martes, 9 de junio de 2026


 "Le pido al cine lo que la mayoría de los norteamericanos le piden a las drogas psicodélicas."

— Alejandro Jodorowsky


La frase es breve, pero contiene una declaración estética y espiritual muy profunda.

Jodorowsky no habla del cine como entretenimiento, sino como una herramienta de transformación de la conciencia. Cuando menciona las drogas psicodélicas, se refiere a la búsqueda de experiencias que alteren la percepción habitual del mundo: revelaciones, visiones, expansión de la sensibilidad, ruptura de los límites del yo.

Lo que para muchos podría lograrse mediante sustancias, él espera encontrarlo en el arte cinematográfico.

En su visión, el cine debe:

Sacudir la percepción cotidiana.

Abrir puertas al inconsciente.

Provocar asombro y revelación.

Confrontar al espectador con sus miedos, deseos y símbolos interiores.

Hacer sentir que la realidad es más amplia de lo que parece.

Por eso sus películas, como El Topo o The Holy Mountain, no siguen una lógica convencional. Funcionan como sueños, rituales o viajes iniciáticos. No buscan simplemente contar una historia; buscan alterar el estado mental del espectador.

También hay una crítica implícita a la cultura moderna. Jodorowsky sugiere que muchas personas buscan en las drogas una trascendencia que quizá podría encontrarse en el arte, la imaginación o la experiencia espiritual. El cine, para él, puede ser una forma de alquimia: una transformación interior sin necesidad de sustancias.

La frase podría resumirse así:

El verdadero arte no debería distraernos de la realidad, sino expandirla. El cine, cuando alcanza su máxima potencia, puede convertirse en una experiencia de revelación tan intensa como un viaje psicodélico. 


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