jueves, 12 de diciembre de 2013

Alejandra Xanic von Bertrab

Alejandra Xanic: «Hay historias que te gritan en cuanto abres la carpeta»

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Alejandra Xanic von Bertrab (Ciudad de México, 1967) viste un anorak con una palabra mágica en periodismo escrita sobre el pecho: Columbia. Coincide con el de una de las universidades más prestigiosas del mundo, la que otorga los premios Pulitzer. A Xanic se lo dieron este año en la categoría de Reportaje de Investigación junto al periodista del The New York Times David Barstow. Fue un trabajo de diecinueve meses sobre los sobornos realizados por el gigante estadounidense Walmart en México, algo que está perseguido por la ley en EE. UU.
El premio ha trastocado su vida apacible de ratón de archivo. Parece sentirse incómoda bajo los focos, ante esta repentina celebridad. Es muy tímida, le cuesta hablar. Quizá el carácter perfecto para un trabajo que se basa en la humildad y la paciencia. O una manera de protegerse, de pasar desapercibida.
La periodista mexicana viajó a Madrid para impartir un taller. Es una apasionada de la investigación, del trabajo solitario. Le gustan las salas atestadas de cajas y papeles, sentir que en ellas se esconde una noticia. Es una experta en el buceo sistemático, una investigadora de primer nivel. Aunque en España no exista una Ley de Transparencia como la de México, Xanic cree que siempre existen recovecos desde los que se puede empezar a desenredar una madeja. La entrevista se celebra en el café Comercial de Madrid, uno de los pocos templos que quedan en una ciudad que perdió el gusto por las tertulias, otra forma de tiempo lento.
¿Qué ha supuesto el Pulitzer y la experiencia de ir a recogerlo?
Fue una novedad ver que otros, amigos y excompañeros, se alegraban por algo que me ocurría a mí. Fue una vivencia bonita de sentir. La experiencia de estar allí fue bellísima porque The New York Times es un periódico con tradiciones, como casi todos los periódicos viejos. Fue lindo vivir el premio desde su redacción. Nunca me habían invitado a ningún lado y ahora me han invitado a Madrid. En realidad estoy añorando que esto se apague para volver a la vida de antes. Siguen ocurriéndome cosas que agradezco mucho, pero también sé que esta no es la vida real.
Es importante el reconocimiento a un trabajo que duró diecinueve meses.
En el reportaje hubo temporadas largas y aburridas, de silencio y lectura de leyes de construcción y reglamentos sobre el uso del suelo. Hubo semanas y semanas de gabinete, de hojear cajas con papeles. Fue un proceso muy largo pero con muchos festejos intermedios y la recompensa de los hallazgos. Creo que el premio inspiró a otros en México. Lo más lindo es que otros se interesaron por hacer investigación, les abrió la inquietud. Quiero pensar que por el tipo de resonancia que tuvo, algunos editores abrieron los ojos a esa posibilidad. Sería la recompensa más rica.
¿Por qué está tan abandonada la investigación, si es el ADN del periodismo? Es cierto: resulta costosa, exige semanas o meses de trabajo y no siempre produce resultados. Muchos periódicos expulsaron la investigación de sus páginas cuando hay más materia que nunca para investigar.
Por un afán de maltratar al lector. Al final es un tema de costos. En el periodismo mexicano tiene que ver también con la cultura periodística. El periodismo es muy limitado, aunque hay muchas excepciones. Entregamos trabajos a medias a los lectores y a la audiencia, informaciones no corroboradas. Somos un tablero de juego de declaraciones de políticos.
Entonces, una buena investigación es casi un problema.
Sí, más que un éxito es un problema. Incluso investigar la nota cotidiana es un problema. No sé cómo será en otros lugares, pero en México hay cuota; es decir, los reporteros tienen que volver a la redacción con tres o cinco notas diarias. ¿Qué puedes hacer con tres notas? No puedes realizar ni el reporteo básico. En estas condiciones, la investigación está muy lejos de lo posible.
Leila Guerriero, periodista y editora de Gatopardo, sostiene que hay dos tipos de periodistas: el que pisa la calle o viaja a un sitio lejano para contar una historia, y los que son capaces de descubrir fraudes rastreando papeles, notas y balances aparentemente incomprensibles.
Creo que soy más bien un híbrido. Tengo algunos elementos que necesitan ese tipo de periodista: la tesonería —soy terca—, y que no me fastidia pasarme semanas entre archivos y documentos. En este caso hice mancuerna con alguien [David Barstow] que es un maravilloso estratega; ayudaba a mantener el foco para no perdernos entre papeles, a tener siempre un método para buscar. Así fue que encontramos. Fui un buen soldado en un equipo donde había un general de una maravillosa claridad de la que aprendí. Este fue mi máster.
Un periódico y varios jefes tuvieron confianza en su equipo durante más de un año y medio porque sabían que podía haber un resultado.
Confiaban mucho en David. A mí no me conocieron hasta que se cumplió un año de la investigación. Esto nos habla de los retos que afrontamos los que queremos hacer investigación. Debes tener un buen historial, un porcentaje de bateo alto, poder decir que donde pones el ojo hay una historia. Esto es necesario para conseguir la confianza de los jefes, para que sepan que va a haber una historia, que si tardas más es porque la historia es más grande y más poderosa todavía.
¿Era su primer trabajo de investigación con norteamericanos?
Había trabajado antes con estadounidenses, con ISIG [International Consortium of Investigative Journalists], una red de periodismo de investigación, y había colaborado con distintos periodistas en EE. UU., pero es mi primera vez como dupla.
¿Qué diferencias ha encontrado en el caso del The New York Times?
No sé si tendrá que ver con lo estadounidense o con la persona con la que trabajé.
David es un estratega. Tiene mucha capacidad para el método y la planificación. Eso me ayudó mucho porque yo soy más dispersa. Fue importante ver la cantidad de tiempo que dedica y el empeño que pone a pensar. Nunca había sido tan consciente de ese ejercicio de pensar tanto una historia, las estrategias, los caminos a seguir. Otro aspecto interesante fue la experiencia que él tenía en el uso de las leyes de transparencia, hasta donde puedes llegar. Eso unido a mi comprensión del animal burocrático mexicano, cómo se mueve y piensa, fue una fórmula interesante. Aprendí de la experiencia que él tenía de pedirle cosas al gobierno, de utilizar la ley de acceso. También de su capacidad de asombro, su mirada. Es algo muy fresco poder trabajar con alguien que tiene otra manera de mirar las cosas, que te abre los ojos y te retroalimenta.
Alejandra Xanic para Jot Down 1
México tiene una Ley de Transparencia tan buena que permite investigar a fondo a la Administración. 
Sí. Una cosa que tenemos y ustedes no.
¿Cómo funciona la Ley de Transparencia en México?
La ley obliga al poder ejecutivo, sea estatal, municipal o federal, a dar acceso público a una información básica. Se pueden ver, por ejemplo, los nombres de los funcionarios, sus cargos, sus currículos, los ingresos y los bonos o compensaciones que tengan. Hay acceso al presupuesto, a los contratos otorgados por el Gobierno, ver cómo gasta. Antes el directorio telefónico era secreto de Estado, ahora puedes ver los emails.
Otro asunto fundamental en la ley es que existe el derecho a petición; es decir, todo ciudadano, mexicano, o de donde sea, sin ni siquiera identificarse, puede mandar una solicitud, por escrito o personalmente, a una autoridad y solicitarle acceso a documentos. La autoridad tiene un plazo para responder, entre cinco y veinte días, depende del nivel de gobierno. Tiene la posibilidad de ampliar el plazo una sola vez. Si estás insatisfecho con lo respondido puedes apelar. Lo que tiene de lindo es que a diferencia de la ley estadounidense, en México no entran abogados, solo en una etapa muy tardía, cuando ya estás en pleitos, cuando es la última instancia. En el intermedio, la cosa es entre un ciudadano y un gobierno.
Es una ley que dio acceso a muchísimas cosas pero también tiene sus trucos. Uno no está habituado a pensar como un burócrata. Pides las cosas en tu idioma pero el burócrata no te entiende porque espera que se las pidas en su jerga. No te da cosas si no se las pides como él las nombra. Hay que aprender a pensar como piensa la burocracia, cómo nombra las cosas, los procesos. Hay que aprender la estructura del gobierno. La ley representa un cambio brutal porque los funcionarios saben que tienen que mostrar, que existen normas que protegen documentos. Antes las administraciones se iban y se llevaban cajas y cajas con papeles. Los gobiernos se quedaban sin memorias.
¿Desde cuándo existe esta ley?
Desde hace trece años a nivel federal. Casi todos los estados la tienen. Hay distintas versiones, algunas todavía son muy malas. La ley todavía no obliga al legislativo ni al judicial. Existen áreas que todavía no están tan abiertas.
La investigación arranca cuando David Barstow recibe un soplo: Walmart ha pagado sobornos en México, algo prohibido por la ley en EE. UU. ¿Permitió la empresa el gran acceso a sus datos?
No, Walmart no sabía que David se estaba asomando a sus archivos. A Walmart llegamos mucho tiempo después, mucho, muy próximos a publicar. Esa es la parte de la historia que no puedo contar, la tiene que contar David, pero él tuvo acceso sin que lo supiera Walmart.
Si una empresa estadounidense tiene información de ilegalidades cometidas en el extranjero debe autodenunciarse a las autoridades federales; si no lo hace, es la empresa la que comete el delito. Es lo que dice la ley de EE. UU.
Sí, aunque puede haber también cargos contra las personas.
Lo que descubrió Barstow es que Walmart inició una investigación interna, descubrió que hubo sobornos y paró la investigación.
Los investigadores llegaron al punto de descubrir indicios para pensar que hubo sobornos. No llegaron a cerrar la investigación, encontraron indicios de que había habido cientos de pagos que debían ser investigados y recomendaron una investigación más amplia. No se produjo. Lo que hicimos nosotros fue continuar la investigación.
¿Cómo entra en el equipo? ¿Cómo la elige Barstow?
Le recomendaron unos nombres. Entrevistó a varios; no sé quiénes competíamos, y me eligió a mí.
Desde entonces una maratón de trabajo e investigación.
Originalmente eran dos o tres meses, pero se fue a diecinueve. En parte porque, como decía antes, las leyes de transparencia se toman veinte días para tener una respuesta. Son veinte días hábiles, es decir, un mes. Tuvimos que partir desde cero. Eran temas que desconocíamos. ¿Qué se necesita para construir una tienda de seis mil quinientos metros cuadrados en varias regiones de México? Hubo un tiempo para el aprendizaje de los procesos. Aprender a ver la normalidad para poder distinguir entonces las anomalías, las posibles excepciones, que era lo que buscábamos.
¿Cuándo se dan cuenta de que tienen una gran historia entre las manos?
Creo que David se da cuenta de que es una historia grande cuando corrobora que Walmart decidió detener la investigación. Cuando sus investigadores internos sugieren robustecerla y ampliarla. Walmart le pasa el caso a uno de sus ejecutivos en México que estaba siendo investigado. Este ejecutivo dijo en muy poco tiempo «no hay nada que investigar». Cuando David ve que la compañía se lo encarga a uno de los investigados, dijo «aquí hay algo que vale la pena seguir». En México, nos dio la sensación de que había algo interesante cuando empezaron a aflorar patrones: cada vez que había algún problema, pasaban unos días y el problema se disolvía. Había, por ejemplo, oposición de los comerciantes y de pronto los comerciantes estaban subidos al proyecto. Eran barreras que se bajaban en todos lados. Eso no era prueba de nada, solo indicios que nos empujaban a hundir más el diente.
Esas barreras que se bajaban coincidían con pagos.
Sí.
Una de las virtudes del periodismo estadounidense es la comprobación. No publicar ningún dato ni realizar afirmaciones que no se puedan demostrar. ¿Cómo fue ese proceso de comprobación de todo lo que iban averiguando?
David empezó a escribir muy temprano. Fui yo quien estuvo reporteando hasta el final. La escritura le permitía estar atento a qué podíamos decir y qué no. Le enviaba cada descubrimiento, cada documento. Él tenía que mostrar sus cartas a sus editores, la documentación que apoyaba las afirmaciones. Miraban con lupa lo que iba haciendo. Una vez que tuvimos un borrador, desnudamos cada oración, fuimos a las entrevistas, a las transcripciones, a los papeles para corroborar que cada palabra era la palabra justa, la palabra correcta. En una línea se nos podían ir cinco horas, nada más en ir a revisar todo el material de soporte. Esa fue una parte linda, interesante. También dura porque era poco antes del cierre.
Supongo que habría momentos en los que tendría ganas de irse a su casa.
La parte más dura fue el aislamiento. Como freelance tiendes a aislarte porque no tienes una redacción. Traté de crearme una alterna con unos amigos. Íbamos de casa de uno o la de otro, discutíamos temas, nos teníamos como lectores de notas. La mesa del comedor era el escritorio. Cuando empecé a trabajar con el The New York Timestuve que cerrar la boca. No podía recibir visitas porque mi casa es mi oficina. Tenía toda la información de Walmart a la vista. Cualquiera se habría enterado. Fue lo difícil, además del monotema. Al no tener otro asunto en la cabeza que Walmart y los usos del suelo, se convirtió en un pensamiento obsesivo. Soñaba con Walmart. También fue duro por poder hablar de ello con nadie.
La parte más hermosa sería descubrir que las líneas de investigación daban resultado. Supongo que eso será tremendo.
Sí. Podías estar quince días sentada en una miserable sillita, con dolor de cuello, avanzando en la revisión de cajas y papeles, y una frustración creciente. ¿Habrá algo aquí? Pero cuando llega el día doce y encuentras un párrafo que es importante [suspiro]… Al final siento que el trabajo siempre trae sus recompensas.
Alejandra Xanic para Jot Down 2
¿Cuántas informaciones se publicaron al final?
Dos nada más.
Diecinueve meses para dos notas y un Pulitzer.
Sí.
¿Hubo presiones de algún tipo durante la investigación?
No que me transmitieran. El periódico fue cauteloso en asegurarse de que Walmart no supiera hasta muy tarde que yo estaba haciendo el trabajo de campo en México. No establecí contacto con la compañía, fue David quien lo estableció en EE. UU. Sabían que había gente acá, pero no sabían que era yo. Eso ayudó a que me pudiera mover con libertad. La Ley de Transparencia fue formidable porque inhibe a los funcionarios de preguntar para qué quieres la información, quién eres o para qué quieres ver esos datos. Hubo lugares en los que nadie me preguntó nunca quién era. Tuve acceso a espacios de gobierno durante periodos muy largos. Llegaba con los burócratas y me iba en su turno, pasaba jornadas sentada con ellos, viendo su vida desde dentro.
¿Nadie sospechó nada?
Nadie preguntó nada. Quizá pensaban que era una académica.
¿Qué le diría a un periodista español que no tiene una ley de transparencia tan amplia, que trabaja en un país en el que reina la opacidad absoluta? ¿Cómo se puede investigar en estas circunstancias?
Hay algo que no hice a tiempo y me pregunto si no podrían hacerlo ustedes aquí. No me di cuenta de que había mucha información publicada: el registro de la propiedad, el registro del comercio. Podríamos hacernos con esas bases de datos que ya están ahí. Y están también los archivos. Aprendí que la Administración tiene tiempos para guardar los papeles en distintos lugares. En México, tiene que tener los papeles tres años en sus oficinas. Después van a otro lugar y entre los cinco y diez años a otro y después al Archivo General de la Nación. Cuando los documentos están con el funcionario que los generó es difícil acceder a ellos, pero puede ser más fácil en los siguientes estadios de archivo.
Hay que aprender más de la vida de los documentos, cómo los cuidan, dónde los preservan. He tenido compañeros que han hecho reportajes formidables con documentos de los años ochenta y noventa que ya estaban en el Archivo General de la Nación. Investigaban personajes que hoy son gentes con historia. Investigando a otros encontraron información suya en el archivo de la policía de los años ochenta. El archivo histórico de la policía está abierto. Me echaría un clavado a ver qué cosas hay que puedan ser públicas, como listas de concesiones. Lo haría como un colectivo de reporteros. Saldría a la calle para ver qué hay porque seguramente hay más de lo que se piensa.
Siempre ha sido freelance. ¿Es rentable investigar? ¿Permite vivir?
No. La verdad es que no soy un buen ejemplo de alguien que lo haya logrado. Me volví freelance porque pensaba que así podría hacer investigación y financiarme investigaciones, moverme por el país. Tardé mucho en darme cuenta de que hay que trabajar a distintas velocidades. Si como freelance te haces un esquema donde tienes un ciclo corto de trabajo, el ciclo largo lo puedes pagar. El reportaje largo lo pagan muy mal en México. Puedo moverme cada mes en distintos formatos: la crónica, la entrevista y la nota, y pagar con eso la investigación.
¿Ha trabajado alguna vez con contrato?
Sí, voy y vuelvo.
¿Qué diferencias existen entre un puesto de trabajo con un buen contrato, pero en el que dependes de un jefe, a estar por libre, donde decides lo que deseas hacer, pero tienes menos dinero?
Creo que la razón por la que vuelvo a las redacciones es porque tienen una vida, me hacen recordar por qué quiero ser reportera. Vuelvo a las redacciones por esa necesidad, porque necesito al equipo, la adrenalina. Al final, el trabajo por libre te aísla de esa parte del diario, te mete en un tren, tiene un aliento diferente.
Los jóvenes periodistas salen de las universidades y escuelas a una profesión que no se sabe si va a sobrevivir o cómo va a sobrevivir. En vez de esperar un puesto de trabajo podrían unirse, formar coaliciones de periodistas capaces de crear medios en internet. Ahora es más barato. También es interesante lo que se está haciendo en América Latina.
Están haciendo muchas cosas, están abriendo un camino. Aún no encuentran cómo financiarlo, salvo por fundaciones, pero existen iniciativas muy interesantes en América Latina. Y en España también. He visto un periódico satírico…
¡Mongolia! Veo que también hay aquí iniciativas muy imaginativas y valientes.
En el centro de la propuesta de los nuevos proyectos que surgen en América Latina están el gran reportaje y la investigación.
El origen es ese. En casi todos esos medios, el origen es hacer lo que no están haciendo los demás: una investigación larga, una investigación de fondo.
Además de Walmart, ¿en qué otras investigaciones ha estado?
Han sido más bien reportajes que investigación, pero me llevaron mucho tiempo. Por ejemplo, documentar las vidas de los últimos hablantes de lenguas que están desapareciendo en México. Fueron trabajos de mucha búsqueda para dar con ellos. También estuve, muy en el pasado, en un periódico que alentaba la investigación. Me permitió hacer cosas que implicaban mucho trabajo de filigrana en un penal donde llegaban todos los presos por delitos de narcotráfico. He tenido una carrera muy errática. No he podido hacer de la investigación una carrera como hubiera querido. De este tipo y de este nivel, esta es mi primera investigación después de quince años de la anterior sobre temas relacionados con el narcotráfico.
¿Cómo se descubre una historia en un documento? ¿Cómo es una pista en un papel? ¿Sabe lo que está buscando o a veces se encuentras cosas?
A veces me encuentro cosas.
Alejandra Xanic para Jot Down 3
¿Cómo sabe que aquí hay algo que no cuadra, un dato, un nombre?
A veces gritan. Hay historias que te gritan en cuanto abres la carpeta. Ahorita he estado colaborando con un reportero que publica un libro sobre las investigaciones de la muerte de John F. KennedyLee Oswald pasó seis días en México antes de asesinar al presidente. Nos ocupamos de investigar qué había ocurrido en México y por qué la CIA no lo investigó bien. Busqué en archivos viejos de la policía secreta de ese tiempo. Es un archivo muy desordenado. Hazte cuenta de que se había caído un edificio y pusieron todo el papel en cajas. Las cajas tenían restos de chile, mole y picadillo. En ellas vi un panfleto que invitaba a las mujeres a participar en una caravana del hambre en los años sesenta. Eran mujeres que venían de una región rica del norte de México hacia la capital en una caravana del hambre. Parece raro; ahí puede haber una historia. En otra carpeta había transcripciones de escuchas telefónicas realizadas a los directores de medios y a los escritores Carlos Fuentes y Octavio Paz.
Otra cosa que se me olvidaba sobre qué hacer mientras no haya una buena Ley de Transparencia. Un buen ejercicio es empezar a pedir fuera de tu país. En el asunto de las escuchas telefónicas, Enrique Peña Nieto tuvo una reacción muy tibia. Las filtraciones indicaban que había sido espiado antes de ser presidente de México. Los medios de comunicación se preguntaban por qué fue tan tibio. En Brasil y en otros países afectados, los presidentes respondieron con más energía. Los periodistas decidieron pedir información al Gobierno de EE. UU. y lo que lograron fue un memorándum con las instrucciones que debía seguir Janet Napolitano [Secretaria de Seguridad Nacional de los Estados Unidos] durante su visita a México. El memorándum le instruía sobre la mejor manera de quitar de la agenda el asunto de las escuchas. No habrían logrado nada pidiéndole información a la presidencia de México, pero sí lo lograron pidiéndole información a EE. UU.
¿EE. UU. pactó con Peña Nieto no hablar de las escuchas?
El documento revelaba que la estrategia de la embajada de EE. UU. era quitar el asunto de las escuchas de la agenda bilateral durante la visita de Napolitano y lo logró. El resultado fue que Peña Nieto no habló en un tono ofendido. Había una estrategia, un guion. España es una potencia que tiene negocios en todo el mundo. Son parte de la Unión Europea. Igual hay muchísima información relativa a España que está en Bruselas, o en Francia e Italia, en lugares donde hay libre acceso.
El periodismo clásico de investigación se basa en entrar en oficinas solitarias y trabajar horas en silencio. Siempre han existido los filtradores, pero no los filtradores tan masivos como Edward Snowden o Bradley (Chelsea) Manning y WikiLeaks. ¿Cómo ve este asunto? ¿Son una competencia?
Me parece interesantísimo. Me parece encantador que haya desobedientes. Todos queremos toparnos con esos desobedientes alguna vez en la vida, que nos abran el camino para ver instituciones, organizaciones o empresas por dentro. Uno de esos desobedientes nos abrió el camino a Walmart. No sabemos quién fue, pero fue uno de esos desobedientes. Lo que hacen es oxigenar el periodismo. Vuelve más claro nuestro trabajo. El reportero hace lo que no hace el que filtra: constatar, validar. Es un gran desafío. Parece una competencia, pero al final lo que haces es confirmarle al público que hay una importancia en el plus del trabajo del reportero que no va a hacer WikiLeaks.
La excusa primera de EE. UU. para justificar el espionaje masivo de la NSA fue que se espiaba para prevenir atentados terroristas. ¿Qué atentados se evitan espiando el teléfono móvil de Angela Merkel?
Va más allá de lo que entiendo. Me cuesta entender qué información útil lograron.
¿Información sobre empresas alemanas que ayuda a empresas de EE.UU.?
En Brasil estaba más claro: la intervención en la parte comercial.
Vivimos un mundo apasionante. Gracias a las nuevas tecnologías e internet es cada vez más difícil ocultar hechos.
Eso es, nos tocó un momento interesante.
Cuando se produce una filtración, todos los gobiernos ponen las mismas excusas: atenta contra la seguridad nacional, pone en peligro vidas. Pero en realidad lo único que pone en peligro es la reputación de los que han violado las leyes. ¿Cómo debe reaccionar un periodista ante estos argumentos?
Es bien difícil. Da la sensación de que muchos periodistas de EE. UU. hicieron suya esa idea de la seguridad nacional. Se tragaron el argumento. En México estamos ante la posibilidad de que la Ley de Transparencia cambie y admita, por ejemplo, que la consejería jurídica de la presidencia, es decir el presidente, pueda negar información por asuntos de seguridad nacional. El presidente podría tener la última palabra. Hay muchas cosas menores que podrían calificarse de seguridad nacional.
Se utiliza para proteger a políticos que no están haciendo su trabajo, porque ¿qué es la seguridad nacional?
Claro. Son muy difíciles de dirimir. Me tocó una vez escuchar a un tipo que había sido director de penales, que negaba sistemáticamente información acerca de los penales y los presos. Decía que muchas de las solicitudes que le llegaban tenían que ver con los mapas de las prisiones y los contratos de empresas que surten a las prisiones, y que eso para ellos era un tema de seguridad nacional.
Un dirigente que ha robado puede esgrimir la seguridad nacional cuando se trata solo de su seguridad, de su impunidad.
Es muy peligroso. Lo importante es que siempre haya una institución intermedia y autónoma que sea la que dirima. El problema es cuando el mismo Ejecutivo tiene todo el poder de la decisión.
Alejandra Xanic para Jot Down 4
Durante la investigación de Walmart, no podía hablar con nadie sobre ello ni invitar a nadie a su casa. Supongo que tendría amigos que iban regularmente a cenar y de repente en un periodo largo de tiempo no pueden. ¿Nadie sospechó que tenía un secreto?
Sí, creían que tenía un secreto, pero sabían que no iba a hablar de él.
¿No se lo intentaban sonsacar? «Venga, Alejandra, cuéntanos…»
Había burla, claro, pero fueron muy respetuosos. También aprendí mañas para los que no eran tan amigos. Aprendí cómo desactivar la curiosidad de otros. El mejor método es hacerte el aburrido.
¿Cómo se hace uno el aburrido?
Pues cuando te preguntan «¿en qué estás?» poner la cara de freelance fracasado de siempre: «no, pues ya ves, haciendo historias aquí y allá, donde se dejen, con quien pague…», y eso suena a nada; eso desactiva la curiosidad. Diecinueve meses estuve haciéndome la aburrida. Y me funcionó.
¿Va a continuar su relación con The New York Times?
Sigo con intervenciones concretas que necesitan en el mundo castellano. Espero que a la larga haya más colaboración. Estoy haciendo cosas con ellos, pero en el área de investigación me interesaría mantener relación.
¿Cómo fue para una freelance mexicana poder trabajar para un periódico que se considera el mejor del mundo, al menos el más influyente?
Me temblaron las rodillas cuando trabajé ahí. Fue una sensación singular. Siempre he estado en periodiquitos y en empresas pobres. Estuve en una rica por primera vez en mi vida hace cinco años. Había estado en proyectos, no en empresas, no en cosas que hicieran dinero. Y de repente entrar en una torre gigantesca, con cientos de periodistas. Siempre había estado en redacciones donde entre todos éramos doscientos, redacciones de cuarenta, ochenta a lo más.
Fue muy impresionante la sensación de lo institucional, de algo que está aquí, ha estado aquí y que quiere seguir estando. Fue una experiencia muy linda. También lo fue ver tantas cabezas blancas, porque en México no ves cabezas blancas como reporteros. En cuanto la gente tiene un hijo tiene que pasar a ser editor; y si tiene otro hijo, tiene que irse de agente de relaciones públicas de una empresa porque los topes salariales son muy claros. No ves muchos reporteros viejos en México. Me encantó ver en Nueva York a gente con sesenta y cinco, sesenta y ocho, setenta años que andaban reporteando en la calle sin aspiración a un cargo directivo.
¿Qué puede protegernos de la desaparición como profesión? ¿El trabajo bien hecho, por ejemplo?
En mi país reflejamos poco la vida. Con que tomemos el compromiso de ser más reflectores, más altoparlantes, vamos a tener más lectores. Estamos alejados de lo que a la gente le interesa. Estamos tan atentos a los dimes y diretes de una elite. Si aprendemos a hablar a la gente de las cosas que les interesan habría más lectores. Creo que en España tienen otro periodismo, en México es muy pobre.
Aquí pasa un poco como en México: el periodismo está invadido por políticos y por las declaraciones. Es barato: cortas y pegas y ya tienes una nota.
Los medios en México están abriendo cada vez más espacio a los opinadores. Hay un grupo cada vez más amplio de gente que escribe en todos lados, que opina en todos lados. Es la nueva clase social del periodismo que limita el trabajo de los reporteros. El dinero que antes iba a las redacciones se va a los opinadores. Tienes reporteros cada vez más pobres y a esta nueva clase social. Al menos en México, esta es la gran amenaza.
Supongo que cuando uno investiga también tiene la tentación del periodismo literario, de la ficción: el cuarto era oscuro, las cajas tenían polvo de años… En el periodismo los límites son muy claros y más en el periodismo de EE. UU.
¿Sabes qué? No soy tan cronista. No sé si porque fui muy lectora del periodismo anglosajón, pero soy más sobria. También porque sufro al escribir.
¿Es lenta?
Soy lenta. Y sufro, sufro mucho. Soy muy criticona de mí misma. Me limito mucho para narrar. Aprendí algo de mi experiencia con David. Aún tengo que aprender cómo hizo para escribir, porque al final los dos textos publicados son la cosa más sobria que he visto en la vida. Tienen dos escenas. Nada más después de un año y medio de ver, sentir, reconstruir eventos. Dos escenas. Eso hace que un reportero sea sólido, que el reportero no esté ahí casi de alguna manera. Aprendí de cómo lo construyó. Yo habría narrado más, seguro. Él renunció a la narración.
Cada historia tiene su estructura. Algunas piden narración; otras no.
Sí, así es.
México fue muy amable con los exiliados españoles. ¿Cómo ven desde allá el tratamiento que se da aquí a los desaparecidos de la Guerra Civil y de los primeros años del franquismo? Son ciento tres mil desaparecidos forzosos. España es el segundo país con más desaparecidos del mundo después de Camboya. Aquí apenas existe ese tema.
No me digas, no sabía…
Existe una ONG que pelea por la memoria histórica. Es un tema no resuelto.
¿Es un tema inexistente en la prensa, dices?
Ahora está algo más presente, pero han sido años de silencio. Incluso el PSOE participó en este silenciamiento. Todavía hay miedo en algunos pueblos. La gente no habla aunque sabe que en esa cuneta hay gente enterrada.
No me digas…
Nos resulta más fácil ver los desaparecidos de Guatemala, Argentina, Chile que los de España. Se están sacando cuerpos con dinero obtenido en las redes sociales mediante el crowdfunding.
Pues es un gran tema. Creo que es de las cosas que marcan comunidades para siempre, esas barbaries que no se van. Ahí tenéis un historión.

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