento que todo escritor tiene que ser, en parte, un marginal. Yo creo que en todo escritor hay, de hecho, un marginal. Si un escritor no tiene en sí las posibilidades de marginalización o una veta marginal, si no tiene una trizadura de algún tipo, no puede nunca llegar a ser escritor. Muchas veces yo siento, por ejemplo, y lo veo, cómo a gente que estudia en mis talleres, gente talentosa, inteligente, leída, sensible, etc., le falta cierta trizadura o pertenecen demasiado íntegramente a una clase social, con la cual se identifica. Yo creo que una persona que es demasiado íntegramente parte de una clase social, estructurada, como son las clases sociales en Chile, esas personas, pienso, no pueden llegar a una grandeza literaria".
Ramón Gener
Bueno, ¿sabes que existe esa palabra de ‘beatlemania’? ‘Beatlemanía’, dijéramos. Y… Todo el mundo piensa que es un invento de cuando en los años 60, que los Beatles provocaban aquella histeria colectiva. Existe una idea que era la idea de Nietzsche, la idea del eterno retorno. Todo vuelve. Todo lo que pasa, ya ha pasado. Todo lo que está pasando volverá a pasar. Siempre, siempre, siempre, siempre, siempre. El Times publicó “Beatlemania”, como si hubiera sido el gran invento del siglo. Pero la cuestión es que el fenómeno fan es una cosa de mucho antes. Y la primera persona que acuñó eso de beatlemania fue un poeta, un poeta alemán del siglo XIX que se llamaba Heinrich Heine. Y él lo acuñó con otro artista, con Franz Liszt, y acuñó una frase o una palabra que era ‘lisztomanía’, ‘lisztomanía’, para explicar exactamente lo mismo que pretendía explicar el señor del ‘Times’, y es que la gente se volvía loca cuando los Beatles tocaban. La gente se volvía loca cuando Liszt tocaba. La gente no estaba sentada ordenadamente y a ver qué va a tocar y qué va a dejar de tocar y cuando terminaba… No, la gente chillaba, se volvía loca. Las mujeres le tiraban su ropa interior. ¿Sí? Llevaban imágenes suyas en camafeos, en broches. Iban con tijeras detrás suyo por la calle para recortar un trozo de su chaqueta, para cortarle un mechón de su cabello. Cuando terminaba de tocar, el piano con el que él tocaba era destruido prácticamente por las fans. El piano es así en gran medida gracias al Liszt. Aquí dentro, en el piano, después cuando terminemos venís aquí y lo veis, hay una cosa que se llama la lira. Es un armazón que lo que hace es mantener las cuerdas en tensión. Antes de Liszt no existía la lira, y Liszt tocaba con tal pasión, con tal arrebato que cuando llegaba la media parte le tenían que cambiar el piano porque él se lo había cargado. Sí, porque él tocaba, ¿eh? Hubo que inventar algo para que los pianos no se desafinar cuando él los tocaba, para que los pianos nos estropearan cuando él los tocaba, así que se inventó la lira. Así que yo los invito a todos a que seáis un poco «lisztomaníacos» o «beatlemaníacos» y que podáis vivir con esa pasión. Porque eso es lo que quiere el artista, que podáis ver su obra, que podáis disfrutar su obra del modo más directo posible. Sin tapujos, sin cortapisas y sin miedo a expresar lo que uno siente.
miércoles, 29 de noviembre de 2023
Steinbeck
Roberto Fernández Retamar
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